La idea de mudarse al campo dejó de ser una fantasía romántica para convertirse en un proyecto concreto para miles de familias y trabajadores remotos. La búsqueda es clara: más espacio, menos ruido, propiedades accesibles y una vida cotidiana que no esté marcada por el ritmo frenético del AMBA. Pero hay un requisito que hoy define cualquier decisión: la conectividad.
Sin una buena conexión a internet, el teletrabajo, la educación virtual y hasta la vida social digital se vuelven inviables. Por eso, la presencia de fibra óptica —o al menos de la red troncal que permite ofrecerla— se volvió un factor determinante a la hora de elegir un pueblo.
Según datos abiertos de ARSAT, varios pueblos bonaerenses fuera del AMBA ya están integrados a la Red Federal de Fibra Óptica. Entre ellos, cinco se destacan por su cercanía a la General Paz, su identidad rural y su potencial para quienes buscan cambiar de vida y de casa sin desconectarse del mundo.
La expansión de la fibra óptica en pueblos bonaerenses abre un escenario que hace pocos años era impensado: vivir en el campo sin perder acceso a servicios digitales de calidad.
Uribelarrea, San Andrés de Giles, San Antonio de Areco, Lobos y Navarro son solo cinco ejemplos dentro de un mapa que empieza a transformarse. Todos están fuera del AMBA, todos están a menos de 100 km de la General Paz y todos figuran como localidades conectadas en los datos abiertos de ARSAT. Para quienes sueñan con mudarse al campo pero necesitan seguir conectados, estos pueblos muestran que la vida rural y la vida digital ya no son mundos incompatibles.
Fuente:
La Nación
GENERAL JUAN MADARIAGA El Tiempo

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