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El rey que coronó a su amante después de muerta: la trágica historia de Pedro de Portugal e Inés de Castro


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Los cortesanos avanzaban uno por uno en absoluto silencio. Nadie se atrevía a levantar demasiado la vista. Frente a ellos, sentada en el trono con corona y vestidos reales, estaba la nueva reina de Portugal .

Tenía las manos heladas. El rostro inmóvil. Los ojos cerrados para siempre . Según la leyenda más famosa de la monarquía portuguesa, los nobles debieron inclinarse y besar la mano de una mujer que llevaba dos años muerta .

Su nombre era Inés de Castro . Y el hombre que había ordenado aquella escena imposible era Pedro I de Portugal , el rey que jamás aceptó que le arrebataran al amor de su vida.

La historia ocurrió en el siglo XIV, pero todavía hoy sigue siendo considerada una de las historias de amor más trágicas y obsesivas de Europa.

Pedro nació en 1320. Era hijo del rey Alfonso IV de Portugal y heredero al trono. Desde pequeño supo que su vida no le pertenecería: debía casarse por conveniencia política y garantizar alianzas para la corona.

Inés de Castro había nacido alrededor de 1325 en Galicia, en el norte de la actual España. Pertenecía a una poderosa familia noble castellana y creció rodeada de intrigas de corte, alianzas y luchas de poder.

Se conocieron en 1340. Pedro tenía unos 20 años. Inés, cerca de 15.

El príncipe acababa de casarse con Constanza Manuel, una noble castellana elegida por razones diplomáticas. Inés había llegado a Portugal como dama de compañía de la flamante princesa.

Y entonces ocurrió lo que nunca debió pasar. Pedro quedó fascinado con ella desde el primer momento . Las crónicas de la época describen a Inés como una mujer de gran belleza, inteligente, culta y magnética. Muy pronto, el heredero al trono empezó a inventar excusas para cruzársela en los jardines del palacio, en los banquetes y hasta durante las ceremonias religiosas. Las crónicas cuentan que Pedro prolongaba conversaciones insignificantes solamente para escucharla hablar y que encontraba motivos para acercarse a los aposentos de Constanza cuando sabía que Inés estaba allí .

Los encuentros secretos se volvieron frecuentes y el romance dejó de ser un rumor para convertirse en un escándalo . Constanza sabía lo que ocurría. La corte también. Y el rey Alfonso IV observaba la situación con creciente desesperación.

No era solamente una cuestión moral. El verdadero problema era político . Inés pertenecía a la poderosa Casa de Castro, una familia noble gallega con enorme influencia sobre la Corona de Castilla. Para Alfonso IV, aquella pasión podía arrastrar a Portugal hacia las guerras y disputas castellanas, poniendo en riesgo la independencia del reino.

Intentó separarlos. Primero envió a Inés al castillo de Albuquerque, cerca de la frontera con Castilla, intentando aislarla de Pedro y cortar toda comunicación entre ellos. Después amenazó a su hijo con desheredarlo , apartarlo de decisiones políticas y bloquear cualquier posibilidad de que Inés fuera reconocida oficialmente. Nada funcionó. Pedro seguía obsesionado .

En 1345, Constanza murió al dar a luz a uno de sus hijos. Pedro tenía 25 años. Inés, alrededor de 20.

La muerte de su esposa eliminó el último obstáculo formal para la relación. Poco después, Pedro instaló a Inés en Coimbra, una ciudad tranquila atravesada por monasterios, jardines y palacios reales que él consideraba un refugio lejos de las intrigas de Lisboa. Allí, cerca del monasterio de Santa Clara, vivieron los años más felices de su relación . Tuvieron varios hijos y, según él mismo afirmaría años más tarde, incluso llegaron a casarse en secreto. Para entonces, ya no se escondían . Y eso volvió a Inés todavía más peligrosa ante los ojos del rey. Y cuanto más fuerte se volvía el amor entre ellos, más crecía el miedo del rey Alfonso IV.

Los enemigos políticos repetían que Portugal podía terminar bajo influencia castellana . Los hermanos de Inés ganaban cada vez más espacio alrededor de Pedro y algunos nobles aseguraban que intentaban convencerlo de intervenir en las guerras civiles de Castilla y reclamar derechos sobre el trono vecino.

Finalmente, Alfonso IV tomó una decisión brutal . El 7 de enero de 1355, mientras Pedro estaba de caza, tres hombres enviados por el rey entraron en el monasterio de Santa Clara, en Coimbra, donde vivía Inés. Ella tenía alrededor de 30 años.

Las leyendas cuentan que suplicó por su vida de rodillas. Que pidió que pensaran en sus hijos. Que lloró frente a los asesinos mientras ellos dudaban. No sirvió de nada. La degollaron allí mismo .

Algunas versiones afirman que la sangre de Inés corrió por las fuentes y jardines de la Quinta das Lágrimas , un lugar que todavía hoy forma parte de la memoria romántica portuguesa. Incluso existe la creencia de que ciertas piedras quedaron teñidas para siempre de rojo.

Cuando Pedro recibió la noticia, enloqueció de dolor . La reacción fue inmediata: se rebeló contra su padre y desató una guerra civil que sumió al reino en el caos. Padre e hijo terminaron reconciliándose tiempo después, pero algo en Pedro ya se había roto para siempre .

En 1357, Alfonso IV murió y Pedro finalmente se convirtió en rey de Portugal. Tenía 37 años. Entonces llegó la venganza.

Pedro persiguió a los asesinos de Inés hasta encontrarlos. A dos de ellos los capturó y, según las crónicas medievales, ordenó arrancarles el corazón . A uno por el pecho y al otro por la espalda, porque decía que no habían tenido corazón para escuchar el sufrimiento de la mujer que amaba.

Pero eso no fue lo único. Años después, el rey anunció que Inés había sido su legítima esposa y, por lo tanto, la verdadera reina de Portugal . Y ahí nació la escena que atravesó siglos de historia.

La tradición portuguesa asegura que Pedro mandó desenterrar el cuerpo de Inés , vestirlo con ropas reales, colocarlo sobre el trono y obligar a toda la corte a besarle la mano en señal de obediencia.

Muchos historiadores creen que la escena pudo haber sido exagerada o transformada en leyenda con el paso del tiempo. Pero el mito sobrevivió porque expresaba algo más profundo : el amor enfermizo y desesperado de un hombre incapaz de aceptar la muerte.

Pedro nunca volvió a amar a otra mujer . Murió en 1367, apenas diez años después de convertirse en rey. Tenía 46 años.

Antes de morir dejó una última orden. Mandó a construir dos sepulcros góticos monumentales en el monasterio de Alcobaça: uno para él y otro para Inés. Los hizo colocar enfrentados.

La razón era devastadora. Quería que, cuando llegara el Juicio Final y ambos resucitaran, lo primero que vieran al abrir los ojos fuera el rostro del otro .

Hasta hoy, los visitantes del monasterio pueden contemplar las tumbas de Pedro e Inés frente a frente, eternamente unidas.

En Portugal, su historia todavía se resume con una frase simple y definitiva: “ Até ao fim do mundo ”.

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Amores Verdaderos es una serie de historias reales, contadas por sus protagonistas. En algunas de ellas, los nombres serán cambiados para proteger su identidad y las fotos, ilustrativas.


Fuente: TN


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