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Emmi Pikler, pediatra: “Es perjudicial intentar enseñarle algo a un niño que puede aprender por sí mismo”


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Durante muchos años, se creyó que ayudar a un niño significaba intervenir constantemente: enseñarle a sentarse, mostrarle cómo resolver cada problema o adelantarse a sus necesidades. Sin embargo, Emmi Pikler planteó una idea muy diferente que sigue influyendo en la educación y la crianza hasta la actualidad.

Para la especialista, los niños tienen una enorme capacidad para aprender por sí mismos cuando cuentan con un entorno seguro, tiempo para explorar y adultos que respetan sus procesos. Por eso afirmaba: “Es perjudicial intentar enseñarle algo a un niño que puede aprender por sí mismo” .

Lejos de promover una crianza distante, Pikler defendía una presencia adulta basada en la observación, el respeto y la confianza en las capacidades naturales de cada niño.

La pediatra sostenía que gran parte del desarrollo infantil surge de manera espontánea a través de la exploración , el juego y la experiencia directa .

Según su visión, cuando los adultos intervienen de forma permanente para indicar cómo hacer cada cosa, pueden limitar la curiosidad y la capacidad de descubrimiento de los chicos.

Por eso, consideraba que el papel de padres y cuidadores no debía ser acelerar los aprendizajes, sino ofrecer las condiciones necesarias para que cada niño avance a su propio ritmo.

Para Pikler, aprender no consistía solamente en adquirir conocimientos, sino también en desarrollar autonomía , seguridad personal y confianza en uno mismo .

Uno de los conceptos más conocidos de su trabajo fue el del movimiento libre .

A partir de sus observaciones, concluyó que muchos bebés desarrollaban mejor sus capacidades motrices cuando no eran forzados a sentarse, gatear o caminar antes de estar preparados.

Su propuesta era simple: respetar los tiempos individuales de cada niño y evitar las presiones innecesarias.

Según Pikler, cada vez que un chico logra superar un desafío por sí mismo obtiene mucho más que una nueva habilidad. También fortalece:

Las ideas de Emmi Pikler alcanzaron reconocimiento internacional gracias a su trabajo en la casa-cuna de Lóczy , en Budapest, que dirigió después de la Segunda Guerra Mundial.

Allí impulsó un modelo innovador para la época. Cada niño contaba con una cuidadora de referencia y las actividades cotidianas, como la alimentación o el cambio de pañales, eran consideradas momentos fundamentales para construir vínculos afectivos sólidos.

Los bebés eran tratados como participantes activos de cada interacción. Los adultos les hablaban, les explicaban lo que iba a suceder y respetaban sus reacciones y tiempos.

Además, el juego libre ocupaba un lugar central. En vez de dirigir constantemente las actividades, los cuidadores observaban y permitían que los niños exploraran materiales sencillos de manera autónoma.


Fuente: TN


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