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Myriam Bregman: “Quienes no votaron a Milei se sienten defraudados por el peronismo”

Mientras algunos dirigentes del peronismo insisten en tender puentes con la izquierda, la diputada nacional Myriam Bregman desestimó cualquier posibilidad de confluir con el Partido Justicialista (PJ). Cree que una parte del electorado que rechazó a Javier Milei ya no se siente representada por el justicialismo.

En una entrevista con LA NACION , la referente del Frente de Izquierda y de los Trabajadores (FIT) calificó los llamados a la unidad del PJ como “discursos para la tribuna” y sostuvo que la experiencia del peronismo “está prácticamente agotada”.

“Quienes no votaron a Milei se sienten defraudados por la oposición tradicional”, afirmó, y cuestionó que el principal espacio opositor “no estuvo en la calle” para enfrentar el ajuste del Gobierno.

No es un dato menor su diferenciación del PJ. Según el informe de junio de AtlasIntel para Bloomberg, Bregman es la segunda dirigente con mejor imagen del país, detrás de Patricia Bullrich . Ese crecimiento despierta interés en un peronismo que busca evitar que una oferta de izquierda le reste votos en la oposición a Milei.

Bregman también defendió un programa de gobierno basado en confrontar con los factores de poder económico , planteó que un gobierno de izquierda debería intervenir para evitar el cierre de empresas como Fate (neumáticos) y derogar reformas como la de la Ley de Glaciares. En política internacional, además, tomó distancia del grupo Hamás al asegurar: “No tengo nada que ver con la política, los métodos ni la estrategia de Hamás”. A la vez, volvió a denunciar que Israel comete un “genocidio” contra el pueblo palestino en Gaza.

—¿Va a ser la próxima candidata presidencial de la izquierda?

—No es una decisión tomada, ni siquiera una decisión personal. Es algo que se irá definiendo entre las fuerzas del Frente de Izquierda (FIT). Pero es evidente que la sociedad me fue ubicando en ese lugar. Lo veo en la calle, en las redes sociales y en cada encuentro con quienes nos acompañan. Hay un reconocimiento a lo que hicimos durante estos más de dos años de gobierno de Javier Milei. Cada vez más personas nos dicen que fuimos quienes enfrentamos al Gobierno de la manera en que había que hacerlo: en el Congreso, en la calle y acompañando cada conflicto. Cuando alguien me dice “te necesitamos presidenta”, no lo interpreto solamente como un apoyo a una candidatura. Expresa algo más profundo: que una parte importante de quienes no votaron a Milei siente que fue defraudada por la oposición tradicional, especialmente por el peronismo. Ese sector hoy ve en la izquierda una referencia para enfrentar al Gobierno.

—Usted aparece sistemáticamente entre los dirigentes con mejor imagen del país. Sin embargo, la izquierda no logra romper su techo electoral en una elección presidencial. ¿Por qué cree que pasa?

—No comparto esa idea de que la izquierda tenga un techo fijo. Hemos crecido en los últimos años. En la Ciudad de Buenos Aires obtuvimos nuestros mejores resultados en mucho tiempo; en la provincia de Buenos Aires fuimos la única fuerza que rompió la polarización entre La Libertad Avanza (LLA) y el peronismo; en Jujuy llegamos al 25% en algunos lugares. Lo que ocurre es que las elecciones presidenciales están atravesadas por una lógica de polarización muy fuerte. Desde hace años, las dos grandes fuerzas construyen una estrategia basada en el “mal menor”: vota por mí para que no gane el otro.

—Yo diría que es un voto bastante inútil para resolver los problemas de la sociedad. Nuestro desafío es romper ese esquema. Pero para eso no alcanza con juntar votos. Hay que construir fuerza social organizada. Además, creo que estamos frente a un fenómeno internacional. En distintos países empiezan a crecer candidaturas de izquierda que ponen en el centro problemas concretos como la vivienda, el trabajo o el costo de vida.

—¿Cómo se transforma eso en una propuesta concreta de gobierno? ¿Qué haría un gobierno de izquierda?

—Lo primero es entender que se puede llegar al Gobierno sin tener el poder para transformar las cosas. El mejor ejemplo es el de Alberto Fernández. Logró una unidad política amplísima y, sin embargo, fracasó porque nunca enfrentó a los factores reales de poder. Cualquier propuesta de la izquierda parte de decir la verdad. No hacemos promesas vacías. Decimos desde ahora qué intereses hay que afectar y que esas transformaciones solo van a ser posibles si la sociedad se organiza para defenderlas. Hoy las jubilaciones, las tarifas o el precio de los combustibles están condicionados por los acuerdos con el Fondo Monetario Internacional. Ningún programa serio puede eludir esa discusión. También hay que discutir salarios, despidos y cierres de empresas. No todos pueden decir qué van a hacer, nosotros sí.

Son discursos para la tribuna. Hablan de unidad cuando ni siquiera pueden ponerse de acuerdo entre ellos. ”

Te pongo un ejemplo muy concreto: el caso de FATE. Después de haber ganado millones y millones, de haber hecho trabajar a sus empleados durante toda la pandemia porque la actividad fue declarada esencial, ahora el dueño decide cerrar la empresa y deja a cientos de familias en la calle. ¿Por qué el gobernador Axel Kicillof no puede declararla de utilidad pública y ponerla a producir? Desde la izquierda somos los únicos dispuestos a afectar esos intereses. Lo mismo con las reformas ambientales. Nosotros derogaríamos los cambios en la Ley de Glaciares, como también revisaríamos el RIGI y el Súper RIGI, porque creemos que forman parte de un mismo esquema de entrega de recursos estratégicos.

—Algunos dirigentes del peronismo, como José Mayans, plantearon públicamente la necesidad de tender puentes con la izquierda e incluso la mencionaron a usted. ¿La fueron a buscar?

—No, por supuesto que no. Son discursos para la tribuna. Hablan de unidad cuando ni siquiera pueden ponerse de acuerdo entre ellos. La respuesta es no, porque tenemos proyectos políticos muy diferentes.

—En el acto del 1° de Mayo usted calificó al peronismo como una fuerza “moderada” como algo negativo. ¿Qué quiso decir?

—Que el peronismo ya no representa una alternativa para transformar la realidad. Lo vimos cuando fue gobierno y lo seguimos viendo ahora en la oposición. Acaban de votar, junto con otros bloques, el fortalecimiento de un Poder Judicial que persigue opositores y garantiza la continuidad de este modelo. Nosotros no tenemos nada que ver con ese proyecto político.

Por eso nosotros planteamos la necesidad de poner en pie un nuevo movimiento histórico, que la experiencia con el peronismo está prácticamente agotada, más allá de que puedan ganar o no una elección, es evidente que no van a transformar la realidad y que no van a sacar al país de este lugar en el que estamos, más bien lo convalidaron cuando estuvieron en el gobierno, por ejemplo convalidando el acuerdo con el Fondo Monetario.

—¿Cree que el PJ sigue condicionado por la figura de Cristina Kirchner?

—Cristina Kirchner es parte del PJ. Es su presidenta y una de sus principales dirigentes. Si otros se sienten condicionados por ella, tendrán que responderlo ellos. Lo que sí veo es que nadie logra explicar por qué se pelean.

A Cristina Kirchner se le imponen restricciones extraordinarias, como el uso de una tobillera electrónica. ”

Sus disputas parecen ser de poder, no de programas para sacar a la Argentina de la crisis. Quienes votaron al peronismo hace dos años no imaginaron que su representación terminaría reducida a esta fragmentación.

—¿Cristina Kirchner debería ser indultada?

—No sé si esa es la figura jurídica. Lo que sí tengo claro es que fue juzgada por un Poder Judicial completamente parcial. Soy abogada en causas de lesa humanidad y veo todos los días cómo se flexibilizan las condiciones de detención para represores condenados. En cambio, a Cristina Kirchner se le imponen restricciones extraordinarias, como el uso de una tobillera electrónica. Hubo corrupción durante su gobierno, eso no lo niega ni ella. Pero tampoco es aceptable que jueces con vínculos evidentes con Mauricio Macri sean quienes juzguen a su principal adversaria política. Toda degradación de las garantías democráticas termina volviéndose contra el conjunto de la sociedad.

—¿Hay hoy algún punto de encuentro posible entre la izquierda y el peronismo?

—Desde que asumió Milei insistimos en que había que coordinar la pelea en la calle. Fue imposible. El peronismo conduce la CGT, las dos CTA y la mayoría de los grandes sindicatos. Milei prácticamente no tiene representación en ese mundo. Entonces la pregunta es: ¿dónde estuvieron durante estos dos años y medio de ajuste, despidos, pérdida salarial y represión? Después aparecen los discursos sobre la unidad, pero durante todo este tiempo no estuvieron donde había que estar.

—En Ferro usted habló de construir un “partido de la nueva clase trabajadora” en unidad. En ese contexto, ¿cuánto condiciona la propia interna la construcción de una alternativa amplia y competitiva?

—No hay ninguna interna. Somos cuatro partidos distintos, que incluso provenimos de tradiciones diferentes, pero los cuatro somos partidos de izquierda, trotskistas, y siempre lo decimos de cara a la sociedad. Tenemos un mérito que otras fuerzas políticas no pueden mostrar: somos un frente estable desde 2011. Creo que hoy somos la coalición política más estable de la Argentina. Eso también les da confianza a quienes nos votan, porque saben que votan una cosa y eso es lo que va a pasar. No es que mañana nos vamos a estar peleando en el Congreso o cambiando de bloque, como ocurre en otras fuerzas.

— En ese acto también dijo “moderada nunca”. Javier Milei también construyó su liderazgo reivindicando posiciones intransigentes y rechazando la moderación. Más allá de las diferencias ideológicas, ¿encuentra algún punto de contacto entre la forma en que él y usted hacen política?

—No. Son formas completamente opuestas, porque las formas tienen que ver con las ideas que cada uno representa. Milei hizo un culto de la agresión, de la violencia contra la izquierda, de la reivindicación de los genocidas y de la misoginia. Yo discuto ideas políticas; no agredo personas.

Milei intenta rediseñar el sistema político para perpetuarse en el poder. ”

Cuando tengo que apoyar un conflicto de trabajadores, nunca dudo de qué lado ponerme. Milei es un veleta. Sabe que tiene que cumplir con el Fondo Monetario, que le debe su carrera política a [Scot] Bessent (secretario del Tesoro de Estados Unidos) y a [Donald] Trump, que lo salvaron cuando el gobierno estaba mal herido, y después va cambiando y va diciendo una cosa o lo contrario según lo que le convenga. Bueno, se le hacen muchos chistes alrededor de lo de China, pero porque es escandaloso.

—No. Más que pragmático, es oportunista. Vino a llevar adelante un programa de saqueo y de entrega.

—El Gobierno impulsa una reforma electoral que permitiría que distintas listas legislativas adhieran a un mismo candidato presidencial. ¿Qué lectura hace?

—Lo que está haciendo Milei es rediseñar el sistema político para perpetuarse en el poder. Veremos quién se anima a enfrentar eso, nosotros ya te digo que sí. Si todos los que se llenan la boca hablando de democracia, se llenan la boca hablando de república, se animan a enfrentar la reforma electoral de Milei que te la vende como derogar las PASO. La discusión sobre las PASO es secundaria. Lo central es que intenta adaptar las reglas electorales apara su beneficio y para que las campañas sean pagadas por quienes pagaron la campaña de [José Luis] Espert. Quieren legalizar eso.

¿Es verdad que el plan de reforma electoral del "gobierno anti casta" incluye LAS COLECTORAS y que algunos gobernadores ya están rapiñando montados a los containers de plata que traen por abajo estas leyes infames?

—Si el escenario electoral termina polarizado entre el oficialismo y el peronismo, ¿cómo hace la izquierda para no quedar atrapada en esa lógica?

—No sabemos cómo será ese escenario y no voy a hacer futurismo. Lo importante es cómo llegamos a esa elección. Nosotros estamos impulsando comités en todo el país para organizar a quienes simpatizan con la izquierda y construir una fuerza capaz de enfrentar a la ultraderecha. Nuestra imagen no se construyó con marketing ni con consultoras. Se construyó estando en la calle, acompañando los conflictos de los trabajadores, de las mujeres, de los estudiantes y de quienes defienden la educación pública. Las elecciones tienen que ser la consecuencia de esa construcción política, no el punto de partida.

—Durante muchos años la izquierda tuvo una presencia muy fuerte entre los jóvenes. Hoy una parte importante del electorado joven acompaña a Javier Milei, sobre todo los varones. ¿Qué pasó?

—Yo creo que estamos, al revés, en un momento de reversión de esa tendencia. Fue una tendencia mundial donde la ultraderecha logró instalar dirigentes que aparecían como disruptivos y captaban ese descontento, especialmente entre los jóvenes varones. Eso también pasó en la Argentina. Pero también empezaron a darse otros fenómenos. Las enormes movilizaciones en solidaridad con el pueblo palestino, que algunos comparaban con las protestas contra la guerra de Vietnam, mostraron otra vez a miles de jóvenes enfrentando a la policía en los campus universitarios.

Hubo quienes creyeron que fortaleciendo a Milei dividían el voto de la derecha y favorecían al peronismo. Esas especulaciones las terminó pagando el pueblo. ”

Y si uno mira la evolución del voto entre 2023 y 2025, Javier Milei perdió apoyo en los sectores populares. Hay una reconversión de ese voto hacia una derecha más tradicional. Muchos jóvenes pensaron que, quitándoles derechos a otros trabajadores o eliminando lo que Milei llamaba “privilegios”, ellos iban a vivir mejor. Venían de años de precarización, de trabajos muy malos, de no encontrar perspectivas. Creyeron que eso iba a cambiar y hoy siguen arriba de la misma bicicleta, cobrando peor y comprobando que quitarles derechos a otros no mejoró su situación. Por eso creo que estamos en un punto de inflexión. Hay un diálogo muy importante con esos sectores. Lo que sigue funcionando es un sistema político y mediático que presenta siempre dos opciones. Nunca aparece la izquierda como una alternativa real. Eso es lo que nosotros tratamos de romper con mucha militancia y mucho esfuerzo.

—Milei logró romper, de alguna manera, con esa lógica de las dos opciones.

—Milei es el dirigente que más horas de televisión tuvo durante años. Hay estudios sobre eso, no es una opinión mía. Tuvo una ayuda mediática enorme y también hubo sectores políticos que colaboraron para armarle listas y fiscalizarle la elección. Después uno mira quiénes integran LLA provincia por provincia y encuentra a gran parte de la vieja política. Entonces tampoco es cierto que apareció de la nada. A veces se construye la idea de que Milei y Karina Milei fueron dos genios que se pusieron una campera de cuero, cantaron en algunos recitales y llegaron al Gobierno. No fue así. Hubo mucho poder económico, mucho respaldo mediático y también mucha ayuda política. Y esas explicaciones todavía faltan. Porque hubo quienes creyeron que fortaleciendo a Milei dividían el voto de la derecha y favorecían al peronismo. Bueno, esas especulaciones las terminó pagando el pueblo.

—No personalizo en Massa porque no tengo cómo afirmarlo. Lo que digo es que muchos dirigentes, desde Juan Grabois hasta Sergio Berni, sostuvieron públicamente que hubo sectores del peronismo que ayudaron al crecimiento de Milei. Entonces alguien tiene que explicar qué pasó. Porque después todos apoyaron a Sergio Massa, todos apoyaron a Alberto Fernández, y las consecuencias de esas decisiones las termina pagando el pueblo trabajador.

—Después del ataque de Hamás del 7 de octubre, usted atribuyó esa violencia al contexto de ocupación y apartheid sobre el pueblo palestino. Tres años después, ¿sigue sosteniendo esa posición? ¿Considera que no fue un acto terrorista?

—No, lo que sostengo es exactamente lo que dije en ese momento. Dije que lamentaba profundamente las víctimas civiles y que ese hecho ocurría en un contexto de ocupación y de apartheid que no podía ignorarse. En ese momento, algunos historiadores israelíes, como Ilan Pappé, hablaban de un genocidio incremental. Amnistía Internacional utilizaba el concepto de apartheid. Eso fue lo que yo dije. Hoy ya nadie discute que existe un genocidio en Gaza. Lo que pasó fue que, en aquel momento, muchos prefirieron mirar para otro lado. Tuve la valentía de decir, en aquel momento, algo que hoy reconocen prácticamente todos los organismos internacionales. En el debate presidencial utilicé el término apartheid porque era el que empleaba Amnistía Internacional. Hoy Netanyahu tiene una orden de captura internacional y es un paria mundial. Lo que deberían explicar es quiénes fueron cómplices y permitieron que ese genocidio avanzara en silencio. Después, yo no tengo nada que ver con la política, con los métodos ni con la estrategia de Hamás. Lo que señalé fue el contexto en el que ocurrió el ataque y advertí sobre lo que iba a venir después. Después hubo una operación muy sucia para tergiversar mis palabras.

—Se difundió la mentira de que yo me había opuesto a hacer un minuto de silencio por las víctimas civiles durante el debate presidencial. Eso nunca ocurrió. La Cámara Nacional Electoral tardó una semana en responder nuestro pedido para aclararlo por escrito.


Fuente: La Nación


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