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La historia de amor de los nonnos italianos que se conocieron por carta, los homenajea una pizzería y son furor

Como la gente hoy se conoce por Tinder, Ipolitina y Michele se conocieron por carta . A él, su padre casi que lo había obligado a huir de Ricadi, Capo Vaticano, hacia la Argentina para evitar que lo reclutaran en una eventual nueva guerra . Pero, a los 26 años, Michele se quería casar con una chica de su pueblo calabrés. Tina tenía 19 y cuando vio su foto —blanco y negro, claro— aceptó empezar a intercambiar correspondencia. Se casaron en 1956 .

Ipolitina, Tina, toma la voz cantante en la pareja para contar una vez más su historia, una mañana fría de julio en el departamento familiar de Chacarita. Para llegar hay que subir dos pisos por la escalera , típico de las casas de familia italiana que tenían el taller en la planta baja (el piano terra dirá Tina, en una hora de charla en la que hará un constante switch del italiano al español), el departamento para el hermano mayor en el primer piso y para el menor en el segundo.

Estamos en el comedor, con la mesa larga y el modular con la cristalería y las copas pequeñas. Tina trae una fuente repleta de nacatuli , una delicia calabresa frita, finita y crocante, que se amasa con harina, huevo, azúcar y limón. “Se hacen para las fiestas. En nuestro casamiento se las regalábamos a los chicos que nos pedían en el balcón”, recuerda Tina, memoria intacta.

Tina (88) y Michele (95) Schiariti son famoso s. Les hicieron notas en diarios, en la tele, en radio, en streaming, vinieron hasta de Italia a entrevistarlos . La inesperada fama les llegó porque, en pandemia, sus nietos Agustín y Juan Ignacio abrieron en el piano terra Ipolitina, una pequeñísima pizzería y mercado italiano que rápidamente se convirtió en un suceso . “Homenaje en vida a Tina y Miguel”, pusieron una placa en la puerta. Y vaya si lo es.

Hoy, el pasado, el presente (y, por qué no, el futuro) de estos inmigrantes que forjaron una vida de trabajo también se expande en un libro que acaba de publicar la editorial Colihue: Amore del Capo , de la periodista y dramaturga Jéssica Fainsod . Un libro que cuenta justamente la historia de amor del matrimonio y que viaja por lugares, personajes familiares y las recetas de Tina. Fainsod los entrevistó por horas, los grabó, tomo notas, revisó fotos, comió con ellos. Cuenta que cuando los conoció, supo que había algo para contar. Y vaya si lo había.

“A Tina le encanta hablar y envuelve a quien la escucha en su dulce voz (...) Siempre sonríe con ese fondo musical en cada frase. Tina es el mismísimo amor en persona ”, escribe en el libro, y en la charla con Clarín escucha y sigue tomando notas de más frases, más recuerdos, que Tina regala.

Por ejemplo, insiste en que sus nietos son “muy, muy trabajadores”. “Mis hijos son trabajadores, pero la verdad, mis nietos son más . Si se tienen que levantar a la una de la mañana para revisar la masa, lo hacen”, se enorgullece.

Raimundo, el hijo mayor, sirve café —en una cafetera italiana, no puede ser de otra manera— y cuenta un poco de la historia de Ipolitina, el mercado . “Mi sobrino Juan Ignacio estudió ingeniería; siempre le gustó la cocina y aprendió sobre la pizza napolitana y hacía pizza, para él. Y Agustín, el el menor, estudió comunicación. En pandemia, me pidieron el local, que estaba cerrado, y así empezaron”, recuerda.

“Hacían 100 porciones de pizza y las agotaban, por las redes. Yo no entendía, les decía que no podía ser que estuvieran abiertos tan poco tiempo. que cuanto más tiempo estuviera abierto el negocio, más iban a vender. ‘No tío, no funciona así. Publicás y decís hoy está esta pizza’. Y tenían razón, a las tres de la tarde ya no había más y si hacían más, no alcanzaba nunca ”, elogia la visión de sus sobrinos y que desde el principio entendieron muy bien cómo la comunicación era clave en el negocio.

El local empezó a funcionar y a crecer sin parar. Un día cayó La Chica del Brunch . Le fascinó la propuesta.

—¿Cuántos cannoli hacen?—, les preguntó.

—Empiecen a hacer el doble. Yo les aviso cuando publico.

Rai pensó que estaba canchereando, pero el día que salió el posteo tenían 60 metros de cola y así siguió por varios días más . La influencer volvió hace poco y se grabó con Tina: "La abuela que todos queremos tener". El posteo, publicado hace dos semanas, ya tiene casi 140.000 likes.

Ipolitina se apalanca en la propuesta gastronómica (pizzas, sándwiches y pastelería italiana) con la asesoría de la nonna , pero fundamentalmente en esa historia que condensa el pequeño local de 13 metros cuadrados sobre Dorrego al 1000. Los clientes van y piden conocerla, como una celebrity. Ella baja, se pone a charlar, se saca fotos. Lo disfruta: “Me pone contenta” .

Y recuerda anécdotas: una chica de Hong Kong que vino especialmente a verla, un camionero de origen italiano de Berazategui que paró de casualidad en el local y volvió para traerle huevos de su quinta, y compatriotas que le han dicho que ni en Sicilia se consiguen cannoli como los suyos .

También se va para atrás en el tiempo. Vuelve al italiano y al blanco y negro. Cuenta que ella terminó la escuela por el enorme sacrificio de su mamá , que alquiló una casa en Tropea, el municipio a 10 kilómetros de su pueblo donde estaba el colegio, y se mudó con ella y sus hermanos, porque en esa época, era inconcebible que una chica pudiera viajar en transporte público, rodeada por hombres. Su papá iba a verlos una vez por semana, y hacía el recorrido a pie, porque no había plata para pagar el boleto. Su mamá hacía pan hasta de lupines, que remojaba para sacarles el amargo, los secaba al sol y los llevaba al molino para hacer la harina. “Un lavoraccio ”, lo califica.

Sacrificios también hicieron ella y Miguel para llevar adelante su familia. El primero fue cuando se tuvo que quedar en Italia, recién casada, mientras él se volvía a la Argentina... Porque estaba embarazada y no lo sabía. “Eramos muy jóvenes, no sabía que podía quedar embarazada tan pronto y nadie me explicó nada”, relata. La pareja llegó a Nápoles para tomar el barco, y a ella no la dejaron subir perche era incinta . "Fue un día muy amargo", rememora. Se tuvo que mudar con su mamá y por eso Rai, su primer hijo, nació en Italia. Apenas cumplió los tres meses, se embarcó con él en el Provence, el trasatlántico que los trajo a la Argentina.

Primero vivieron en Palermo, en la calle Humboldt. Allí nació Franco, el segundo de sus hijos y el papá de Agustín y Juan Ignacio. Y cuando ya les quedaba chico el lugar, compraron una casa vieja, la tiraron abajo y construyeron el departamento donde ahora estamos hablando. Allí nació Andrés, el menor. “Un hijo en cada lugar” , sonríe Tina.

Acá también construyeron la fábrica. Porque Miguel es sastre de profesión . Cuando llegó a la Argentina, un tío lo hizo entrar a trabajar al Mercado de Abasto, pero él no sólo no quería ser empleado sino que tampoco quería trabajar en otra cosa que no fuera su oficio. Se dedicó por décadas a la confección a nivel industrial, y fue proveedor destacado de Gath & Chaves, Falabella y La Favorita, la famosa tienda rosarina que acaba de cerrar .

Y después de que sus hijos empezaron la secundaria, Tina quiso empezar a trabajar. Limpiaba la casa, cocinaba, pero se aburría. Miguel no quería saber nada. Ella casi que lo amenazó: iba a ir a buscar trabajo afuera. Entonces, en el localcito donde hoy está Ipolitina, Tina empezó a ajustar para las señoras las prendas que confeccionaba su marido , porque él no quería saber nada con tomar medidas y hacer dobladillos.

Como el Ipolitina actual, aquella Ipolitina también fue un éxito . Todas las mujeres del barrio venían por los arreglos de Tina. Tanto trabajo tenía, que las mamás del colegio le alcanzaban los boletines de los chicos porque ella no llegaba a ir a buscarlos.

Tina sigue mirando para atrás y asegura que nunca añoró volver a Italia, aunque varias veces, cuando volvieron de viaje, le ofrecieron a Michele establecerse para trabajar en la confección. Nunca quisieron . El mar lo reemplazó con la casa que tienen en Santa Teresita, cerca de la playa, donde armó su huerta y va en verano.

Le encanta Chacarita (“Me gustó este barrio apenas llegué, había escuelas, el subte, tengo Corrientes cerca y también la plaza”) y le encanta Buenos Aires (dice que no la saquen de la ciudad). “No me siento nacida acá. Pero sí me siento enamorada de esto” , cierra Tina la charla. Y cierra ella también el libro de Jéssica: "Mis hijos, mis nietos, mis bisnietos son mi riqueza. Mi sabiduría es la herencia que les dejo".

Editora de la sección Sociedad.


Fuente: Clarín


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