
La idea de que el mes de nacimiento pueda decir algo sobre una persona suele llevar de inmediato a la astrología. Sin embargo, desde una mirada científica, la estación del año en la que una persona nace puede tener algún tipo de relación con factores biológicos, ambientales o emocionales.
En ese punto, la ciencia sí ha mostrado cierto interés para investigar si la luz, la temperatura, la duración del día o las condiciones de los primeros meses de vida pueden influir de alguna manera en el desarrollo del reloj biológico y en ciertos rasgos de comportamiento.
Un antecedente citado con frecuencia es un estudio publicado en Nature Neuroscience en 2010, realizado con ratones recién nacidos. Los investigadores expusieron a un grupo a condiciones de luz similares al invierno y a otro a una iluminación parecida a la del verano.
A partir de ese trabajo, se planteó la posibilidad de que las condiciones tempranas de luz pudieran influir en mecanismos vinculados con el estado de ánimo y la regulación biológica.
En humanos, la cuestión es mucho más compleja. El periodista científico Jeffrey Kluger, al revisar distintas investigaciones para la revista Time , advirtió que los resultados deben leerse con cautela.
El mes de nacimiento puede aparecer como un factor más, pero jamás alcanza para explicar por sí solo la personalidad de una persona. La crianza, las experiencias posteriores, la educación, los vínculos, la salud y el contexto social pesan mucho más que la fecha del cumpleaños.
Aun así, algunos trabajos encontraron asociaciones curiosas. Los nacidos en primavera, por ejemplo, suelen aparecer vinculados con una disposición más optimista , aunque también con mayor vulnerabilidad a ciertos cuadros depresivos.
Los nacidos en verano se relacionaron en algunos estudios con más oscilaciones emocionales leves , mientras que los de otoño mostraron menores índices de depresión y trastorno bipolar , pero algo más de irritabilidad. En invierno , en cambio, se observaron mayores riesgos para ciertos trastornos, aunque también rasgos positivos como menor irritabilidad .
Dentro de ese mapa de asociaciones, el dato más llamativo para quienes se preguntan por la resolución de problemas aparece en los nacidos en enero y febrero .
Según un estudio de 2015 realizado entre unas 300 personalidades famosas y atribuido a investigadores de la Universidad de Connecticut, esos meses aparecen vinculados con mayores niveles de creatividad e imaginación a la hora de encontrar soluciones.
La conexión tiene sentido si se entiende la resolución de problemas como capacidad de imaginar caminos alternativos . Resolver un conflicto cotidiano, encontrar una salida práctica, adaptarse a un obstáculo o improvisar frente a una dificultad muchas veces exige algo más que cálculo . También requiere flexibilidad mental, creatividad y una mirada menos rígida sobre la realidad .
De todos modos, conviene insistir en el límite de estas conclusiones. Nacer en enero no garantiza que alguien sea mejor resolviendo problemas, del mismo modo que nacer en otro mes no implica una desventaja real.
Por un lado, creer que la fecha de nacimiento define quiénes somos. Por otro, descartar por completo que el ambiente temprano pueda dejar alguna huella.
Entre ambas posiciones aparece una mirada más razonable, la de considerar que el desarrollo humano es una combinación compleja de biología, contexto, experiencias y aprendizaje .
Fuente:
TN
GENERAL JUAN MADARIAGA El Tiempo
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