A pocos meses de cumplir 90, Laura Devetach visita la Feria del Libro porteña con cinco novedades bajo el brazo: el relanzamiento de su clásico La torre de cubos , prohibido por la dictadura , que ahora integra la flamante colección 10/10 con la que el sello Loqueleo celebra sus diez años; las reediciones de sus textos para pequeños lectores, Cuento escondido (Norma) y La hormiga que canta (Del Naranjo) y dos volúmenes nuevos: Sidonia (Cuentos en boca) y Run Run , su regreso a la novela de la mano de Siglo XXI para chicos.
Maestra de autores del campo de la literatura infantil y juvenil, sus libros marcaron a varias generaciones de lectores que vuelven una y otra vez a sus historias para compartirlas con hijos, nietos, sobrinos. Devetach acompaña cada presentación en la Feria con firma de ejemplares en los diferentes stands. Con ternura y paciencia, sin perder la sonrisa en ningún momento, el sábado 25 de abril (durante el primer fin de semana de la edición 50 de la Feria), la autora de otro clásico prohibido, La planta de Bartolo , recibió a lectores de todas las edades en Loqueleo y dedicó cada ejemplar con su firma y el nombre del lector. Al que se acercaba sin libro, le estampaba firma y dedicatoria en una postal con la imagen de portada de esta nueva edición de La torre de cubos , ilustrada por Natalia Colombo.
“¿Sabés cuántos años tiene este libro?”, le preguntó a una joven que le pidió sacarse una foto. “Sesenta”, le dijo enseguida entre risas. A una docente que le agradeció por sus libros, le devolvió el agradecimiento por leerlos en el aula. En la primera página resalta la frase: “A todas las maestras y todos los maestros que hicieron rodar estos cuentos cuando no se podía, ¡muchas gracias!”. En la introducción cuenta que es su primer libro para chicos, que “nació en 1964, cuando mi hija mayor dibujaba monigotes en las paredes y jugaba con los cubos amarillos y rojos que le había hecho su papá”.
Aunque no lleva la cuenta de cuántas ediciones de la Feria porteña ha visitado en su vida, Devetach asegura que, por lo menos, fueron la “mayoría” de las cincuenta. “Yo no soy de Buenos Aires, vivía en el norte de Santa Fe y alguna vez viajé cuando empezó la Feria. Y, después, desde que nos vinimos a vivir a Buenos Aires en el ‘76, desde Córdoba, siempre estuve presente de alguna manera. Colaboré en charlas, firmé en los puestos de las editoriales”.
No lo dice, pero hasta 2012, cuando murió Gustavo Roldán, su compañero de vida y padre de sus dos hijos, Laura y Gustavo (ambos vinculados al mundo de los libros; ella, como autora y promotora de la lectura; él, como autor e ilustrador), visitaban juntos la Feria porteña y, también, las del interior. Todos los años, el festival Roldán rinde homenaje al autor de La canción de las pulgas .
El próximo 5 de octubre, Devetach soplará las 90 velitas. ¿Y cómo se siente con la edad, con sus nuevos libros y con seguir visitando ferias del libro para encontrarse con sus lectores? “Estoy un poco aturdida –responde en voz baja mientras la fila de admiradores espera su firma-. Han salido del año pasado a éste cinco libros. Y, cuando sale un libro, la mamá de esos libros tiene que ocuparse mucho. Así que, acá estoy, siempre atendiendo una cosa, atendiendo otra, cómo van los que fueron saliendo, para cuándo va a salir el cuarto o el quinto. En fin”.
Como contó a LA NACION, María Fernanda Maquieira, directora editorial de Loqueleo que acaba de ser nombrada directora global de literatura de Santillana, los diez títulos de la nueva colección 10/10 fueron elegidos por lectores de todas las edades. La editorial organizó un concurso a través de sus redes y los favoritos, además de La torre de cubos , fueron votados Un elefante ocupa mucho espacio y ¡Socorro! , ambos de Elsa Bornemann; La batalla de los monstruos y las hadas , de Graciela Montes; Natacha , de Luis Pescetti; ¡Cuidado con el perro! , de Liliana Cinetto; La casa maldita + Regreso a la casa maldita , de Ricardo Mariño; La rebelión de las palabras , de Andrea Ferrari; Las visitas , de Silvia Schujer, y Lucas Lenz , de Pablo De Santis.
Consultada por LA NACION, Cinetto dijo que para ella “es un honor” integrar esta serie junto a maestras que admira como Devetach, Bornemann y Montes. “Ay, qué lindo que me cuentes eso”, confiesa emocionada. Sobre la elección por parte de los lectores de este título tan especial para ella resalta: “Está muy bien que haya sucedido eso. Porque yo escribí este libro para eso. Precisamente lo que quería era llegar a la gente, a los chicos fundamentalmente”.
Este domingo 3, Devetach vuelve a la Feria para firmar ejemplares en el stand de Norma (1015, en el Pabellón Verde) a partir de las 17 junto a la ilustradora Marcela Calderón. Cuento escondido , reedición del libro de 2007, integra ahora la serie Buenas noches, dirigida a los más chiquitos. Ideal para leer antes de dormir, empieza con una frase maravillosa que fascina a chicos y grandes: “Había una vez un cuento tan chiquito que podía esconderse debajo de una pestaña”.
Ideas como esa se le ocurren a la escritora con frecuencia y, aunque se maneja bien con la computadora y el celular a los (casi) 90, mantiene un sistema de “archivo” analógico: anota frases, imágenes, reflexiones en papeles que guarda prolijamente en carpetas. De lomos anchos y de colores, están a la vista en la biblioteca de su estudio en el departamento del barrio de Once, que compartió con Roldán.
Su novela Run Run , que ya se consigue en el stand de Siglo XXI en la Feria y llegará en junio a las librerías, surgió así: de observaciones sobre las familias de cartoneros que recorren las calles de su barrio. “Hace tiempo que tenía ganas de escribir sobre lo que veo en Once. Siempre observo mucho qué hacen los cartoneros, cómo hablan, calculaba cuántas horas por día podrían andar por la calle. Hoy sale toda la familia, mujeres con nenes, abuelos, todos. Y, como me suele pasar a mí, fui guardando ideas en los bolsillos del alma , como siempre digo. Un buen día me despierto y me acuerdo y pienso: ‘Eso se podría combinarse con esto’ y así empiezo muy sencillamente a escribir. Y, si la mano me lleva, escribo”.
Eso le sucedió con las imágenes de los cartoneros. “Era muy fuerte para mí. Yo soy muy sensible frente a ciertas cosas. Y pensé que si las contaba tenía que hacerlo con cierta fuerza y con ciertas palabras. Despacito empecé a andar con un nudo en la cabeza”, cuenta mientras se toca el pecho y enseguida aclara: “Yo creo que lo que te dice la cabeza te marca el corazón. Es una novela corta (yo no escribo largo), muy sencilla. Estoy contenta porque siento que dije lo que quise. Hubiera podido decir más, pero la verdad es que siempre dije lo que quise”.
La mirada aguda de la autora va más allá de la historia. Durante el proceso creativo les indicó a los editores que las ilustraciones debían ser pequeñas porque “los cartoneros son casi invisibles, nadie los ve”. “No es una metáfora –aclara enseguida-. Es una observación directa de la realidad. Es esa gente que se vuelve invisible no por la culpa de ellos, sino por el entorno. Hace mucho que vivo en Once. Soy muy observadora. Para mí, mirar la realidad así es como leer”.
Con la edad, cuenta, ya no usa tanto la computadora como antes que solía transcribir sus ideas de los “papelitos” a la pantalla. “Últimamente me alejé un poco de la computadora. Yo siempre fui de escribir en papelitos, meterlos en una carpeta y, un buen día, armar la historia como un rompecabezas. Ahora tengo quien me ayuda a tipiar porque me canso mucho. Y, además, otra cosa que me mata son las innovaciones que te se te van metiendo en la computadora y nunca estás al día”, se ríe.
Devetach, que firmará ejemplares de Run Run el viernes 8 a las 17 en el stand 831 de Siglo XXI, en el Pabellón Verde de la Rural, reconoce que su forma de trabajar es especial: “Mi sistema es indisciplinado, pero es el que tengo” . En el caso de Run Run , cuenta, no supo que estaba escribiendo una novela hasta que pasó la página treinta. “En una novela tenés que ver los momentos, las tensiones. Cuando largás una línea, esa línea tiene que ir siempre tensa porque, si no, la novela se cae. Me costó mucho armar el ‘rompecabezas’ a partir de mis papelitos. Pero, después, simplemente empecé a limpiar. Y pensé que no tenía por qué explicarme. Yo escribí un libro –me dije-. Que lo entienda quien lo entienda y ahí está”.
En el stand de Calibroscopio (1320, Pabellón Verde) está otro libro reciente (salió el 16 de marzo) de Devetach: Sidonia , editado por el sello cordobés Cuentos en boca, está ilustrado por Josefina Calvo y reúne seis relatos protagonizado por su famosa tía Sidonia, un personaje entrañable de la literatura infantil nacional. Y en el de Ediciones del Naranjo (1408, pabellón Amarillo) está la reedición de La hormiga que canta , ilustrado por Juan Lima. Junto a él, firmará ejemplares el domingo 10 (último de esta edición), a las 17.
También el domingo, pero a las 16, firmará ejemplares en el puesto de la librería especializada La juglaresa (119, en el Pabellón Azul), donde se consigue otro título especial de la gran escritora: El lobo y su hora (editado por La Gran Nilson).
Será la cuarta visita de este ciclo de encuentros con sus lectores, en el que año en que la Feria celebra sus 50 años y Devetach, sus 90.
Fuente:
La Nación
GENERAL JUAN MADARIAGA El Tiempo

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