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PINAMAR: Candela Cerrone retornó tras ganar en Malvinas y afirmó que "lo fuerte" no fue lo deportivo


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La atleta pinamarense Candela Cerrone volvió a hablar tras su histórica participación en la maratón de las Islas Malvinas, en una extensa entrevista con Radio Power, donde dejó al descubierto todo lo que atravesó antes, durante y después de una carrera que excedió ampliamente lo deportivo.


La corredora regresó a Pinamar luego de haber ganado la exigente competencia disputada en las islas, en el marco de un evento internacional considerado uno de los más extremos del mundo por sus condiciones climáticas, geográficas y logísticas. Se trata de una maratón de 42 kilómetros que se corre en un circuito mixto, con tramos de ripio, caminos rurales y sectores urbanos, bajo un clima impredecible, fuertes vientos y temperaturas bajas, con una participación muy reducida —apenas unos 70 atletas— lo que la convierte en una prueba aún más desafiante por la soledad del recorrido.


En ese contexto, Cerrone no solo se impuso en su categoría, sino que logró quedarse con la clasificación general femenina, en una jornada que coincidió nada menos que con el Día Internacional de la Mujer, lo que amplificó el impacto de su victoria. “Creo que recién procesé un poco lo deportivo, pero lo más fuerte no fue lo deportivo, sino lo que se vivió después de la carrera”, explicó.


La atleta viajó atravesando un complejo itinerario que incluyó escalas en Ezeiza, Santiago de Chile y Punta Arenas antes de llegar a las islas. “Es muy restringido el acceso, no es como cualquier carrera. Ya desde el viaje entendés que no estás yendo a un lugar común”, contó.


Al llegar, el primer impacto fue fuerte: el aterrizaje se realiza en una base militar británica, con una presencia armada que la sorprendió. “Llegás y es una escena de película: hangares, soldados, tanques… no me imaginé que era así. Después salís y empezás a ver paisajes que son totalmente argentinos. Era como ver Balcarce, Tandil, La Pampa… pero en miniatura”, relató.


Durante la competencia, Cerrone debió enfrentar condiciones extremas. Corrió prácticamente sola los 42 kilómetros, sin poder acoplarse a otros corredores para protegerse del viento. “Nunca corrí una maratón con tan poca gente. Yo quería alcanzar a los soldados para que me frenen el viento, pero no podía. Era muy duro”, recordó.


A pesar de eso, logró sostener el ritmo y cumplir su objetivo: ganar. El momento de la llegada fue tan emotivo como inesperado. “No veía el arco, estaba mal señalizado, con muchas curvas. Cuando me dijeron que faltaban 200 metros fue como una explosión. Ahí largué todo”, dijo.


Ese instante quedó registrado en un video que rápidamente se viralizó en Argentina. Allí se la ve celebrando con una frase que generó repercusión: “Estoy feliz de haber cumplido mi objetivo tocando nuestro suelo y con nuestra bandera en el cielo”. Según contó, ese mensaje fue mal interpretado por las autoridades locales. “Para ellos fue como una declaración de guerra. No lo puedo entender”, expresó.


Tras la carrera, lejos de una premiación tradicional, Cerrone notó diferencias en la organización. “No hubo podio como corresponde, no tuve la foto con las otras competidoras ni con el ganador masculino. Fue raro”, señaló. Por eso, decidió asistir a la recepción oficial en la casa de gobierno para reclamar ese reconocimiento.


Fue allí donde vivió uno de los momentos más tensos del viaje. “El gobernador me dijo que podía ir a correr, pero no a hacer política. Me quedé helada. Yo no hice política, no insulté a nadie, cumplí todas las reglas”, afirmó. Incluso fue acusada erróneamente de haber desplegado una bandera argentina en el cementerio de Darwin, algo que negó rotundamente.


A partir de ese episodio, comenzaron las restricciones. “Nos cortaron el acceso a internet, no me dejaban dar más notas desde la casa donde estaba. Fue todo muy incómodo”, relató.


Pero más allá de lo deportivo y lo institucional, lo que marcó profundamente a Cerrone fue el contacto con la historia y la memoria. Al día siguiente de la carrera, visitó el cementerio de Darwin. “Es un lugar que no se puede explicar. Hay un silencio que en realidad es un sonido… como una cajita musical triste. Son los rosarios en las cruces moviéndose con el viento. Es algo que te quiebra”, describió.


También recorrió zonas de combate, trincheras y puntos estratégicos junto a otros argentinos, entre ellos excombatientes, familiares y especialistas. “Empezás a entender la guerra de otra manera. Hay cosas que no se ven en los libros. Tenés que estar ahí”, aseguró.


Durante su estadía, además, mantuvo contacto con distintos protagonistas vinculados al conflicto, lo que le permitió ampliar aún más su mirada. “Sigo hablando con ellos, sigo procesando todo. Es muy fuerte”, dijo.


Pese a las dificultades y tensiones, Cerrone no dudó en afirmar que volvería. “Daría cualquier cosa por ir de vuelta. No sé si me van a dejar entrar, pero volvería. Me gustaría conocer más, recorrer todo”, expresó.


Incluso dejó una reflexión que generó impacto: “Hay que ir a las islas, pisarlas, entender. Es la única forma de dimensionar lo que pasó”.


Su historia, que comenzó como un desafío deportivo, terminó convirtiéndose en una experiencia profundamente transformadora. “Para mí no fue una carrera más. Fue algo muy sustancial”, concluyó.


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