
"Hola Argentina" , fue lo primero que dijo públicamente cuando a las 19.10 de este miércoles descendió del avión en el Aeroparque Jorge Newbery. Después de tanta tensión y emociones fuertes, Agostina Páez (29) , la abogada santiagueña que pasó 75 días detenida en Río de Janeiro por realizar gestos racistas a empleados de un bar, finalmente regresó al país.
La joven viajó en el vuelo 1903 de Aerolíneas Argentinas junto a su padre Mariano y sus abogados, Sebastián Robles y Carla Junqueira. Antes de partir agradeció al equipo jurídico que la defendió y al vicecónsul Maximiliano Alaniz por acompañarla "en los momentos más difíciles". Y luego, ya a bordo del avión, publicó una foto junto a la letrada y un mensaje lleno de alivió: " Misión de rescate cumplida".
Vestida con una musculosa negra, pantalón de jean oscuros y zapatillas blancas, la joven llegó a la Ciudad de Buenos Aires, donde pasará la noche y el jueves continuará viaje hacia Santiago del Estero.
Visiblemente agotada, respondiendo amable con la prensa que masivamente la esperó hasta bajar del vuelo de Aerolíneas, Agostina Páez remarcó la alegría, felicidad y alivio de volver a estar en su país después de dos meses y medio detenida.
A bordo de un auto, junto a su padre, y la abogada Carla Junqueira, mantuvo un mano a mano con Clarín . "Es una mezcla de sensaciones, estaba con miedo hasta último momento, te juro. T odo el tiempo pensando que algo malo podía pasarme en el aeropuerto, en Migraciones y luego cuando subí al avión. Imploraba por dentro ir pasando cada posta y que nadie me dijera 'un segundo por favor'. Sentir el avión carretear y despegar de Río de Janeiro fue una sensación deseada hace mucho. Y l legar a Buenos Aires fue una bocanada de aire puro".
Sonríe apenas, con lo justo. Dice que no ve la hora de dormir seguido varias horas. Pero respetuosa no se muestra apurada y responde con calma. "Creo que hubo un ensañamiento excesivo conmigo , no sé si por ser argentina o por mi perfil, pero me dieron duro. Yo me equivoqué, por supuesto, lo reconocí y lo vuelvo a repetir. Pero casi estoy convencida que conmigo quisieron hacer un caso ejemplificador. El tema es que mi reacción, incorrecta, tenía un contexto, un correlato anterior que a nadie le importó".
Cuenta que "lo vivido y lo sufrido son una bisagra en mi vida , ya nada será igual después de esta muy dura experiencia. Si bien lo sufrí mucho y tuve miedo como nunca en mi vida, creo que fue una lección. Mi equivocación me dio una lección , con lo bueno y lo malo. Pero de las lecciones se aprende y yo seguro que a partir de ahora voy a ser otra persona, mucho mejor, con mayor perspectiva. Más pensante, menos impulsiva".
Repite una y otra vez que no ve la hora de llegar a Santiago del Estero, su tierra natal. "Quiero ver a mi hermanita, mi familia y mis amigas con las que viajé a Río y que me hicieron el aguante. Estaban muy mal, preocupadas, pero son de fierro. Y necesito por mi salud mental poder volver a mi cotidianidad. Necesito laburar, generar ingresos, hubo muchas pérdidas de todo tipo en este tiempo. Espero que la semana que viene pueda recuperar ese espacio".
Tras el pago de la fianza por 18.500 dólares, la Justicia de Río de Janeiro dispuso el martes que le retiraran la tobillera electrónica y así pudiera salir de Brasil, donde su padre la acompañó desde el martes 24 de marzo, cuando se llevó a cabo el juicio en el que a Agostina se le atribuyó un solo hecho de injuria racial y se dispuso que haga tareas comunitarias en Argentina y efectúe una reparación económica a las víctimas.
La joven santiagueña había llegado al juicio acusada de tres hechos injuria racial, un cargo cuya pena en expectativa es de 15 años de cárcel, según las leyes brasileñas. Pero en la audiencia la fiscalía sostuvo que fue uno solo y en continuado en perjuicio de tres personas.
Agostina permanecía en Río de Janeiro desde el 14 de enero, cuando sucedió el episodio en Barzin Bar, en Ipanema. Allí fue filmada a la salida, realizando gestos racistas contra unos empleados. Fue citada en una comisaría, donde le retuvieron su pasaporte y le comunicaron que debía permanecer detenida en prisión domiciliaria.
"Fue la peor experiencia de mi vida . Me siento aliviada ahora", remarcó la joven, después del juicio, donde mostró su arrepentimiento ante el juez. “Pedí perdón a las víctimas y me las han aceptado", había dicho.
Momentos antes de entrar a la sala de audiencias, Agostina, presa de los nervios, había expresado una frase que generó estupor: “Si yo voy a la cárcel me mato, literal”.
La argentina denunció durante estos más de dos meses que recibió amenazas de todo tipo. Confesó que sintió miedo varias veces y lo describió como "un calvario".
Permaneció alojada en un departamento que alquiló -monitoreada con la tobillera- porque sentía miedo de salir a la calle.
Y cuando después de la audiencia parecía que ya se encaminaba su regreso surgió una demora porque la fiscalía le pidió al juez que mantuviera las medidas cautelares hasta que tome su resolución final.
Esto se debió a que se filtró el monto de la indemnización -unos 150 mil dólares- que la abogada deberá pagarle a las tres víctimas.
Ante esta situación, la defensa interpuso un hábeas corpus , el cual fue finalmente aceptado por el magistrado.
Redactor de la sección Sociedad
Fuente:
Clarín
GENERAL JUAN MADARIAGA El Tiempo

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