
Muchas personas interpretan las conductas de sus perros a partir de emociones humanas. Si el animal rompe un objeto cuando se queda solo, por ejemplo, es común pensar que lo hizo “a propósito” o incluso que buscó vengarse de su dueño. Sin embargo, Juan Manuel Liquindoli , director de Filosofía Animal , una escuela de educación canina, explicó que esa interpretación implica atribuirle al perro capacidades que no necesariamente tiene.
“Decir que un perro se venga, un perro no se venga” , sostuvo el especialista. Según explicó, cuando un animal rompe cosas después de que su tutor se va de la casa, lo más probable es que esté atravesando frustración o estrés .
Para Liquindoli, humanizar a un animal no significa simplemente tratarlo con cariño o permitirle compartir determinados espacios con las personas. De hecho, puso como ejemplo una situación muy habitual: dormir con el perro en la cama .
“Dormir en la cama con un perro, ¿es humanizar? No”, explicó. Según detalló, los perros son animales de grupo y suelen disfrutar de dormir cerca de otros integrantes de ese grupo. También mencionó otros casos que pueden ser interpretados como una forma de “humanización”, pero que no necesariamente lo son.
Un perro puede viajar en un cochecito si tiene problemas traumatológicos, si es cachorro y todavía no puede realizar una caminata extensa o si es un animal mayor. En esos casos, utilizar este tipo de elementos puede ser una adaptación a sus necesidades.
Uno de los ejemplos que más destacó Liquindoli fue el comportamiento de los perros cuando sus tutores se van de la casa. La escena puede ser conocida para muchas familias: el animal queda solo, rompe objetos, tira cosas o genera destrozos y, al regresar, el dueño interpreta que el perro lo hizo como una especie de represalia.
“Me fui, cuando me voy de casa y me rompe todo, se venga. No, no se venga”, explicó. Para el especialista, el perro puede experimentar frustración o estrés , y esas emociones pueden desencadenar determinadas conductas.
La diferencia es importante porque, según explicó, el animal no está pensando en castigar a su dueño ni en lograr que la próxima vez no se vaya.
Liquindoli explicó que interpretar el comportamiento desde una lógica humana puede llevar a conclusiones equivocadas.
“El perro no se puede vengar, sí se puede frustrar, sí se puede estresar y pueden aparecer ciertas conductas como consecuencia de eso”, señaló. Por eso, ante un perro que rompe cosas cuando queda solo, la conducta debería analizarse teniendo en cuenta qué le está ocurriendo al animal y no desde la idea de que intentó hacer algo “malo” deliberadamente.
Comprender esa diferencia también permite abordar el problema desde otro lugar, en vez de castigar al perro por una conducta que puede estar relacionada con una dificultad para gestionar la ausencia de su tutor.
El especialista también puso otro ejemplo frecuente: la supuesta “culpa” que tendría un perro cuando hace algo que no debía.
Según Liquindoli, decir que un perro siente culpa también implica atribuirle un estado emocional humano que no necesariamente corresponde a su experiencia.
Para él, el concepto de humanización consiste precisamente en eso: atribuirle al animal conductas o capacidades propias de los seres humanos . “No tienen sentimiento de culpa”, afirmó.
La explicación de Liquindoli no significa que los perros no tengan emociones. Por el contrario, señaló que pueden experimentar frustración y estrés, entre otros estados.
La clave está en no interpretar esas emociones como si funcionaran exactamente igual que las humanas . “Creo que el tema de humanizar o no humanizar al perro es bastante más complejo”, concluyó.
Así, permitir que un perro duerma cerca de su familia o utilizar un cochecito cuando lo necesita no necesariamente significa humanizarlo. El problema aparece cuando se interpreta su comportamiento a partir de intenciones humanas que no corresponden a su forma de procesar una situación.
Fuente:
TN
GENERAL JUAN MADARIAGA El Tiempo
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