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Experta en psicología del poder revela las razones por las que muchas personas siguen a jefes autoritarios: no es el miedo

La experta en psicología del poder y profesora de la materia comportamiento organizacional de la Universidad de Stanford, Deborah Gruenfeld, desarrolló un estudio que investiga la relación de los trabajadores con los jefes autoritarios .

La sorpresa de esta investigación es la explicación que se da por la que muchas personas siguen a este tipo de líderes. Las razones reveladas no son las que pueden considerarse normales o tradicionales, sino que van por el lado del comportamiento grupal.

No es el miedo lo que impulsa a los trabajadores a seguir a jefes autoritarios, sino que se debe en gran parte a la opinión que muchos tienen por esa persona, que en muchas ocasiones es una percepción errónea.

La presencia de un jefe autoritario es un patrón repetido en las oficinas empresariales, tanto como el respeto que parecen tener los empleados hacia ellos. En muchas ocasiones esto se interpreta desde afuera por el miedo a perder el trabajo, pero un estudio psicológico difiere con este análisis.

En ciertos casos, este tipo de jefes utilizan la autoridad con sus empleados para tapar los errores que tienen en el desempeño de sus tareas, lo que puede hacer que pierdan el respeto de aquellos que están por debajo en la cadena de mando. Para que esto no ocurra, se transforman en las personas más agresivas y controladoras de la empresa.

Según el estudio realizado por la Universidad de Stanford, hay una razón por encima del miedo para respetar a un jefe autoritario y tiene que ver con la percepción del grupo de trabajo hacia esa figura, que a veces es errónea.

Esto quiere decir que, si uno de los trabajadores no tiene una visión positiva del jefe autoritario, puede cambiar de opinión o guardarse las críticas al percibir que el resto de sus compañeros sí tienen respeto por esa figura. Es decir, sigue a la manada. El problema es que, en muchos de los casos, esa percepción de un individuo sobre lo que piensa el resto es equivocada.

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Así, esa falta de comunicación entre compañeros o la ausencia de valor de alguno para decir lo que verdaderamente piensa sobre su jefe, termina en un grupo sometido al autoritarismo de una persona que en la realidad objetiva no tiene el respeto de ninguno de ellos, aunque el resto perciba que sí lo tiene.

Para desarrollar la hipótesis del trabajo de investigación sobre la falsa percepción de respeto hacia los jefes autoritarios, Deborah Gruenfeld dividió su campo de estudio en cuatro etapas diferentes.

La primer prueba fue a 100 estudiantes de la Universidad de Stanford, que respondieron a una encuesta tras pedirles que piensen en una persona con las características controladoras de un jefe autoritario.

Las preguntas se volcaron en dos vertientes: por un lado, el rango de respeto personal hacia ese tipo de personas; y por el otro, la percepción sobre el pensamiento de los demás. Tal como describe la hipótesis , los resultados mostraron que la mayoría consideraba un mayor respeto de los actores externos.

Luego, siguió una encuesta similar a 150 miembros de una liga de trivialidades, que tuvieron que evaluar a tres personas conocidas con un rango de autoridad . También, se hizo un cuestionario en Internet para otras 160 personas que respondieron sobre el miedo y respeto en el ámbito laboral.

Por último, las investigadoras crearon un perfil falso llamado “John” y una autoevaluación con altos signos de dominancia . Las calificaciones individuales sobre este perfil eran malas, pero tras enterarse de la opinión falsa de un grupo sobre él, el respeto era diferente y más alto, obteniendo resultados similares al resto del estudio.


Fuente: TN


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