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El partido más difícil de Juan Carlos: tiene 72 años, le diagnosticaron Parkinson, pero la pasión hizo que no dejara el fútbol


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Hay pasiones que no se explican. Se sienten. Y, muchas veces, sostienen incluso cuando todo parece ir en contra.

Juan Carlos tiene 72 años y toda su vida fue feliz dentro de una cancha . La pelota, el juego, sus compañeros: ahí encontró siempre algo más que un deporte. Encontró una forma de vivir.

Pero un día llegó el diagnóstico que le cambió el escenario: le detectaron la enfermedad de Parkinson . Si bien tenía lo síntomas desde hacía dos años, la noticia lo enfrentó con su realidad. Porque junto con la enfermedad apareció una pregunta inevitable: ¿Había llegado el fin de los picaditos y los partidos de fútbol?

La enfermedad de Parkinson afecta el movimiento, la coordinación, el equilibrio. Es una enfermedad que avanza en silencio y que, poco a poco, va poniendo límites . Límites que, para alguien como Juan Carlos, significaban mucho más que lo físico.

Al principio, el miedo. La idea de no poder volver a pisar una cancha, de tener que dejar atrás eso que lo acompañó toda la vida.

Pero Juan Carlos decidió otra cosa. Empezó el tratamiento, se rodeó de gente que lo abrazó y lo ayudó a transitar los miedos. También volvió a pisar una cancha y descubrió que cuando entra a jugar, algo se transforma. El cuerpo parece responder distinto. El temblor disminuye. Corre, se mueve, pide la pelota… como si tuviera 16 años.

En ese momento, no hay diagnóstico. Hay juego. Sus compañeros lo ven, lo acompañan, lo esperan. Porque entienden que ese partido es mucho más que un partido. Es una forma de resistir. De seguir siendo quien es.

Los médicos hablan de la importancia del ejercicio, de mantenerse activo. Pero lo de Juan Carlos va más allá: hay una fuerza interna, una necesidad de seguir haciendo lo que ama . Ese deseo simple —patear una pelota— se convierte en motor.

A los 72 años, con Parkinson, Juan Carlos no dejó la cancha. Y en cada partido demuestra que hay cosas que la enfermedad no puede tocar. Porque hay partidos que no se ganan con goles. Se ganan con coraje.


Fuente: TN


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