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Es argentino y lidera en EE.UU. una empresa que busca curar el Parkinson con terapia génica


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La vida de Gustavo Pesquin parecía destinada a la medicina. Y lo terminó siendo, aunque de la manera menos pensada: a través de la economía. Este mendocino, hijo de dos cirujanos y licenciado en Administración, hoy lidera en Estados Unidos una compañía farmacéutica que, a través de la terapia génica, quiere curar enfermedades como el Mal de Parkinson .

Aunque vive en ese país hace 26 años, Pesquin todavía mantiene un dejo de la tonada de su provincia. Se explica porque, como dice, “ mentalmente me voy a dormir en Mendoza todas las noches . Vuelvo tres o cuatro veces al año. Tengo allá a mis mejores amigos, y la suerte de tener todavía a mis papás”.

Son Goyo y Raquel, él de 90 y ella de 85, quienes le transmitieron, más que el amor por la medicina, el amor por los pacientes . “Mi papá tenía 10.000 historias clínicas y conocía a cada paciente por su nombre. ‘Habla la señora González’, ‘¿Cómo le va a Marta?’. Y se acordaba qué tenía, qué medicamentos le había dado. Mi mamá, que también trabajaba en hospitales públicos, donde veía todo tipo de gente, traía a casa, no sé, a un chico de cinco años y me lo presentaba. Crecí en una sensibilidad por todo ese mundo que una persona promedio no la vivía. Creo que ese compromiso incondicional con los pacientes lo mamé al 200%”, resalta.

El Gustavo adolescente cursaba la secundaria en el Liceo Agrícola y Enológico, una de las cuatro escuelas dependientes de la Universidad Nacional de Cuyo (UNCuyo). En una época en que era muy difícil ingresar a la universidad, el colegio universitario facilitaba ese pase . El estudió en el que iban todos los que buscaban ser médicos o dedicarse a las ciencias exactas, y también a la enología: de hecho, uno de sus compañeros de camada es el gran enólogo Marcelo Pelleriti . “También tuve muchos que se destacaron en la medicina”, agrega.

El se fue por otro camino, en parte, por Raquel. “ Por culpa del VHS —aclara—. Mi mamá era un caso rarísimo, traumatóloga mujer en una profesión hiper masculina. Era jefa de cirugía en el hospital Lagomaggiore y traía a casa los videos de todas las cirugías que hacía ”. Pesquin no se vio médico; tampoco viticultor, aunque dice que le encanta la enología y recuerda con mucho cariño las prácticas en la escuela agraria, en el campo y en las bodegas, plantando y aprendiendo del proceso productivo.

A él siempre le había gustado la matemática, y se decantó por una aplicación práctica: la administración . Supo entonces que después de graduarse en la UNCuyo, quería seguir su formación en un lugar de excelencia. “Yo soy pre Internet. Aprendí lo que aprendí como pude. Me compré una Business Week donde salían las 25 mejores universidades de MBA de Estados Unidos. Esa revista no la leí: la memoricé . Porque, claro, no había otra manera”, relata.

Trabajó tres años mientras terminaba la universidad, ahorró y se fue a Estados Unidos. Era 1995, y tampoco era fácil emigrar . Allí descubrió que para poder hacer un MBA, la maestría en administración de empresas, las universidades pedían al menos tres años de trabajo en compañías. Volvió a la Argentina y lo consiguió en Procter & Gamble. Ese fue el primer gran cambio : venirse a vivir a Buenos Aires, y conocer a muchas personas que, asegura, le ampliaron la perspectiva.

“Tenían otra visión del mundo de la que yo había tenido en Mendoza. Cuando Hernán Kazah, fundador de Mercado Libre, se va a Stanford , recomienda que me dejen en su lugar. Todos estos chicos que crecieron mucho profesionalmente me abrieron la cabeza ”, agradece a sus ex compañeros en Procter.

A los tres años, conoció aquí a Alexis, su esposa, que es estadounidense. Ella había sido una de las cofundadoras de la Fundación Natalí Dafne Flexer de ayuda a chicos con cáncer . Gustavo recuerda las tardes que pasaba haciendo hamburguesas en los eventos para los pequeños pacientes que organizaba Alexis. Decidieron juntos irse a EE.UU. para hacer sus sendos MBA, y él lo obtuvo en Finanzas en la Kellogg School of Management de la Northwestern University.

Comenzó a trabajar en Boston Consulting Group, una de las empresas de consultoría más relevantes, y una vacante que se abrió en uno de sus clientes lo metió de lleno en el mundo de las big pharma , las grandes compañías farmacéuticas que juegan a nivel global . Pasó por Pfizer, Abbott, Sanofi y Amneal, y de allí la convocatoria al desafío de asumir como CEO en AskBio, que desarrolla terapias genéticas de vanguardia .

“Mi background es más organizacional, empresarial. Pero ahí veo la posibilidad de decir, bueno, hay mil personas con una capacidad científica extraordinaria: ahora hay que juntar todo esto y conducirlo para poder avanzar ”, explica su función en esta empresa que tiene mil empleados (el 80%, científicos) entre su sede en North Carolina, cerca de Nueva York, y la planta de manufactura en el País Vasco.

Pero, ¿qué es exactamente la terapia génica? El ejecutivo lo explica con una comparación simple.

“Imaginate que querés arreglar un satélite . Primero, tengo que llegar: necesito una nave. ¿Qué sería la nave? El cápside. Es un virus , que todos tenemos en el cuerpo, al que le removemos todo el material genético y esa carcaza se vuelve como una nave para hacer la misión. Después, necesito un mecánico para arreglarlo: eso es un transgene . Y depende de cada enfermedad. Para Parkinson, tenemos un transgene que es un factor de crecimiento que hace que las neuronas dopaminérgicas que hay ahí, se reproduzcan. ¿Qué más necesito? Tengo que llegar ahí, porque hay varios satélites y no me puedo equivocar. Ese es el rol de lo que se llama promoter , que le agrega inteligencia a la terapia para que sea lo más localizada: si hago una terapia para corazón, no quiero que estos vectores se vayan al riñón. Todos esto que se produce desde un material inicial se llama cassette o vector , y esto es lo que se puede dosificar directamente en el cerebro para Parkinson o en el corazón para falla cardíaca”.

Actualmente, en etapa de investigación clínica, AskBio tiene cinco estudios vinculados con cerebro, corazón y enfermedades degenerativas neuromusculares . “Tenemos dos terapias en fase II, que no es imposible que en alguna la FDA (NdR.: la agencia regulatoria de EE.UU.) nos dé una rápida aprobación por considerar que ya hay suficiente información”, se ilusiona Pesquin.

El Parkinson es uno de los Santos Griales de la medicina y, asegura, ninguna otra empresa avanzó tanto en terapia genética para poder tratarlo como ellos. En los estudios clínicos, cuenta, hubo pacientes que “luego de un año y medio, se ven como se veían casi siete años atrás”. ¿Sería el mayor logro de su carrera lograr tener la primera terapia génica aprobada para el Parkinson ?

“Sería una satisfacción muy grande. Pero no lo miraría como una situación de carrera, sino de satisfacción personal . Y hay otra más también, como el programa de Pompe (NdR: una enfermedad que causa debilidad muscular severa) todo el proceso neurodegenerativo sigue avanzando y los pronósticos de los pacientes son muy malos. Si esto funciona, les puede cambiar 180 grados . Así que me da muchísima ilusión también”, cuenta el ejecutivo, que asegura que nunca más quiso dejar la industria farmacéutica porque encontró en ella “complejidad y propósito” al convertir la innovación en terapias que son una realidad para la gente.

Cuando asumió al frente de AskBio, Pesquin se puso como meta justamente “desarrollar terapias que no solo traigan beneficios a los pacientes, sino que tengan un salto muy significativo . Tiene que ser investigación científica aplicada a algo transformador, por toda la complejidad que hay en el mundo de la terapia génica. Nosotros tenemos que existir para lograr lo que ninguna otra modalidad va a poder lograr”, enfatiza.

Y no esquiva la pregunta del acceso: cómo hacer que estos tratamientos tan costosos lleguen efectivamente a quien los necesita , más en países con un contexto complejo como el nuestro. Responde con el ejemplo de Zolgensma, la primera terapia génica aprobada en Argentina , para el tratamiento de la atrofia muscular espinal (AME). El Estado nacional firmó un acuerdo de riesgo compartido con el laboratorio que lo produce : el medicamento se aplica en una población muy específica y se paga si funciona.

“ La clave es ir a los grupos de pacientes correctos . Si dijeras que estas son terapias muy caras para poblaciones muy grandes, y claro, los pagadores empiezan a pensar cómo me digiero todo esto. Pero siendo que estas terapias están dirigidas a pacientes muy definidos y con necesidades muy altas, es bastante factible para la mayoría de los sistemas de salud, como por ejemplo puede ser el argentino. Porque el impacto presupuestario anual no pone una presión tan grande. Siguiendo un modelo similar al de Zolgensma, creo que va a haber buenas oportunidades para quienes necesitan estas terapias ”.

Mientras tiene todo el foco puesto en avanzar con AskBio en soluciones a estos problemas de salud complejos, en la vida personal se reconoce futbolero, hincha de Independiente (“de Avellaneda, pero también del de Mendoza”), se muestra orgulloso de sus hijos (la mayor se graduó en Relaciones Exteriores en Georgetown y el menor estudia una carrera vinculada con la industria del entretenimiento en la Universidad de Miami) y sueña con en algún momento, como un hobbie, desarrollar en su provincia un pequeño proyecto vitivinícola. “Mendoza sigue siendo mi lugar en el mundo” , confiesa.

Editora de la sección Sociedad


Fuente: Clarín


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