
La Argentina viene de líderes disruptivos, confrontativos y, a veces, irrespetuosos. Así fueron durante sus tres mandatos presidenciales Néstor y Cristina Kirchner y así es, aun con ideas muy diferentes de aquellos dos, Javier Milei . El actual presiente no acepta la necesaria presencia de disidentes, ni siquiera de los que piensan como él en sus rasgos ideológicos, pero no coinciden con sus formas. Prefiere el grito a la conversación , y le gusta el maltrato en lugar de los buenos modales. Se dice liberal (y hasta libertario, que es la expresión última y más extremista del liberalismo), pero solo aplica esas ideas en el plano de la economía; rechaza, por el contrario, el respeto a las libertades de los otros, a la autonomía de las instituciones (como la de la prensa, por ejemplo) y al elemental principio de la división de los poderes constitucionales.
Néstor y Cristina Kirchner creían menos todavía en el valor de las instituciones; el autoritarismo fue su forma de gobernar ; aspiraban a tomar el control absoluto del periodismo -crearon de hecho uno alternativo-, y sus proyecto político consistía en la perpetuación de una dinastía en el poder y en el famoso “vamos por todo”, que felizmente nunca lograron alcanzar. Persiguieron obscenamente con los servicios de inteligencia a políticos opositores, a empresarios y a periodistas. Paréntesis: el exjuez fallecido Claudio Bonadio encontró en una residencia de Cristina, cuando ya era expresidenta, carpetas cargadas con informes del espionaje sobre sus adversarios y críticos. Bonadio mandó a sorteo ese hallazgo (porque no era el motivo de su allanamiento) y resultó sorteado el juez Marcelo Martínez de Giorgi , quien jamás hizo ni el intento de investigar por qué una expresidenta acumulaba tanta información reservada sobre ciudadanos y dirigentes que no simpatizaban con ella. Martínez de Giorgi es el mismo juez que acaba de apartar a los querellantes de la causa $LIBRA y le quitó impulso, por lo tanto, a esa investigación sobre el poder que manda ahora. Por algo en los tribunales lo llaman a Martínez de Giorgi el “nuevo Oyarbide” .
Todo esto viene a cuento porque en el último mes surgió una figura argentina totalmente distinta a esa dirigencia torpe y agresiva que nos gobernó -y nos gobierna- desde hace casi 20 años. Se trata del director técnico de la selección de fútbol argentina, Lionel Scaloni , un hombre que llevó el fútbol argentino a los cimas más altas de ese deporte, pero nunca perdió la humildad, el buen trato con el adversario ni la prestancia para enfrentar el éxito o la adversidad. Después de la derrota del domingo, Scaloni se apuró en felicitar con un fuerte abrazo al director técnico del seleccionado español, Luis de la Fuente , un antiguo maestro suyo en las destrezas del fútbol. Y luego corrió a separar a algunos jugadores argentinos que amenazaban con agarrarse a las trompadas con jugadores españoles. “Es el único argentino sensato” , se escuchó decir a uno de los más destacados dirigentes políticos argentinos. Un observador imparcial deslizó, con algo de ironía y otro poco de convicción, que “Scaloni es el outsider moderado que muchos vienen buscando” para el caso de que Milei no llegue el año próximo con la suficiente fuerza electoral como para ganar la reelección en primer vuelta. Una segunda ronda electoral será siempre un riesgo de imprevisibles consecuencias para el Presidente , porque su adversario nucleará al kirchnerismo, al peronismo de todos los colores y a los diversos matices de la completa izquierda. Seguramente se están apresurando porque nadie le preguntó a Scaloni cuál es el proyecto que imagina para su definitiva biografía . Aunque nadie lo supone librando combates políticos (y así debe ser), sería injusto no incluir en la lista de argentinos sensatos a Lionel Messi , quien, como bien dijo el director técnico catalán Pep Guardiola , “está marcando una era que llevará su nombre” con su inigualable arte como futbolista.
Messi es un señor de la cabeza a los pies , capaz, como lo fue, de abrazar al arquero británico después de que la Argentina le ganara a Gran Bretaña, a ese arquero con el que había luchado a matar o morir hasta hacía unos minutos. Generoso en la victoria y respetuoso en la derrota. Es cierto que tuvo en Nueva York la cuestionable actitud de darle la espalda a la selección española cuando esta estaba recibiendo la copa del mundo, pero todo el plantel argentino miraba en ese momento a la tribuna argentina, que le rendía homenaje. El lunes, Messi felicitó a España por su victoria. Nunca se sabrá si aquella imagen con él y el resto del equipo argentino dándole la espalda al campeón fue voluntario o involuntario . En el Mundial de Qatar, cuando la selección argentina ya había conquistado el campeonato, a Messi se le escapó, mientras hablaba con periodistas y dirigiéndose a un jugador de otro país, una frase despectiva: “andá p’allá bobo”. Cristina Kirchner , entonces vicepresidenta, elogió en el acto lo que ella llamó ese gesto “maradoniano” . Por el contrario, poco después Messi pidió públicas disculpas al jugador contrario y a las personas que lo escucharon decir esas palabras impropias. Era, en ese momento, el capitán del equipo que acababa de conquistar el campeonato del mundo, pero entendió que tal condición no le concedía el derecho de faltarle el respeto a nadie . Al revés de Maradona, que pasó de frecuentar a Menem a confesarse kirchnerista, Messi nunca se dejó manipular por ningún político: ni por Cristina Kirchner ni por Alberto Fernández ni por Javier Milei .
Un análisis aparte merece el excesivo nacionalismo que apareció en sectores sociales argentinos, aunque también hubo algún británico desubicado y algunos españoles con expresiones demasiada críticas con los argentinos. Detengámonos en los argentinos. Las cosas deben decirse con claridad: fue un error que un grupo de jugadores argentinos -no todos, ni mucho menos Messi- hayan desplegado en la cancha después del partido con Gran Bretaña una sábana con la frase “Las Malvinas son argentinas” . Fue un error, no por el fondo de la cuestión, sino porque la repercusión fue muy mala en todo el mundo por el uso político de un encuentro deportivo. Desde el punto de vista diplomático, esos jugadores no le hicieron ningún favor a la Cancillería argentina . Los jugadores actuales son muy jóvenes, incluido Messi, el mayor de todos, como para tener en cuenta que el país perdió una guerra que él mismo inició en abril de 1982. Y que las guerras perdidas tienen sus consecuencias durante mucho tiempo .
La vía diplomática es la política que desde entonces asumieron todos los gobiernos democráticos. Pero hay diplomacias distintas. La única manera de llegar a hablar en algún momento de la soberanía de las islas Malvinas es conversando primero con los británicos sobre los temas que históricamente unen a las dos naciones. Nunca ningún gobierno de Londres aceptará empezar un diálogo con la Argentina hablando de la soberanía de esas islas en el confín del Atlántico sur . Insistir con esa política es ir hacia ninguna parte, sobre todo cuando el gobierno británico cuenta con la simpatía de los habitantes de las Malvinas. La voluntad de los pueblos es un elemento que tiene hoy mucha más fuerza que antes en los organismos multilaterales. El intercambio comercial de la Argentina con Gran Bretaña es de alrededor de 2000 millones de dólares anuales con un superávit en beneficio de la Argentina de unos 600 millones de dólares. Los británicos le compran a la Argentina productos agropecuarios y le venden maquinarias e insumos para el campo. Fuentes no oficiales estiman, además, que unos 60.000 argentinos viven en Gran Bretaña . Entre 200.000 y 300.000 argentinos descienden de británicos y están afincado en la Patagonia más que en cualquier otro lugar del país. Scaloni no se prestó nunca para confundir la competencia deportiva con el histórico litigio sobre las islas Malvinas. “Es solo un partido de fútbol” , repitió cada vez que lo quisieron meter en conflictos diplomáticos con los británicos.
Las ráfagas antiespañolas son directamente una perversión de la historia y de los sentimientos . La Argentina es el país con más españoles fuera de España, y España es el país con más argentinos fuera de la Argentina. Unos 450.000 argentinos viven en España, víctimas sobre todo del exilio económico, después de las sucesivas crisis de la economía nacional, o de la inseguridad que instaló aquí el populismo. Más de 500.000 argentinos tienen doble nacionalidad con España . El intercambio comercial entre la Argentina y España es de unos 2400 millones de dólares anuales y el resultado es también superavitario para los argentinos. España y la Argentina comparten además un pleito de soberanía con Gran Bretaña: la Argentina por las islas Malvinas y España por el peñón de Gibraltar , un macizo rocoso que Madrid le cedió a Gran Bretaña en el tratado de Utrecht en 1713, aunque desde poco tiempo después España viene reclamando la soberanía de Gibraltar, un lugar enclavado dentro de la geografía española .
Nada de todo eso puede, sin embargo, ocultar el hecho fácilmente comprobable de que el fútbol sigue siendo uno de los pocos motivos de unión nacional en un país lastrado por la fragmentación y la polarización , que también provocó el populismo de cualquier signo político. El siempre lúcido Jorge Valdano escribió en el diario español El País una frase que describe como nadie ese fenómeno: “Quizás porque el fútbol consigue un milagro que la política, la economía o la religión solo alcanzan de vez en cuando: convertir a millones de desconocidos en una misma voz durante noventa minutos. Cincuenta años viendo lo que provoca este juego y, sin embargo, sigo asombrándome”, contó.
Valdano, un argentino que formó parte de la selección nacional que ganó el campeonato mundial en 1986 (fue compañero de Diego Maradona) y que vive en España desde hace varias décadas , desarrolló una destacable formación intelectual y tiene un extraordinario vuelo literario para escribir. Valdano relató en otro artículo en el mismo diario español, en la edición del domingo de vértigo , antes de que se jugara la final entre España y la Argentina: “Cuanto más admiro a esta España futbolística, más difícil me resulta explicar por qué sigo sufriendo con la Argentina. No me resulta cómodo escribir este artículo porque al sentimiento le cuesta hablar, encontrar las palabras. Cuando empiece el partido admiraré cosas de España que siento como mías, porque también ayudaron a construir mi vida. Pero sufriré con Argentina. No porque quiera más a un país que a otro, sino porque el fútbol tiene la mala costumbre de preguntarle al corazón cuestiones que la razón parecía haber dado por resueltas ”. Muchos argentinos hubieran escrito lo mismo si tuvieran el talento de Valdano.
Fuente:
La Nación
GENERAL JUAN MADARIAGA El Tiempo
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