El crimen que marcó el inicio del terror
En la madrugada del 24 de marzo de 1976, mientras se ejecutaba el golpe de Estado, el teniente coronel Bernardo Alberte terminaba de redactar una carta dirigida al entonces comandante en jefe del Ejército, Jorge Rafael Videla. El texto, que había comenzado dos días antes, denunciaba secuestros, asesinatos y el accionar de fuerzas de seguridad en la previa del quiebre institucional.
Horas después de concluirla, un grupo de militares irrumpió en su departamento de la avenida del Libertador, en la Ciudad de Buenos Aires. Tras reducirlo junto a su familia, lo empujaron hasta el balcón y lo arrojaron al vacío.
“A todo el mundo le llega su hora”, le dijeron antes de matarlo. Su cuerpo cayó en el patio interno del edificio.
Una carta que denunciaba la violencia ilegal
La decisión de escribirle a Videla estuvo motivada por el asesinato de su colaborador, Máximo Altieri, cuyo cuerpo había aparecido como NN en la morgue de Avellaneda.
En la carta, Alberte relató incluso un intento de secuestro en su contra y aseguró que los responsables de estos operativos eran integrantes de fuerzas de seguridad. También advirtió sobre la incapacidad de las Fuerzas Armadas para ejercer el poder político, en un mensaje que nunca llegó a hacerse público en vida.
El operativo y el encubrimiento
Esa madrugada, mientras el país comenzaba a ser tomado por las fuerzas militares, un grupo armado llegó al edificio, obligó al portero a detener los ascensores y accedió al departamento tras golpear la puerta.
Dentro de la vivienda, redujeron a Alberte, su esposa y su hija. Revolvieron todo y finalmente lo separaron del resto de la familia. Minutos después, lo asesinaron arrojándolo por la ventana.
A su familia le dijeron que había sido “un accidente”.
El cuerpo fue retirado por una ambulancia militar y trasladado sin explicaciones. Posteriormente, la causa fue derivada a la justicia militar, donde quedó archivada bajo la carátula de “suicidio”, una versión impuesta bajo presión a sus familiares.
Quién era Bernardo Alberte
Alberte tenía 57 años y una larga trayectoria militar y política. Había sido edecán de Juan Domingo Perón y mantenía una estrecha relación con el movimiento peronista.
Durante décadas fue un hombre de confianza del líder justicialista, incluso en tiempos de proscripción, actuando como enlace y delegado. También participó activamente en la resistencia peronista y en la organización política durante los años 60 y 70.
Su posicionamiento crítico frente a sectores del poder lo convirtió en un objetivo.
La primera víctima de la dictadura
El asesinato de Alberte es considerado por muchos historiadores como uno de los primeros crímenes de la última dictadura militar en Argentina.
Su caso refleja el inicio de una metodología que se repetiría durante años: secuestros, asesinatos encubiertos, manipulación judicial y silencio forzado.
Una causa atravesada por la impunidad
Durante décadas, la investigación no avanzó. Más de una decena de jueces se declararon incompetentes y el expediente quedó paralizado
.
Recién en democracia, y especialmente tras la anulación de las leyes de impunidad, la causa comenzó a reabrirse. Se logró vincular el crimen con estructuras de inteligencia del Ejército y se identificaron posibles responsables.
Sin embargo, muchos de los implicados murieron antes de ser juzgados y aún hoy no se ha determinado la totalidad de los autores materiales.
Memoria y búsqueda de justicia
El caso de Bernardo Alberte sigue siendo un símbolo de los inicios del terrorismo de Estado en Argentina. Su historia, marcada por la denuncia previa, el asesinato y el encubrimiento, refleja el clima de persecución que se instauró desde el primer día de la dictadura.
A casi medio siglo del golpe, la causa continúa abierta, con interrogantes sin resolver y el reclamo persistente de memoria, verdad y justicia.
GENERAL JUAN MADARIAGA El Tiempo

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