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El secreto de los chicos más inteligentes no está en tener más neuronas: la ciencia habla de un ajuste invisible que es clave

Un estudio realizado en Países Bajos sugiere que el rendimiento intelectual infantil podría depender de un equilibrio fino entre señales cerebrales que activan y señales que regulan . La clave no estaría en la cantidad de neuronas, sino en cómo las redes del cerebro logran coordinarse durante el desarrollo.

Algunos chicos parecen tener una facilidad especial para resolver problemas, recordar información o encontrar caminos creativos cuando otros se traban .

Durante mucho tiempo, esas diferencias se explicaron de manera general por la genética, la educación, el ambiente familiar o la estimulación recibida. Todos esos factores siguen siendo importantes, pero un estudio reciente suma una pieza más al rompecabezas.

Según investigadores de Países Bajos, una parte del rendimiento intelectual podría estar relacionada con un ajuste interno muy preciso del cerebro, casi invisible desde afuera.

La investigación, realizada por el Radboud University Medical Center y el Amsterdam UMC, parte de una hipótesis central de la neurociencia. El cerebro funciona mejor cuando alcanza un equilibrio adecuado entre excitación e inhibición neuronal .

Dicho de manera simple, necesita tanto señales que activen la actividad cerebral como señales que la moderen. Si todo fuera acelerador, el sistema se volvería caótico. Si todo fuera freno, perdería capacidad de respuesta. La inteligencia, al menos en parte, podría depender de esa capacidad de encontrar el punto justo.

Para analizarlo, el equipo estudió a 128 niños y adolescentes de entre seis y 19 años en Países Bajos. Los investigadores utilizaron electroencefalogramas, una técnica que registra la actividad eléctrica del cerebro, y pruebas abreviadas de inteligencia basadas en la escala de Wechsler.

El objetivo era detectar si existían patrones cerebrales asociados con distintos niveles de cociente intelectual y si esos patrones cambiaban según la edad.

El hallazgo más llamativo estuvo en un indicador llamado fE/I, que mide el equilibrio funcional entre excitación e inhibición. Los participantes con mejores resultados en las pruebas de inteligencia mostraron valores más cercanos al punto teórico ideal en zonas conocidas como cortezas de asociación, áreas que participan en procesos complejos como integrar información, razonar, planificar y sostener la atención .

La relación entre este ajuste neuronal y la inteligencia se volvió más marcada durante la adolescencia. Esto tiene sentido, porque en esa etapa maduran regiones cerebrales encargadas de integrar información y sostener procesos cognitivos más exigentes. El cerebro adolescente no solo cambia en tamaño o conectividad, también reorganiza la forma en que sus redes se comunican y se regulan.

El estudio también analizó otro indicador extraído del EEG, llamado exponente “1/f” aperiódico, que observa la pendiente de fondo en el espectro de frecuencias eléctricas del cerebro.

En las redes de asociación, los niños y adolescentes con mejor rendimiento intelectual mostraron valores más bajos en este marcador. Aunque los autores aclaran que no existe un valor universalmente óptimo para este indicador, lo consideran una pista complementaria para entender la dinámica cerebral asociada al rendimiento cognitivo.

Los investigadores fueron cautelosos con las conclusiones. El trabajo, publicado en el Journal of Neuroscience , no demuestra una relación causal directa. Es decir, no permite afirmar que ese equilibrio produzca inteligencia por sí solo ni que modificarlo garantice mejores resultados. Aun así, el hallazgo abre una línea de investigación prometedora.

Una de las posibles aplicaciones futuras está en el campo del neurodesarrollo. Como los EEG son relativamente accesibles y de bajo costo, estos biomarcadores podrían ayudar algún día a identificar patrones tempranos de riesgo en chicos con dificultades cognitivas o trastornos del desarrollo.


Fuente: TN


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