
En una época que celebra la novedad y el cambio constante, hay quienes eligen desayunar lo mismo cada mañana . Desde afuera, esa costumbre puede parecer aburrida o poco creativa, pero la psicología ofrece otra mirada: para muchos adultos, esa repetición es una manera de construir pequeñas islas de certeza en medio de una vida imprevisible.
Lejos de indicar una personalidad rígida o falta de curiosidad, estos hábitos pueden ser una respuesta adaptativa frente a la incertidumbre . Según investigaciones recientes, cuando el entorno se vuelve demasiado cambiante, el cerebro tiende a buscar rutinas que le permitan ahorrar energía y reducir la ansiedad .
Estudios sobre ansiedad y tolerancia a lo incierto, como los analizados por el psicólogo canadiense R. Nicholas Carleton en el Journal of Anxiety Disorders , muestran que las personas suelen crear pequeñas estructuras de control cuando sienten que no pueden anticipar lo que va a pasar .
En ese contexto, repetir el desayuno deja de ser una simple costumbre: se transforma en una estrategia para reducir la carga mental y mantener cierto orden en días impredecibles .
La especialista en hábitos Wendy Wood , profesora de Psicología y Negocios en la Universidad del Sur de California, explicó en una revisión publicada en Annual Review of Psychology que las rutinas ayudan a automatizar decisiones cotidianas y a liberar recursos mentales . Así, lo conocido genera alivio y permite enfrentar mejor los cambios inesperados.
No todas las personas que repiten hábitos tienen ansiedad ni atravesaron situaciones traumáticas. La clave, según la psicología, está en la flexibilidad : cuando la rutina ayuda a organizarse y convive con la posibilidad de adaptarse , puede ser un recurso saludable.
El problema aparece cuando cualquier cambio genera un malestar desproporcionado o la persona queda atrapada en la repetición . Pero fuera de esos extremos, muchas costumbres fijas funcionan como pequeños andamios de estabilidad emocional.
Una investigación publicada en Palliative and Supportive Care mostró que, incluso en situaciones de incertidumbre extrema, las rutinas cotidianas daban a las personas una sensación de seguridad y normalidad . Aunque el estudio se centró en un contexto clínico, la conclusión es más amplia: los hábitos pueden ofrecer continuidad cuando todo lo demás parece incierto.
Desayunar siempre lo mismo, elegir la misma ruta o pedir la misma bebida no implica falta de deseo ni de imaginación. Muchas veces, es una forma de ahorrar energía decisional, evitar fricciones innecesarias y sostener una mínima continuidad emocional.
En jornadas llenas de decisiones, estímulos e imprevistos, tener algunas cosas resueltas de antemano puede convertirse en un verdadero descanso mental. Así, la certeza también se construye en miniatura: una taza conocida, un camino familiar, una elección sin sorpresas.
En tiempos donde casi todo cambia a gran velocidad, esa pequeña arquitectura de hábitos puede ser menos una limitación y más una forma discreta de autocuidado.
Fuente:
TN
GENERAL JUAN MADARIAGA El Tiempo
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