
Stephen Hawking tenía una forma muy particular de pensar el lugar del ser humano en el universo, porque combinaba humildad cósmica, ironía y una enorme fascinación por la inteligencia humana. Cuando afirmó que la humanidad es “una raza avanzada de monos en un planeta menor de una estrella ordinaria”, lo que hizo fue poner en perspectiva nuestra existencia . La frase se completa con la idea de que podemos entender el universo , y que eso es lo que verdaderamente nos vuelve especiales.
La grandeza de esa observación está en el contraste. Por un lado, Hawking recuerda que habitamos un rincón diminuto de un cosmos inmenso , sin privilegios aparentes, girando alrededor de una estrella que ni siquiera es excepcional. En esa escala, nuestras guerras, nuestras ambiciones y hasta nuestras certezas parecen bastante pequeñas.
Pero por otro lado señala algo asombroso, que desde ese lugar tan modesto surgió una especie capaz de preguntarse por el origen del tiempo , por la estructura del espacio y por las leyes que gobiernan la realidad.
Ese modo de mirar el mundo dice mucho sobre Hawking. Fue uno de los físicos teóricos más influyentes y populares del último siglo, alguien que logró convertir cuestiones extremadamente complejas en preguntas comprensibles para millones de personas.
Su vida estuvo atravesada por la esclerosis lateral amiotrófica , una enfermedad que fue limitando casi por completo su movilidad, pero ni esa condición ni el paso de los años apagaron su curiosidad ni su humor . Muy por el contrario, terminó convirtiéndose en una figura cultural enorme, capaz de aparecer en libros, documentales, series y hasta capítulos de dibujos animados sin perder nunca su autoridad intelectual.
Su objetivo declarado era comprender completamente el universo , saber qué es y por qué existe. Hawking no coloca al hombre en el centro de la creación ni lo imagina como dueño de todo, pero tampoco lo reduce a insignificancia. Lo presenta como una criatura biológica más, surgida de la evolución, que sin embargo desarrolló la capacidad extraordinaria de pensar el todo del que forma parte.
La fuerza de Hawking no estuvo solo en sus teorías sobre agujeros negros , cosmología o el origen del universo. También fue un pensador que se animó a intervenir en debates sobre el destino de la humanidad.
En sus últimos textos, recopilados en Breves respuestas a las grandes preguntas , dejó reflexiones sobre inteligencia artificial , crisis climática, vida extraterrestre y también sobre los riesgos de la ingeniería genética, un terreno que veía con fascinación, pero también con inquietud.
Entre esas advertencias aparece una de las más comentadas, la posibilidad de que en el futuro surjan s eres humanos genéticamente mejorados que alteren por completo el equilibrio de la especie.
Hawking pensaba que los avances científicos podrían permitir modificar inteligencia, resistencia a enfermedades e incluso rasgos ligados a la agresividad, y temía que esas capacidades no se distribuyeran de manera igualitaria, sino que quedaran en manos de quienes tuvieran poder económico suficiente para diseñar una ventaja biológica para sus descendientes.
Hawking sabía que la humanidad es especial por su capacidad de comprender , pero también veía que esa misma inteligencia puede volverse peligrosa cuando no está acompañada por prudencia y responsabilidad.
Fuente:
TN
GENERAL JUAN MADARIAGA El Tiempo

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