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El sacrificio de Milei para poner a salvo el plan de reelección


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Manuel Adorni perdió en su ley. Lo renunciaron en cuotas, en un proceso impulsado por la fuerza de la gravedad desde el día en que se confesó como un evasor de impuestos y pretendió justificar su repentino bienestar económico en una vieja inversión en criptomonedas .

A lo largo de dos semanas fue dejando jirones del poder que llegó a olfatear durante su breve aventura en la política grande. Duró todo el tiempo que Javier Milei tardó en asumir que sostener a su jefe de Gabinete no era la muestra de autoridad que suponía sino un lastre que podía desatar una crisis institucional con repercusiones potencialmente nefastas en los mercados.

Milei se subió el miércoles al avión presidencial rumbo a España con la idea de que aún podía conservar a Adorni, con la emocionalidad de quien pugna por rescatar del incendio un objeto de alto valor sentimental. Su hermana Karina se quedó en Buenos Aires. Ya había transmitido a funcionarios de su confianza que el recambio se hacía inevitable.

Ella se involucró en las negociaciones para frustrar el llamado a interpelación y la eventual moción de censura que la oposición empujaba en el Senado y en la Cámara de Diputados. Patricia Bullrich , activista principal de la renuncia de Adorni, operó fuerte para impedir un Waterloo libertario mientras, en paralelo, le transmitió a la hermana presidencial que solo podía comprarle una semana para que hiciera el recambio por las buenas. La gobernabilidad estaba en riesgo.

Fueron días de confusión extrema en el oficialismo. Adorni interpretó la coreografía del sobreviviente. El martes lo visitaron dos delegaciones de senadores de La Libertad Avanza (LLA) , a quienes quiso insuflar de ánimo para defenderlo. Karina posó en las fotos para darle sentido al gesto. De esas charlas se filtró una frase autojustificatoria del funcionario que difundieron al menos dos de los asistentes: “No pagué impuestos, pero no soy un chorro. No evadí más porque no pude”. Más de uno se atragantó, aunque estén acostumbrados a aplaudir a Milei cuando dice que “todo impuesto es un robo”.

El miércoles, en la sesión de la Cámara de Diputados, Karina Milei celebró desde un palco la aprobación del llamado Súper RIGI, pero tuvo que soportar que los kirchneristas le cantaran con tono tribunero: “¿Adorni dónde está? / ¿Adorni dónde está?” . Desde las bancas libertarias estalló una reacción que envejeció mal: “¡Adorni no se va! / ¡Adorni no se va!” .

El reemplazo se cocinaba a fuego lento. A esas alturas Adorni parecía Bruce Willis en El sexto sentido : el único que no sabía que estaba muerto era él.

Solo faltaba que se convenciera Milei. Se resistía a moverse de su promesa de que no iba a “ejecutar a un inocente” por presión de los medios. Contra todo consejo, el Presidente avaló en público durante tres meses y medio cada una de las explicaciones inverosímiles que dio Adorni sobre su reciente prosperidad económica. Soltarle la mano sería costoso. No hacerlo podía ser muchísimo peor.

Ya había avalado quitarle a Adorni la vocería presidencial y designar allí a Adrián Ravier . También estuvo de acuerdo en nombrar a un nuevo secretario de Medios, Fabián Fernández . Se anunció hace 10 días, justo después de la entrevista con José Del Rio en la que Adorni explicó los orígenes de su fortuna. “No le creyó nadie; se hacía urgente darle una voz nueva al Gobierno”, sintetizó en aquel momento una fuente de la Casa Rosada. La gestión política la había delegado hacía tiempo en Diego Santilli , que desde el Ministerio del Interior remó con sigilo para sostener el precario sistema de alianzas del gobierno libertario.

A Ravier se lo presentó el lunes pasado con pretendida naturalidad. Su primer día en el cargo se sacó una foto con Adorni que transmitía una curiosidad: la mesa de trabajo del jefe de Gabinete estaba despojada de objetos. No parecía acorde a alguien que se desloma trabajando.

Milei celebró el martes el fracaso de la sesión convocada por el kirchnerismo en la Cámara de Diputados para empujar la remoción de Adorni. El precio de no hacer nada, sin embargo, subía con el paso de las horas. A los aliados del Pro les estalló una revuelta interna por prestarse al juego de darle tiempo al Gobierno para gestionar el reemplazo. Bullrich insistía: “En el Senado lo cocinan” . Adorni la desafió y comunicó que pensaba presentarse el 2 de julio a dar su informe de gestión en la Cámara alta. “Va a ser un suicidio” , insistía la senadora.

El miércoles a la noche Milei se fue a España con la decisión pendiente sobre cómo seguir. Apenas aterrizó en Madrid, con poco sueño, dio una entrevista en la que insistió: “Yo a mis ministros los banco hasta las últimas consecuencias” . Defendió la “honradez” de su amigo. Pero introdujo por primera vez un matiz. Dijo que si la Justicia le probaba algún delito a Adorni, lo echaba “de una patada”.

Acaso habló abrumado por la duda. Bullrich le había dicho a Karina que ya no podría hacer nada para impedir que el Senado se lanzara el próximo jueves a iniciar el proceso de destitución de Adorni. ¿Cómo reaccionarían los mercados a lo que se leería como una crisis institucional: la primera vez en la historia que se aplicara un resorte constitucional para destituir al ministro coordinador? ¿Cómo se reconstruirán las alianzas rotas por el voto en esas sesiones? ¿Cómo impactaría en la imagen presidencial el espectáculo de Adorni narrando en el Congreso la odisea de su progreso?

El viernes se agotó el apoyo incondicional. Ravier tenía agendada su presentación ante los periodistas y salió a la cancha sin respuestas para dar. “Esto no es una conferencia de prensa” , anticipó, en un involuntario homenaje a Magritte. Se paró en el atril de Adorni y leyó hasta su nombre y edad del papel donde tenía escrito su discurso inaugural.

Casi al mismo tiempo la periodista Paz Rodríguez Niell reveló en LA NACION que Adorni había comprado desde su cuenta de Mercado Libre un monitor y dos proyectores para videojuegos que pagó con tarjetas de crédito de dos funcionarios dependientes de él. Unos chiches que valían el doble que su sueldo estatal. La noticia desató otra ola de incredulidad entre los propios oficialistas. Diversas fuentes del círculo de Karina Milei sostienen que para ella fue la señal de que no se podía esperar más. Como si fuera la última vida para el ministro que compró a escondidas la casa en el country Indio Cua, que se gastó 245.000 dólares en hacerla a nuevo, que sumó un departamento con la hipoteca sin intereses de dos jubiladas, que viajó en aviones privados pagados por un amigo al que le dio contratos en la TV Pública. En la tarde del viernes el monitor le devolvía a Adorni dos palabras: Game over .

El desenlace del trámite estaba en manos de Milei, que venía en vuelo Madrid-Buenos Aires.

En favor de Adorni ni siquiera funcionó la revelación escandalosa de los fajos de dólares embolsados en el vestidor de Martín Insaurralde . Pudo haber afectado el pudor de los kirchneristas que levantan el dedo hacia el vecino de Indio Cua, pero al mismo tiempo trajo ecos de Discépolo. Se supone que los libertarios venían a terminar con los privilegios de la casta, no a regodearse de vivir “en el mismo lodo todos manoseados”.

El nombre de Santilli se imponía por sus cualidades políticas y por la confianza que supo construir con Karina Milei. Sus virtudes han sido la eficiencia, la discreción y la capacidad de adaptarse al equipo para el que ahora juega. Es el gran reemplazante: le tocó asumir el rol de candidato principal de LLA cuando José Luis Espert tuvo que abandonar la campaña del año pasado en Buenos Aires. Y ahora se alista para asumir en lugar de Adorni, que siempre lo percibió como un competidor por el cargo.

El recambio funciona como el fin de la inocencia para el presidente antisistema . Un profesional de la política viene a rescatarlo para iniciar el camino hacia la reelección.

Santilli reporta a Karina Milei, pero tiene buen vínculo con Santiago Caputo , el otro extremo de la interna oficialista. Su entronización disimula una derrota de la hermana del Presidente sin agitar el avispero libertario.

Sin el lastre del caso Adorni, Milei intentará enfocarse en el proyecto para ganar la reelección en 2027.

Encuestas recientes le dieron noticias alentadoras. El Índice de Confianza en el Gobierno de la Universidad Di Tella, por ejemplo, marcó un alza después de cinco caídas consecutivas. Si se lo pone en contexto, son niveles de respaldo similares a los que tenía en este punto de su mandato Mauricio Macri en 2018, pero no parece tener por delante una crisis cambiaria; y está mejor que Alberto Fernández en 2022, mientras no se vislumbra un estallido inflacionario como el que se vivió en el tramo final del último experimento peronista.

La gobernabilidad y la campaña parten de la misma premisa. Que no se dispare el dólar y que la inflación retome el sendero descendente, por mucho que Milei quede desautorizado en su pronóstico de que el índice empezaría con 0 en agosto de este año.

El orden económico opera como un desincentivo para que florezca una opción liberal no mileísta, como la que ensaya Macri o la que ilusiona en silencio a la propia Bullrich.

La lógica de campaña que tienen los estrategas de Milei en la cabeza supone aglutinar el voto del centro a la derecha y que surja como única alternativa un peronismo ligado a la historia kirchnerista –donde se libra en estas horas una guerra fratricida de final incierto-. El juego de la polarización extrema es un rasgo de época, como se vio en las recientes elecciones de Colombia y Perú.

Milei necesita demostrar que el cambio de régimen que promueve puede ser un éxito. Para eso debe minimizar el costo de la transición. Ha apelado al truco narrativo de discutir los próximos 10 años de la Argentina en lugar de hablar de las penurias del presente. La suba de la inflación, ocho meses seguidos de caída del salario y una fuerte suba de tasas sembraron dudas sobre el proceso. La inocencia fiscal no funcionó como el dinamizador esperado del comercio y la construcción. Tampoco termina de llegar la lluvia de inversiones anunciada. La falta de confianza es un rasgo de la Argentina que el programa libertario no logra torcer.

Los últimos datos del Indec registran un leve aumento del empleo registrado y del salario sobre la inflación. Todavía con un saldo considerable por compensar. Pero son señales que esperanzan a Milei.

“Necesitamos orden político, calma en los mercados y dejar de meternos en tormentas generadas por nosotros mismos”, resumía un dirigente libertario de primera línea en el mediodía del sábado.

Adorni era un estorbo en ese camino. Para alivio de sus fieles, Milei aceptó dejarlo caer. Tuvo la cortesía final de dejarlo renunciar con la indignación de una víctima . La verdad es que lo ejecutó sin esperar un veredicto judicial. Las promesas están para ser quebradas.


Fuente: La Nación


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