
Aunque fue escrita hace más de 200 años, hay una frase de Immanuel Kant que volvió a instalar un debate muy actual entre madres, padres y especialistas en crianza: ¿conviene educar a los hijos con premios y castigos?
La reflexión del filósofo apunta directo a una práctica muy común en muchos hogares: premiar cuando los chicos se portan bien y castigar cuando hacen algo mal . Pero para Kant, esa lógica tiene un problema de fondo: puede enseñar obediencia , aunque no necesariamente valores .
“ Si castigás a un niño por ser malo y lo premiás por ser bueno, hará lo correcto solo por la recompensa ”, escribió Kant en su obra On Education . Su planteo no rechaza la disciplina, pero pone el foco en algo más profundo: la motivación detrás de las conductas .
La idea de Kant es simple, pero incómoda: si un chico aprende que hacer lo correcto siempre tiene premio, puede terminar asociando la moral con un beneficio personal.
En otras palabras, no actuaría bien porque entiende que está bien, sino porque espera algo a cambio .
Según el filósofo, esto puede formar adultos que no se guían por principios, sino por conveniencia. Es decir, personas que hacen lo correcto solo cuando les conviene, cuando alguien las mira o cuando hay una recompensa de por medio . Y eso, para Kant, no es verdadera educación moral .
Su crítica se apoya en una de las ideas centrales de su pensamiento: la diferencia entre actuar por deber y actuar por interés . Para Kant, una persona verdaderamente ética hace lo correcto porque entiende que es lo correcto , incluso cuando nadie la ve y no hay premio.
La frase de Kant sigue generando discusión porque toca un punto sensible en la crianza actual. Muchos métodos modernos utilizan refuerzos positivos para fomentar buenos hábitos.
Y aunque eso puede funcionar en el corto plazo, la crítica del filósofo apunta al largo plazo: qué tipo de adultos se están formando .
En ese sentido, Kant no propone eliminar límites ni dejar de corregir conductas, sino ir más allá del castigo o la recompensa inmediata . La clave está en enseñarles a los chicos por qué algo está bien o mal , para que no dependan siempre de una consecuencia externa.
En un contexto donde abundan los consejos de crianza, las tablas de recompensas y los métodos para “corregir conductas”, la idea de Kant resuena porque plantea una duda incómoda: ¿estamos educando chicos que entienden lo que hacen o chicos que solo aprenden a negociar?
Por eso, más de dos siglos después, su advertencia sigue vigente. No porque premiar o castigar esté siempre mal, sino porque la forma en que se enseña lo correcto puede definir cómo ese chico va a actuar cuando ya no haya premios, castigos ni nadie mirando .
Fuente:
TN
GENERAL JUAN MADARIAGA El Tiempo

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