La situación del sector hotelero y gastronómico en Pinamar, Mar del Plata y Villa Gesell atraviesa un momento de fuerte tensión, con caída de la actividad en los meses de menor demanda, baja ocupación en los fines de semana largos, problemas para sostener estructuras abiertas todo el año y un escenario de ventas que, según referentes del rubro, ya empuja a varios establecimientos a cerrar, ponerse a la venta o trabajar al límite de sus costos.
Pedro Marinovic, máximo dirigente de hoteles en Pinamar e integrante de la Asociación Hotelera Gastronómica local, describió en una entrevista radial un panorama que, según dijo, se repite todos los años pero que en esta ocasión se profundizó. Explicó que la actividad en la ciudad está muy atada a la estacionalidad y que el verano concentra la mayor parte del movimiento, mientras que el resto del año deja meses de muy baja ocupación.
En ese repaso, Marinovic remarcó que el invierno pinamarense puede sostener apenas algunos fines de semana largos y que el resto del calendario presenta niveles muy bajos de actividad. Dijo que mayo, junio y en parte abril suelen trabajarse a pérdida; que julio apenas permite empatar, y que agosto solo mejora si el fin de semana largo acompaña. Septiembre, afirmó, suele ser uno de los meses más débiles, mientras que en octubre empieza una recuperación lenta por las reservas anticipadas.
El dirigente señaló además que el último fin de semana largo no ayudó a revertir la tendencia. Según contó, hubo movimiento, pero en gran medida asociado a personas que viajaron para revisar el estado de sus casas tras las tormentas, verificar daños o controlar cómo había impactado el temporal en sus propiedades. Esa circulación, dijo, no se traduce en una demanda sólida de hotelería ni de gastronomía.
Marinovic también puso el foco en el impacto que tiene el contexto económico general sobre el turismo interno. Aseguró que Pinamar no es caro en invierno y que la ciudad mantiene promociones competitivas, pero sostuvo que el problema principal está en la pérdida de poder adquisitivo de la clase media y media alta, que históricamente es la que más elige el destino. Según explicó, incluso quienes solían venir con frecuencia hoy recortan gastos y postergan escapadas por el aumento del costo de vida.
En esa línea, sostuvo que mantener un hotel abierto todo el año implica una ecuación cada vez más difícil. Indicó que la mayoría de los establecimientos trabajan con pérdidas en varios meses del año y que sostener personal, servicios, energía y estructura edilicia se vuelve cada vez más complejo. También señaló que muchos restaurantes funcionan con planteles mínimos y que varios empresarios optaron por reorganizar sus equipos para trabajar solo los fines de semana.
Otro de los puntos que mencionó fue la ausencia de beneficios tarifarios para la actividad hotelera y gastronómica dentro del régimen de Zona Fría. Recordó que el sector fue uno de los impulsores de la inclusión de Pinamar en ese esquema, pero aclaró que la hotelería y el comercio no quedaron alcanzados por la reducción plena de tarifas. Afirmó que el costo energético sigue siendo alto y que hace años no cuentan con subsidios, lo que agrava la situación en los meses más fríos.
A eso sumó una crítica más amplia sobre la presión fiscal sobre el sector privado. Señaló que la carga impositiva sobre comerciantes y prestadores es elevada y que, en muchos casos, quienes invierten no perciben un retorno proporcional en infraestructura, seguridad o servicios públicos. También advirtió que no alcanza con tener hoteles, restaurantes o comercios en venta si no aparece una demanda real que los sostenga.
La crisis no se limita a Pinamar. En la misma línea, la Unión de Trabajadores Hoteleros y Gastronómicos de Mar del Plata advirtió que en los últimos 60 días cerraron o anunciaron su cierre unos 40 cafés, restaurantes y hoteles, con un impacto directo sobre más de 400 trabajadores. El sindicato sostuvo que la actividad viene sufriendo una caída sostenida desde el inicio de la actual gestión nacional y que la temporada de verano fue apenas regular, mientras que los fines de semana largos de marzo, abril y mayo mostraron niveles muy bajos de ocupación.
Desde UTHGRA también remarcaron que el menor movimiento turístico se combina con una fuerte baja del consumo. Según plantearon, tanto visitantes como residentes ajustaron gastos por la pérdida del poder adquisitivo. El gremio afirmó que los salarios del sector acumulan más de 30 puntos de pérdida real desde el inicio de la gestión nacional, y que el techo paritario frente a una inflación que sigue por encima de los aumentos pactados termina trasladándose al empleo y a la actividad.
Entre los establecimientos que cerraron o anunciaron su cierre en Mar del Plata figuran cafés, restaurantes y hoteles de distintos puntos de la ciudad, lo que refuerza un escenario regional de dificultades para todo el corredor turístico. Para la conducción sindical, la situación es “muy grave y alarmante” y requiere medidas urgentes que reactiven el turismo, el consumo y la producción.
En Pinamar, el diagnóstico que surge de la entrevista a Marinovic va en la misma dirección: menos visitas, menor capacidad de gasto, hoteles y restaurantes operando con márgenes cada vez más estrechos, y un verano que sigue siendo el único período capaz de sostener parte de la estructura del año. A eso se suma un fenómeno adicional: muchos negocios no tienen continuidad generacional, porque los hijos de quienes fundaron esos emprendimientos eligieron otros caminos profesionales y no siempre quieren asumir la continuidad de empresas que requieren una dedicación permanente y cada vez más costosa.
En ese contexto, Marinovic también señaló que el sector busca alternativas para sostener la actividad durante la temporada baja. Mencionó la importancia de los fines de semana largos, la necesidad de generar eventos que atraigan visitantes fuera del verano y el valor de mantener una presencia constante de Pinamar en otras provincias. Contó, además, que el sector privado trabaja junto al municipio en iniciativas para crear nuevos motivos de viaje, incluyendo encuentros gastronómicos, deportivos y culturales.
Entre esas propuestas aparece la idea de eventos en la avenida Bunge, actividades vinculadas a la pesca, muestras de autos y acciones promocionales en otras provincias, especialmente en Santa Fe, uno de los mercados más fieles al destino. La intención, según explicó, es sostener el flujo turístico todo el año y no depender únicamente de la temporada alta.
Mientras tanto, el panorama actual sigue marcado por la misma preocupación: baja ocupación, caída del consumo, suba de costos y una estructura hotelera y gastronómica que, en Pinamar y en otros puntos del país, se ve cada vez más exigida para sostenerse.
GENERAL JUAN MADARIAGA El Tiempo

.jpg)


Redes