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Los unicornios zombis acechan a Silicon Valley

Criaturas fantásticas recorren Silicon Valley. Los habitantes de la región ya están acostumbrados al unicornio, la startup valuada en más de US$1000 millones; al decacornio (US$10.000 millones) e incluso al hectocornio (US$100.000 millones). Pero últimamente apareció una nueva especie: el “unicornio zombi”, una empresa que alguna vez superó la valuación de US$1000 millones y que hoy no es más que una sombra de lo que fue. Su proliferación está quitándoles el sueño a los fondos de capital de riesgo.

Hasta mayo de 2026, 332 de los 1900 unicornios registrados en una base de datos mantenida por Ilya Strebulaev, profesor de la Universidad de Stanford, habían levantado capital con una valuación igual o inferior a su máximo histórico (ver gráfico). De ellos, 212 ya valían menos de US$1000 millones. Otros 383 no habían informado nuevas rondas de financiación en los tres años anteriores; entre estos, 41 habían perdido oficialmente su condición de unicornio.

Como señala Strebulaev, los datos sobre startups suelen ser imprecisos. Algunas empresas pueden no haber necesitado recaudar nuevos fondos. Pero otras, simplemente, ya no logran justificar las valuaciones casi míticas que alcanzaron en el pasado. Cada vez más unicornios parecen haberse incorporado al ejército de los muertos vivos.

Cuando la fiebre por los unicornios estaba en su punto más alto, muchas de estas startups apenas generaban ingresos y contaban con modelos de negocio poco convincentes. Las bajas tasas de interés llevaron a los inversores, en busca de mejores rendimientos, a volcar enormes cantidades de dinero hacia los fondos de venture capital . En 2022, según PitchBook, estos fondos captaron US$223.000 millones. Desde entonces las tasas subieron y la recaudación se desplomó: el año pasado apenas alcanzó los US$66.000 millones.

Algunas compañías, sencillamente, estaban muy sobrevaluadas. Cameo, una plataforma que permite contratar saludos personalizados de celebridades, llegó a valer US$1000 millones en 2021 gracias al auge de la demanda durante la pandemia. Hoy su valor se estima en apenas US$82 millones.

Incluso los unicornios con modelos de negocio más sólidos vieron cómo el cambio de ciclo dificultó conseguir nuevas inversiones manteniendo las valuaciones anteriores. Normalmente, una startup pasa entre cinco y diez años creciendo antes de salir a Bolsa o ser adquirida por otra empresa. Sin embargo, tanto los unicornios zombis como sus inversores pueden encontrar muy difícil concretar cualquiera de esas dos opciones.

Los acuerdos de venture capital suelen otorgar a los inversores el derecho a bloquear una oferta pública inicial (IPO) si consideran que conviene esperar. Quienes ingresaron en rondas tardías, cuando las valuaciones eran muy elevadas, tienen un incentivo especial para impedir una salida a Bolsa que implique valorar la empresa por debajo del precio que ellos pagaron, con la esperanza de que su situación mejore más adelante.

Hasta hace poco, la salida más sencilla para una startup era levantar otra ronda de financiación. Pero ahora los inversores prefieren apostar por las nuevas estrellas de la inteligencia artificial antes que asumir riesgos con compañías que ya dejaron atrás su momento de mayor crecimiento, explica Peter Cohan, inversor tecnológico.

Para convencerlos de aportar nuevos fondos, muchas startups deben aceptar una rebaja en su valuación, además de otras condiciones poco favorables. Quora, la plataforma de preguntas y respuestas, fue valuada en US$1700 millones en 2017. En 2024 consiguió financiamiento con una valuación de apenas US$500 millones mientras intentaba reorientar su negocio hacia la inteligencia artificial. “Nuestra valuación es inferior al máximo que alcanzamos, pero nos alegra que finalmente refleje las condiciones actuales del mercado”, escribió su director ejecutivo en una publicación.

Casi la mitad de las empresas de la base de datos de Strebulaev que hoy valen menos que en su pico levantaron capital durante 2021. Según PitchBook, a partir de fines del próximo año sus inversores comenzarán a necesitar recuperar el dinero invertido. La consultora estima que las revaluaciones, las ventas forzadas y las quiebras podrían provocar una destrucción neta de valor de entre US$500.000 millones y US$1 billón (millón de millones). Es un ajuste significativo si se considera que el conjunto de los unicornios está valuado en US$8,6 billones, o US$5 billones si se excluyen las diez empresas más valiosas.

La caída de las valuaciones representa una verdadera pesadilla para los fondos de venture capital . Según un estudio del Foro Económico Mundial, los fondos creados más recientemente están devolviendo mucho menos dinero a sus inversores que los de generaciones anteriores. Además, también obtuvieron rendimientos muy inferiores a los del índice S&P 500, especialmente aquellos que no invirtieron en el reducido grupo de grandes ganadores de la inteligencia artificial, señala Cohan.

Esto hará que inversores institucionales, como los fondos de pensión, sean todavía más reacios a aportar capital a firmas de venture capital fuera del grupo de élite. Ya hoy apenas el 5% de esos fondos genera el 90% de las ganancias de toda la industria.

Ante este panorama, muchos gestores de capital de riesgo están probando nuevos modelos. Algunos reemplazaron los fondos tradicionales, con una duración predefinida, por vehículos permanentes que combinan participaciones en empresas privadas con activos cotizantes, lo que les permite distribuir dinero periódicamente a los inversores. Otros recurrieron al mercado secundario de acciones de compañías privadas para vender parte de sus participaciones, aunque la mayoría de los compradores busca acceder únicamente a las startups más codiciadas del momento.

Algunos inversores confían en que las grandes salidas a Bolsa previstas este año para las principales compañías de inteligencia artificial vuelvan a abrir las puertas del mercado accionario para empresas tecnológicas menos destacadas. Pero probablemente haga falta bastante más que eso para devolverles la vida a los unicornios zombis.


Fuente: La Nación


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