
Federico García Lorca suele asociarse con una poesía intensa, atravesada por el deseo, el destino, el amor imposible y la muerte. Pero también dentro de su obra aparecen momentos de una luminosidad . Una de ellas pertenece a El maleficio de la mariposa , su primera obra teatral: “ Desechad tristezas y melancolías. La vida es amable, tiene pocos días y tan solo ahora la hemos de gozar ”.
Lorca, con su cita no niega la tristeza ni pretende que la melancolía desaparezca por voluntad. Lo que hace es advertir que, si esas emociones ocupan todo el espacio, terminan impidiendo disfrutar el breve tiempo del que disponemos.
La vida tiene pocos días, dice el poeta, y esa conciencia de fugacidad no debería llevarnos solo al miedo, sino también a una forma más intensa de presencia.
Cuando escribió El maleficio de la mariposa , Lorca tenía un poco más de 20 años . El estreno de la obra, en el Teatro Eslava de Madrid, no tuvo el éxito esperado, pero con el tiempo ese texto pasó a ser leído como el punto de partida de una de las trayectorias literarias más importantes del siglo XX. Allí ya aparecen temas que acompañarían al autor durante toda su vida: la fragilidad, el deseo, la belleza, la ilusión y el choque entre lo que se sueña y lo que la realidad permite.
La frase funciona como una invitación a no quedar atrapados en la pena. Hay algo profundamente humano en esa recomendación. Todos arrastramos preocupaciones, duelos, recuerdos o temores por lo que vendrá. Pero Lorca recuerda que el presente es el único territorio donde realmente podemos vivir.
La reflexión de Lorca dialoga con una tradición muy antigua, la del carpe diem , esa idea latina que invita a aprovechar el día y no postergar indefinidamente la felicidad . Sin embargo, en su voz suena como una defensa de la alegría frente al peso de la melancolía.
Esa enseñanza también encuentra eco en miradas psicológicas actuales. Hoy se sabe que la atención plena en el presente puede ayudar a reducir el impacto de pensamientos repetitivos vinculados con el pasado o el futuro.
La práctica del mindfulness , por ejemplo, trabaja justamente esa capacidad de volver al ahora, de observar lo que ocurre sin quedar completamente atrapados por la ansiedad o la nostalgia. Lorca, desde la poesía, decía algo parecido con una belleza mucho más sencilla: la vida está aquí y se escapa rápido.
La frase también tiene otra dimensión importante. Al decir que la vida es amable, Lorca no afirma que sea fácil. Hay una diferencia enorme entre ambas cosas. La vida puede ser dura, injusta, confusa y dolorosa, pero aun así conservar momentos de ternura, belleza y gratitud. Una conversación, una música, una tarde luminosa, una compañía querida o una emoción inesperada pueden recordarnos que todavía hay algo digno de ser vivido.
Esta reflexión inspira ofrece una orientación. Empuja a mirar menos lo que falta y más lo que todavía está disponible. A dejar de aplazar la alegría para cuando todo esté resuelto. A comprender que el presente es la única forma concreta que la vida tiene.
Fuente:
TN
GENERAL JUAN MADARIAGA El Tiempo
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