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Ørjan Nyland: el “muro vikingo” que dejó a Brasil sin Mundial y remó el pase a cuartos de final

Puede que en el torneo de estrellas que protagonizan el Mundial 2026, el nombre de Ørjan Nyland no sea el primero en aparecer en las marquesinas. Pero en el Estadio de Nueva York/Nueva Jersey, este arquero noruego de 35 años grabó su nombre en la historia. Con una actuación monumental que incluyó un penal atajado a Bruno Guimarães, fue el responsable principal de la victoria por 2-1 sobre Brasil, un triunfo que catapulta a Noruega a los cuartos de final por primera vez en su historia y mantiene el invicto histórico de los nórdicos ante la siempre temida Verdeamarela.

El partido consagratorio y un récord de 40 años

El encuentro fue una batalla táctica. Tras un primer tiempo parejo y la anulación de un gol noruego, el partido parecía inclinarse hacia el equipo de Carlo Ancelotti cuando, tras la intervención del VAR, el árbitro Ismail Elfath sancionó penal por una infracción sobre Matheus Cunha. El momento era crítico . Vinicius Jr. tomó la pelota, pero en un giro inesperado, cedió la responsabilidad a Bruno Guimarães. El mediocampista del Newcastle disparó a media altura, una ejecución floja que se topó con la mano firme de Nyland, quien desvió el balón hacia el costado. El festejo noruego fue unánime: sus compañeros se abalanzaron sobre él y lo gritaron como si fuese un gol.

Con esta atajada, Nyland se convirtió en el primer arquero en 40 años —desde que un tal Zico fallara ante Francia en 1986— en detener un penal contra Brasil en una Copa del Mundo. Pero su exhibición de reflejos no terminó ahí: sobre el final del primer tiempo desvió un zurdazo de Vinicius, a los 58 minutos achicó los espacios con una lectura impecable para ahogar el grito de Endrick en un mano a mano, y poco después le atajó un remate venenoso a Ryan desde fuera del área. La atajada más espectacular, sin embargo, llegó cerca del final y a manos de uno de los suyos: tras un rebote traicionero que amenazaba con colarse en el ángulo para marcar el empate, Nyland salvó su valla con una volada formidable.

Mientras el mundo entero se rinde ante el implacable doblete de Erling Haaland, los verdaderos conocedores del fútbol saben que el pasaje a cuartos se firmó con los guantes del muro noruego , que sólo pudo vencer Neymar sobre el final y de penal.

Nacido en la pintoresca localidad de Volda (Noruega) hace 35 años, Nyland nunca fue un arquero convencional. Desde temprana edad, su biografía estuvo lejos de limitarse en el fútbol, ya que también competía formalmente en esquí alpino y handball. “Hubo un tira y afloja y una feroz competencia por Ørjan, especialmente entre los equipos de fútbol y balonmano. Todos lo querían y todos debían tenerlo”, recordaba su padre, Jostein. Esa versatilidad, esa capacidad de reacción explosiva propia de quien sabe lo que es custodiar un arco de dimensiones reducidas usando las manos, fue la misma que hoy se interpuso como una barrera infranqueable ante los delanteros sudamericanos de clase mundial.

A pesar de decantarse por el fútbol, sus inicios requirieron paciencia. Tras no sumar minutos en su primer año, su carrera profesional despegó en el modesto equipo noruego de Hødd. Allí demostró por primera vez que estaba tocado por la varita mágica para los momentos de máxima tensión: en la final de la Copa de Noruega de 2012, Nyland fue la gran figura, detuvo un penal clave en la tanda definitoria ante el Tromsø y le dio el primer título de copa en la historia de su club, una hazaña que le valió ser nombrado el mejor jugador de la final.

De la irregularidad europea a los milagros

El éxito lo llevó al Molde, donde se consolidó alzando la liga y la copa noruega, y siendo galardonado como el mejor arquero del país en 2014 y 2015. A partir de allí, se convirtió en un auténtico trotamundos. Su currículum es un mapa que incluye su paso por el FC Ingolstadt alemán, y un largo y sinuoso recorrido en Inglaterra defendiendo las camisetas del Aston Villa, Norwich City, Bournemouth y Reading. El veterano, que con sus imponentes 1,92 metros de estatura se alza como una muralla, tuvo que convivir en muchas ocasiones con el ingrato rol de suplente o verse envuelto en polémicas insólitas, como cuando en 2020 el sistema Hawk-Eye de la Premier League falló a su favor tras cruzar la línea de gol con la pelota en las manos jugando para el Aston Villa.

Sin embargo, su resiliencia forjó una carrera marcada por intervenciones providenciales. En 2022 llegó como reemplazo de emergencia por lesiones al poderoso RB Leipzig y terminó consagrándose campeón de la Copa de Alemania. Como si evitar goles no fuera suficiente, en su último partido con el equipo alemán aportó una inédita asistencia en el minuto final de descuento para que el francés Christopher Nkunku asegurara el Botín de Oro de la temporada. Su última aventura lo llevó al arco del Sevilla en España, donde en abril de 2025 demostró su vigencia al ganar el premio a la Mejor Atajada del Mes de La Liga. No obstante, al no renovar su contrato, Nyland llegó a este Mundial en la inusual condición de agente libre, a la espera de concretar un anhelado traspaso al Coventry City.

Que un arquero de su talla esté sin club hace que su actuación mundialista sea digna de un guion de Hollywood. Su idilio con la selección nacional tiene raíces profundas. En el Europeo Sub-21 de 2013, fue la gran revelación al llevar a los nórdicos a la medalla de bronce, integrando el “Equipo del Torneo” de la UEFA y desplazando de ese lugar de privilegio nada menos que al español David de Gea. Desde su debut con la selección mayor en noviembre de 2013 ante Escocia, su compromiso ha sido inquebrantable.

Hoy, en pleno Mundial 2026, el “Muro Vikingo” atraviesa una segunda juventud. Antes de amargar a los brasileños, ya había hecho historia en este torneo al debutar en la goleada 4-1 frente a Irak, que lo convirtió en el jugador noruego de mayor edad en disputar una Copa del Mundo, con 35 años y 279 días.

En el historial futbolístico, Brasil nunca logró derrotar a Noruega. En las cinco veces que se enfrentaron, el registro marca un saldo desfavorable para los sudamericanos con dos derrotas y dos empates. Hoy, gracias a la frialdad nórdica de un gigante sin club que atajó el penal de su vida, ese registro negativo para Brasil se mantiene intacto. Libre, pero con la confianza por las nubes, Ørjan Nyland demostró que la experiencia tiene un valor incalculable y espera, agazapado, su próximo desafío en los cuartos de final.

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Fuente: La Nación


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