
Un detalle muy común en la disposición del living puede influir más de lo que parece en cómo se percibe el ambiente. Aunque muchas veces se hace por costumbre o para “ganar lugar”, la forma en la que se ubica el sillón puede terminar generando un fecto contrario.
Con pequeños ajustes, es posible cambiar la sensación del espacio sin necesidad de reformas ni grandes cambios.
Una de las decisiones más habituales es colocar el sillón directamente contra la pared. La lógica parece simple: liberar el centro para que el espacio se vea más amplio .
Sin embargo, en muchos casos esto genera un efecto visual “plano” , donde todo queda alineado y sin profundidad. El ambiente puede sentirse más rígido y menos dinámico .
Separar el sillón unos centímetros de la pared —aunque parezca mínimo— ayuda a crear aire visual. Ese pequeño espacio genera una sensación de mayor amplitud y permite que el ambiente “respire”.
Además, mejora la circulación y hace que el living se perciba más equilibrado, especialmente en espacios chicos.
Muchos expertos en decoración sugieren evitar llevar todos los muebles hacia los bordes . En cambio, proponen armar “islas” o sectores dentro del ambiente.
En este esquema, el sillón puede funcionar como punto central, acompañado por una mesa baja, una alfombra o una lámpara, generando un espacio más acogedor y funcional.
No en todos los casos es un error. En ambientes muy reducidos o con distribuciones complejas, puede ser necesario aprovechar cada centímetro disponible .
La clave está en evaluar el espacio y probar distintas configuraciones , incluso con pequeños movimientos, para ver cómo cambia la percepción.
Fuente:
TN
GENERAL JUAN MADARIAGA El Tiempo

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