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Un estudio determinó por qué los chicos nacidos entre 1955 y 1975 desarrollaron una mayor tolerancia a la frustración

Un estudio psicológico señaló que quienes crecieron entre las décadas de 1950 y 1970 desarrollaron una mayor capacidad para afrontar las dificultades sin rendirse con facilidad . Según los especialistas, estas habilidades no fueron innatas, sino que se construyeron en un contexto en el que la gratificación inmediata era poco frecuente y alcanzar determinados objetivos requería tiempo, esfuerzo y constancia.

A diferencia de las generaciones actuales, acostumbradas al acceso inmediato a la información, el entretenimiento y distintos servicios gracias a la tecnología, las personas de esa época vivieron una infancia en la que la espera formaba parte de la vida cotidiana .

Desde ahorrar durante meses para comprar un juguete hasta esperar una carta o el horario de un programa de televisión, muchas experiencias exigían paciencia y perseverancia. Esa realidad habría contribuido al desarrollo de una mayor tolerancia a la frustración .

La gratificación inmediata es la tendencia a buscar recompensas rápidas y evitar la espera o el esfuerzo prolongado. La psicología sostiene que aprender a postergar una recompensa fortalece el autocontrol, la perseverancia y la regulación emocional.

Durante las décadas del 50, 60 y 70 , esperar era parte de la rutina. Revelar un rollo de fotos, ver un programa de televisión en un horario determinado o ahorrar durante semanas para comprar algo eran situaciones habituales.

Estas experiencias repetidas ayudaban a los chicos a comprender que no todo se consigue de inmediato y a manejar mejor la frustración .

Los especialistas también destacan que el entorno tuvo un papel fundamental . En comparación con la actualidad, había menos estímulos digitales , menos opciones de entretenimiento inmediato y una mayor autonomía para resolver situaciones cotidianas.

Muchos chicos pasaban horas jugando al aire libre, inventaban juegos con los recursos que tenían disponibles y aprendían a negociar con otros niños. Además, era habitual que asumieran responsabilidades en el hogar desde pequeños , lo que los llevaba a enfrentar errores, esperar resultados y esforzarse como parte natural del aprendizaje.

La tolerancia a la frustración no consiste en reprimir las emociones ni evitar el malestar, sino en aceptar que las cosas no siempre salen como uno espera, afrontar los obstáculos y continuar avanzando hacia los objetivos.

Los psicólogos coinciden en que esta capacidad no depende únicamente de la personalidad, sino también de las experiencias vividas durante la infancia y la adolescencia. Sin embargo, señalan que puede fortalecerse en cualquier etapa de la vida.

Algunas estrategias recomendadas para desarrollarla son las siguientes:


Fuente: TN


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GENERAL JUAN MADARIAGA El Tiempo