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Tiene 19 años, detectó una falta de propuestas en educación y creó su propio proyecto


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Oriunda de la ciudad de Rosario, Catalina Gianatti estudia Ciencias de la Computación y, desde 2022, divide su tiempo entre la facultad y STEAM, el proyecto que creó desde cero. Se trata de una propuesta educativa que busca acercar la tecnología y la ciencia a los más jóvenes de forma práctica y dinámica .

La iniciativa surgió después de participar en la Fundación Líderes de Ansenuza, un espacio en el que le propusieron desarrollar una idea propia. Ella sabía que quería acercar la tecnología a otros jóvenes.

En un contexto donde los avances tecnológicos son constantes y cada vez más determinantes, Catalina pone el foco en cómo se enseña. “Queremos crear estudiantes pensantes que se hagan preguntas y que vayan un poco más allá de lo que puede llegar a decir un libro”, asegura en diálogo con TN .

Con encuentros semanales y junto a un equipo, da clases a niños que buscan saber más sobre ciencia . Para ella, no alcanzan los contenidos teóricos. Hace falta participación, pensamiento crítico y espacios de recreación.

En 2022, Catalina comenzó con STEAM Club, un club de ciencia en el que se organizan encuentros semanales para chicos, generalmente de entre ocho y 14 años. Forma parte del modelo educativo llamado STEAM, que integra ciencia, tecnología, ingeniería, arte y matemática . Allí se propone una forma de aprendizaje más dinámica, práctica y vinculada con la realidad.

Su creación surge a partir de su interés, a una temprana edad, por conocer y saber más. Sin embargo, al ver la limitada oferta, decidió crear su propio espacio. Así, comenzó con el proyecto y, en 2023, lograron empezar con las clases presenciales.

Su camino empezó desde una experiencia personal. “Quise acercarme a la tecnología y no encontré un espacio al que pudiera acceder. Entonces pensé en crear yo misma una propuesta para jóvenes que estuvieran en la misma situación que yo”, cuenta.

A partir de esa idea, el objetivo fue claro desde el inicio: construir un espacio libre donde se pueda experimentar y aprender sin miedo al error. Junto a un equipo, Catalina diseña las clases a partir de juegos, temas de actualidad y contenidos accesibles.

En esos espacios, la lógica es distinta. No se trata solo de escuchar, sino de participar. Junto a un equipo de confianza, Catalina arma las clases e incorpora conceptos científicos , como el disco de luz de Newton, pero explicados de forma accesible y adaptados a cada edad.

“La propuesta, año a año, se va adaptando a los intereses de los participantes. Hay clases de programación en donde usamos Scratch, App Inventor o Code Combat. También hemos hecho juegos de lógica, matemática y hemos trabajado con inteligencia artificial ”, nos cuenta. Incluso la música ha llegado a formar parte de los encuentros.

Además de las clases, también realizan visitas y otras actividades que buscan acercar la ciencia a lo cotidiano. En 2024, la organización recibió una ayuda financiera del Fondo de Dirección de Juventudes, lo que permitió mejorar la calidad del proyecto y sumar recursos.

“Es mucho de prueba y error”, explican desde el equipo. La lógica no pasa por la perfección, sino por el proceso. Para Catalina, ese enfoque no solo vuelve las clases más dinámicas, sino que también es clave para “no perder el contacto con los chicos”.

Catalina tiene claro que generar estos espacios desde edades tempranas puede marcar una diferencia a futuro . Para ella, enseñar no implica solo transmitir contenidos, sino también formar el vínculo que los chicos van a construir con la tecnología.

En ese camino, junto a su equipo buscan que la entiendan como una herramienta y no como un fin en sí mismo: que puedan usarla, pero también cuestionarla. “¿Qué vale más? ¿Un ensayo perfecto hecho con ChatGPT o uno que tal vez tenga cosas a mejorar, pero es propio?”, plantea. Y resume: la clave está en encontrar un equilibrio entre lo nuevo que se incorpora y lo humano que no se puede perder .

Una de las propuestas más importantes del proyecto es la feria de ciencias. Una vez al año, los chicos presentan sus propios trabajos en un espacio abierto, sin exámenes ni presión. El objetivo no es evaluar, sino compartir . “Siempre lo viven como decir: ‘te quiero mostrar algo que me entusiasma’, y eso a mí me genera mucha felicidad”, cuenta Catalina.

Detrás del desarrollo del proyecto también hubo una red de apoyo. Catalina destaca el acompañamiento de su familia, que le dio libertad para avanzar con su idea, y también el rol de la escuela, no tanto por lo teórico sino por las experiencias que le brindó.

Con el tiempo, su trabajo empezó a ser reconocido . Fue distinguida con el premio TOYP Argentina, que la ubicó entre los 10 jóvenes más sobresalientes del país. También participó del programa Tribu 24, orientado a potenciar proyectos con impacto, y formó parte de la Academia de Mujeres Emprendedoras de la Embajada de Estados Unidos en Argentina, además de la feria STEAM de la Fundación Ciencia Joven.

Hoy, con 19 años, Catalina sigue enfocada en generar impacto en las nuevas generaciones . Si bien este año dejó de liderar el proyecto, lo puso en manos de su equipo, que continúa con una mirada que combina tecnología y compromiso social.

A través de STEAM, no solo se enseñan contenidos científicos: se construyen espacios donde otros pueden aprender, participar y empezar a diseñar su propio camino en un mundo en constante cambio.

“Quienes hoy están estudiando, mañana van a liderar la industria, el comercio, la política o la academia. La forma en que los educamos hoy se va a reflejar en esos profesionales del futuro”, concluye.


Fuente: TN


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