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Un nene de 8 años apuñaló a su madre y ella pidió un último abrazo antes de morir


 

La vida de la comerciante Caline Arruda dos Santos, de 37 años, estuvo marcada por una sucesión de pérdidas devastadoras que terminaron en una tragedia que conmocionó a la zona sur de São Paulo: la mujer murió tras ser atacada con un cuchillo por su propio hijo de 9 años, el pasado 25 de septiembre, en Parelheiros, extremo sur de la capital paulista.

El crimen ocurrió aproximadamente dos años después de que Caline atravesara una de las situaciones más dolorosas de su vida: la pérdida de otros dos hijos en el mismo día. El ataque final ocurrió dentro de un contexto familiar complejo y fue presenciado por su hijo mayor, Paulo, de 19 años.

Según los relatos de familiares, Caline recibió una única puñalada. El golpe fue realizado de manera rápida y el cuchillo, que el niño llevaba escondido debajo de la ropa, alcanzó la región debajo del pecho, perforando órganos vitales como el hígado y un riñón.

Después de ser herida, la mujer habría pedido un último abrazo antes de morir. Según testimonios, le pidió a su hijo mayor Paulo, a Juraci —primo de María, ex cuñada de Caline— y también al niño que la atacó que la abrazaran.

“Paulo, dame un abrazo, Juraci, [niño de 9 años]. Dame un abrazo porque no voy a resistir”, habría dicho la víctima, según los testigos.

María relató que Paulo y Juraci abrazaron a Caline, pero que el niño de 9 años no respondió al pedido. El menor pasó la noche en la vivienda junto a la mujer después de haber atacado a su madre.

Por tener menos de 12 años, el niño no fue detenido ni llevado a una comisaría, ya que la legislación brasileña establece que los menores de esa edad no pueden ser procesados penalmente ni recibir medidas socioeducativas. El caso quedó bajo seguimiento de los organismos de protección infantil.

La discusión antes del ataque

Según María, el niño estaba molesto porque su madre le había pedido que saliera bajo la lluvia y también porque le solicitaba llevar dinero a otras personas para que realizaran transferencias vía Pix a la cuenta de ella.

El menor habría intentado justificar su reacción diciendo que se trataba de una rabia común de un niño cuando la madre le pide hacer algo que no quiere.

El día del crimen, Caline había ido a buscar a su hijo menor a la casa de su ex marido, quien es primo de María. Él le habría sugerido que el niño se quedara a dormir allí junto a su hermano, pero la comerciante insistió en llevarlo para que se bañara y cenara.

Cuando Caline llamó al niño, él se negó a ir, corrió hacia la cocina y luego volvió para hablar con ella. La tensión aumentó cuando la madre le advirtió que contaría a su tío que estaba rebelde y que se negaba a obedecer.

En ese momento, cuando Caline intentó sujetarlo del brazo para llevarlo, el niño tomó un cuchillo y la apuñaló.

El hijo mayor, Paulo, que estaba viendo un partido de fútbol por televisión junto a su padre, corrió al escuchar el grito de su madre y logró quitarle el cuchillo al hermano.

Según María, inicialmente el niño no habría comprendido la gravedad de lo ocurrido. Pensaba que la herida era apenas un “agujerito” y que su madre estaba solamente en el hospital y volvería a casa.

Sin embargo, ante la policía, en el lugar del crimen, habría dicho: “Herí a mi mamá y ella fue al hospital”.

Una historia marcada por pérdidas

La muerte de Caline se suma a una serie de tragedias familiares que había atravesado en los últimos años.

Cerca de dos años antes, la comerciante había perdido a otros dos hijos el mismo día. El primero fue Júlio César, de aproximadamente 13 años, quien murió por una bronconeumonía.

María afirmó que el adolescente llevaba varios días con dolores, pero que Caline no habría hablado con el padre del niño ni lo habría llevado al médico, algo que la familiar describió como una posible falta de asistencia.

La segunda pérdida ocurrió el mismo día en que Caline fue a reconocer el cuerpo de Júlio César. Según el relato, dejó a su hijo menor, que tenía 2 años, dentro de un automóvil junto a otras personas. El niño se habría atragantado con una galleta y fue trasladado de urgencia a un centro de salud, donde llegó sin vida.

La compleja dinámica familiar también quedó reflejada en los distintos vínculos familiares. Caline tuvo hijos con diferentes padres. Paulo, el hijo mayor que presenció el ataque, era fruto de su relación con el primo de María. El niño de 9 años, Samuel, también tenía otro padre, cuya familia asumió su custodia después del crimen.

La primera noche después del ataque

Después de la muerte de su madre, el niño pasó la noche bajo el cuidado de María, ya que en ese momento no había otra persona disponible para hacerse cargo de él.

La mujer describió que Samuel se mostró tranquilo y que durmió normalmente. Solo se despertó cerca de la medianoche, cuando se quejó de dolor de muela.

Después de recibir unas gotas de dipirona del marido de María, volvió a dormir y se levantó alrededor de las 7 de la mañana.

Durante el día siguiente, antes de ser entregado a familiares por parte de su padre, el niño habría tenido un comportamiento considerado normal para su edad: miró dibujos animados en televisión, pidió usar el celular y tomó té de manzanilla porque, según María, no le gusta el café.

El caso continúa siendo investigado por las autoridades y generó gran repercusión en São Paulo por la gravedad del hecho y la compleja historia familiar que rodea la muerte de Caline Arruda dos Santos.


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