
La sabiduría no es potestad de una civilización, pero hay algunas culturas que supieron poner en grandes palabras pensamientos que ponen en contexto la preminencia del saber en la toma de decisiones. Es así que los árabes acuñaron un proverbio que difícilmente pierda vigencia: “La conjetura del sabio es más sólida que la certeza del ignorante”.
La sentencia de concluyente porque pone en evidencia la importancia de tener información , de sumar conocimiento y de valerse de herramientas antes de soltar una frase que puede resultar inconveniente o previo a tomar una decisión equivocada.
Si bien no se conoce el autor de la frase, ciertos registros históricos la enmarcan en la llamada “edad de oro del pensamiento islámico” , transcurrido entre los siglos VII y XIII, época en la que surgieron no sólo grandes reflexiones de pensadores, sino que también hubo muchos avances en la ciencia, la astronomía y las matemáticas.
Para entender la frase hay que desmenuzar algunas de sus palabras. La conjetura , o zann en árabe, no significaba que un pensador dijera una idea al azar, sino que había detrás una hipótesis basada en la observación minuciosa , el estudio de antecedentes y la prudencia de saber que el conocimiento humano siempre es limitado.
Pero también se la debe contextualizar hasta a modo de anticipo de todo lo que fue estudiado por las ciencias del pensamiento. Entre los conceptos clave se cruza la potencia del sesgo de la ignorancia , porque este proverbio anticipó un fenómeno largamente estudiado por la psicología en la actualidad: el Efecto Dunning-Kruger .
La antropóloga española Candela Antón explicó en un video reciente publicado en sus redes sociales qué hay detrás del efecto Dunning-Kruger, en el que abre el juego con una pregunta: “¿Por qué la gente que menos sabe es la que habla con más seguridad?”.
Según su análisis, “los incompetentes en un dominio carecen precisamente de la competencia necesaria para reconocer su propia incompetencia” , lo que determina que muchas veces personas con menor conocimiento no sólo incurren en errores recurrentes, sino que además su ignorancia no les permite identificar cómo y dónde se equivocaron.
Incluso, abundó: “Personas con conocimiento muy superficial en inmunología, climatología o economía exhiben mucha más confianza que expertos con décadas de investigación porque carecen del conocimiento suficiente para comprender la propia complejidad del problema”. Es en estos casos, entre otros, donde cobra potencia el proverbio “la conjetura del sabio es más sólida que la certeza del ignorante”.
Las recopilaciones históricas indican que el Islam tuvo una expansión de las más notables de la historia entre los siglos VII y VIII , la que coincidió con un momento de un enorme caudal intelectual relacionado con la expansión y las conquistas de los califatos. Ese avance sobre otras culturas nutrió a filósofos y pensadores.
Fue, de hecho, una etapa de brillantez que precedió al Renacimiento en Europa. Se trató de alrededor de cinco siglos que tuvo a los musulmanes en el centro de la civilización del llamado Viejo Mundo.
Muchas de las invenciones que surgieron en Europa desde el siglo XIV son analizadas por los expertos como una continuidad del trabajo que ya habían iniciado los musulmanes en una época medieval que es desprestigiada por la historia, cuando en verdad había lugares en el mundo donde había avances.
Se nutrieron de conocimiento con la traducción al árabe de un gran caudal de textos que recogieron de griegos y persas. Esta suma del saber, además de las grandes rutas comerciales que unían el mundo musulmán, fueron elementos clave para la difusión del conocimiento.
Fuente:
TN
GENERAL JUAN MADARIAGA El Tiempo
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