
El filósofo y escritor francés Éric Sadin , especialista en el impacto social de la tecnología, advirtió que el avance de la inteligencia artificial puede redefinir “la condición de lo político” y abrir paso a una “demagogia algorítmica” .
Según planteó el pensador en una entrevista con EFE , el desarrollo de herramientas capaces de producir textos, imágenes y discursos no solo amenaza determinados empleos, sino también la forma en que las sociedades construyen consensos, discuten ideas y preservan su libertad.
Para Sadin, el riesgo político de la inteligencia artificial no está únicamente en que las máquinas produzcan contenidos, sino en que esos contenidos puedan ser adaptados al público objetivo con una precisión cada vez mayor.
“Es posible que en las próximas elecciones presidenciales de Francia (en 2027) o de Estados Unidos (en 2028) escuchemos muchos discursos que hayan sido fabricados por máquinas; con el vicio, el veneno, de que en estos sistemas no se trata solo de que producen en nuestro lugar (...) sino que se adaptan al público objetivo”, alertó.
El filósofo definió ese escenario como una “tecnología ventrílocua” : las personas siguen poniendo la voz y el cuerpo, pero los mensajes pueden haber sido elaborados por sistemas automatizados. En ese contexto, advirtió sobre la aparición de un “lenguaje necrosado” , es decir, un lenguaje despojado de humanidad.
“Despojarnos de nuestro lenguaje es despojarnos de nuestra libertad, de nuestra relación con la sociedad como constituida por una infinidad de seres plurales”, sostuvo. Para Sadin, si el lenguaje político queda reducido a textos producidos por máquinas, se debilita la posibilidad de expresar diferencias, sostener contradicciones y alcanzar acuerdos.
La advertencia también alcanza a las imágenes generadas por inteligencia artificial. Según el escritor, la dificultad creciente para distinguir entre una imagen real y una artificial puede erosionar los referentes comunes sobre los que se construye la vida social.
“La sociedad no se basa solo en principios comunes, sino también en referentes comunes. Es decir, cuando vemos algo o pronunciamos unas palabras, necesitamos entender lo mismo, ya sea para entendernos o para contradecirnos. Si ya no tenemos los mismos puntos de referencia, entonces prevalecerán la paranoia y la locura”, puntualizó.
Sadin también planteó que la inteligencia artificial representa una amenaza para los oficios de “alta competencia cognitiva” . En su mirada, el impacto puede ser especialmente fuerte sobre jóvenes formados en áreas intelectuales, creativas y profesionales.
“¿Intuimos la gravedad de esta perspectiva y el hecho de que vamos a sacrificar a nuestros hijos y a todas las generaciones venideras? Pues no, hemos preferido, por utilitarismo, por razones prácticas, lanzarnos a estas máquinas, negando o subestimando todas las consecuencias que ello conlleva para la civilización. Y son gigantescas”, afirmó.
El autor de El desierto de nosotros mismos sostuvo que la discusión no debería reducirse a una oposición entre tecnología y atraso. De hecho, cuestionó el uso del término “tecnofobia”, al considerar que funciona como una forma de deslegitimar las críticas.
“¿Qué significa ser tecnófobo? ¿Estar contra la tecnología? No significa nada. La cuestión es analizar los resortes económicos y el alcance de sus consecuencias sociales, culturales, medioambientales y políticas. Entonces uno piensa: ‘Vaya, estamos obligados a ser críticos’”, reflexionó.
En esa línea, Sadin propuso hablar de “crítica técnico-económica” , ya que, según su visión, la tecnología actual no puede separarse de la búsqueda de beneficios económicos.
Como respuesta, el filósofo defendió la necesidad de construir alternativas frente al avance de la automatización. Mencionó la importancia de preservar principios como la libertad humana , la integridad y la dignidad, y llamó a pensar formas de organización que no estén basadas únicamente en la delegación creciente de tareas en máquinas.
Para Sadin, el problema central no es solo qué puede hacer la inteligencia artificial, sino qué puede dejar de hacer el ser humano cuando acepta que las máquinas escriban, decidan, recomienden y hablen en su lugar.
Fuente:
TN
GENERAL JUAN MADARIAGA El Tiempo

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