
A pedido del autor, se respeta la grafía Chornóbyl en lugar de Chernobyl, conforme a la transliteración oficial del ucraniano, respaldada por el uso institucional de la ONU.
Este domingo se cumplen 40 años de una de las mayores catástrofes provocadas por el ser humano en la historia: la explosión del reactor Nº4 de la central nuclear de Chornóbyl . Este desastre se debió a un experimento con el reactor, realizado por orden de Moscú, en flagrante violación de los protocolos básicos de seguridad.
Las consecuencias fueron devastadoras. Más de 145.000 km² del territorio quedaron contaminados con radionúclidos y 8,5 millones de personas estuvieron expuestas a la radiación. La zona de exclusión de Chornóbyl sigue existiendo hasta hoy y su superficie es comparable a la de Luxemburgo . Según algunas estimaciones, las áreas más contaminadas alrededor de la central no podrían ser aptas para una vida humana segura durante unos 20.000 años.
Chornóbyl fue una tragedia humana de una magnitud extraordinaria. En esta fecha honramos la memoria de más de 600.000 heroicos liquidadores que arriesgaron y sacrificaron sus vidas para salvar al mundo de las consecuencias de la catástrofe. Les estamos profundamente agradecidos. Hoy Ucrania tiene una nueva generación de héroes del sector energético que siguen sosteniendo el funcionamiento del país bajo condiciones extremas de la guerra de agresión rusa.
Chornóbyl fue un veredicto contra el sistema soviético, sus crímenes, su opacidad y sus mentiras. Hoy Rusia intenta revivir ese legado imperial y sus peores prácticas. Por eso, el recuerdo de Chornóbyl no es únicamente una cuestión de memoria histórica: es también una advertencia para el presente y el futuro.
Las lecciones del pasado siguen siendo plenamente relevantes. El 24 de febrero de 2022, con el inicio de la invasión rusa a gran escala, el mundo volvió a enfrentarse al terror nuclear, esta vez impuesto deliberadamente por Rusia.
Por primera vez en la historia de la humanidad, un Estado agresor se apoderó por la fuerza de una central. Sólo gracias a la dedicación de su personal, se evitó una nueva catástrofe nuclear.
El 31 de marzo de 2022, las Fuerzas Armadas de Ucrania expulsaron a las tropas rusas de Chornóbyl. Al huir , los invasores saquearon laboratorios de control radiológico, dañaron sistemas y equipos esenciales y robaron numerosos bienes. Los daños estimados derivados de la ocupación rusa de la zona de exclusión ascienden a unos 100 millones de euros.
Después de Chornóbyl, Rusia también ocupó la central nuclear de Zaporiyia. Ambas plantas fueron militarizadas por el agresor y utilizadas con fines militares y políticos.
Numerosos incidentes en estas instalaciones representan una grave amenaza no sólo para la seguridad de Europa, sino también para la del mundo entero. Si Chornóbyl representa la memoria sangrienta del desastre, la central nuclear de Zaporiyia, ocupada ahora por Rusia, implica otro peligro real. Es obvio, cuando una central nuclear opera con presencia armada del agresor, personal técnico bajo su presión y cortes eléctricos permanentes, el riesgo deja de ser abstracto y se convierte en una doctrina de intimidación, chantaje y terrorismo nuclear.
En particular, ese patrón quedó nuevamente demostrado en Chornóbyl en la noche del 13 al 14 de febrero de 2025, cuando Rusia atacó con su dron de combate la Nueva Estructura de Confinamiento Seguro (NSC), que protege el reactor Nº4 destruido. Las autoridades ucranianas y el Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo (BERD), administrador clave y cofinanciador del proyecto del NSC, reconocieron expresamente que el ataque comprometió el funcionamiento del sistema de confinamiento.
Este domingo, en Ucrania tendrán lugar actos conmemorativos y la conferencia internacional “Restablecimiento de la Seguridad Nuclear”, organizada junto con el BERD. El objetivo primordial es movilizar recursos para restaurar la NSC.
La conmemoración de los 40 años de la catástrofe debe servir para reafirmar una verdad esencial: no tenemos que ni olvidar ni banalizar el riesgo nuclear.
Al apoderarse de las centrales nucleares de Chornóbyl y Zaporiyia, Rusia violó todos los principios fundamentales de seguridad nuclear establecidos por el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA).
Cabe destacar el aporte especial del director general del OIEA, Rafael Grossi, así como de expertos argentinos, para garantizar la seguridad en las instalaciones nucleares ucranianas en las duras condiciones de la invasión rusa.
La Cancillería argentina condenó en diciembre de 2024 el ataque de Rusia contra un vehículo del OIEA en Ucrania, llamó a abstenerse de acciones que pongan en riesgo la seguridad de las centrales nucleares y respaldó la continuidad de la presencia del organismo en la central de Zaporiyia. La labor del OIEA sigue siendo de la máxima importancia para Ucrania.
Sin embargo, los esfuerzos técnicos por sí solos no bastan. También son necesarias las sanciones contra la Corporación Estatal de Energía Atómica de Rusia (Rosatom), así como restricciones a los derechos del Estado agresor en el OIEA.
Ningún país puede intimidar al mundo con la amenaza de una catástrofe radiológica. En realidad, la estrategia rusa de chantaje nuclear es muy similar a la de Irán. Estos dos regímenes colaboran y copian los métodos del otro.
Restablecer la seguridad nuclear mundial es imposible sin devolver a Ucrania el control pleno de la central nuclear de Zaporiyia, la más grande en Europa. La comunidad internacional debe adoptar medidas decididas para garantizar consecuencias políticas, económicas y jurídicas para Rusia por sus crímenes.
Cada interceptor destinado a proteger las centrales nucleares ucranianas es una garantía de que las ciudades europeas puedan dormir sin miedo. Cada paso para fortalecer la defensa aérea de Ucrania, aumentar la presión internacional sobre el agresor ruso y frenar su capacidad de seguir utilizando instalaciones nucleares civiles como instrumento de guerra es una contribución directa a la seguridad de toda Europa y del mundo en su totalidad.
La memoria de los liquidadores y de las víctimas de Chornóbyl nos convoca a actuar, apoyar, reparar, monitorear y prevenir.
La neutralidad hacia el agresor ruso, incluso en cuestiones nucleares, no solo conduce a su impunidad, sino que es una invitación a la próxima catástrofe. El mundo no debe esperar un nuevo Chornóbyl.
El autor es el embajador de Ucrania en la Argentina
Fuente:
La Nación
GENERAL JUAN MADARIAGA El Tiempo

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