
Detenerse a acariciar un perro en la calle parece un gesto que pasa desapercibido y es casi automático. Sin embargo, la psicología sostiene que este hábito puede revelar muchos aspectos sobre la personalidad de alguien y su forma de relacionarse con el entorno.
En primer lugar, lejos de ser solo una muestra de simpatía, interactuar con animales desconocidos habla de empatía, apertura y hasta de la necesidad de afecto .
Quienes se acercan a un perro callejero suelen tener una alta capacidad para percibir el estado emocional de otros . Detectan si el animal necesita cariño, atención o simplemente compañía. Esta sensibilidad no se limita a los animales, sino que son personas que escuchan, contienen y buscan ayudar también en sus relaciones humanas.
Por otro lado, acariciar un perro libera oxitocina , la llamada “hormona del amor”, que genera una sensación inmediata de bienestar. Desde la psicología, este comportamiento puede estar vinculado a la necesidad de dar y recibir afecto . Muchas veces, es una forma de compensar la falta de contacto emocional en otros ámbitos de la vida.
No todos se animan a interactuar con animales desconocidos. Quienes lo hacen suelen ser más abiertos, espontáneos y curiosos . Disfrutan de las pequeñas experiencias cotidianas y valoran lo simple, sin miedo a lo inesperado.
Los animales no juzgan ni exigen. Por eso, para muchos, acariciar un perro callejero es una búsqueda de interacciones sinceras y sin filtros . Es una forma de conectar con lo genuino, algo que a veces cuesta encontrar en los vínculos humanos.
Diversos estudios muestran que el contacto con animales ayuda a reducir el estrés y la ansiedad . Así, acariciar un perro puede ser una manera inconsciente de autorregular las emociones y mejorar el estado de ánimo.
Fuente:
TN
GENERAL JUAN MADARIAGA El Tiempo

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