
El gobierno de los Estados Unidos desplegó un método inusual y polémico para enfrentar una crisis ambiental en Guam, una isla del Pacífico.
Dieron a conocer que arrojaron 2.000 ratas impregnadas con paracetamol para intentar reducir la población de la serpiente arbórea marrón , una especie invasora que cambió por completo el ecosistema.
La medida reavivó el debate sobre cómo manejar especies exóticas que ponen en jaque la biodiversidad y hasta los servicios esenciales de la isla.
La serpiente arbórea marrón llegó a Guam hace décadas y se multiplicó sin control. Su dieta incluye aves y pequeños vertebrados, lo que provocó la desaparición de muchas especies nativas y alteró el equilibrio natural.
En una isla, la pérdida de aves no solo significa menos pájaros: afecta la polinización, la dispersión de semillas y el control de insectos. El daño se vuelve sistémico y amenaza la supervivencia de todo el ecosistema.
El problema no se limita a la naturaleza. Con el crecimiento de la población de serpientes, aumentaron los incidentes en la infraestructura eléctrica. Estos animales trepan postes y cables, provocan cortocircuitos y dejan a la isla a oscuras.
Así, la invasión se transformó en un problema que afecta tanto a la conservación como a los servicios básicos.
La estrategia elegida por las autoridades se basa en un dato clave: el paracetamol (acetaminofén) es letal para la serpiente arbórea marrón en dosis bajas. En los operativos, se utiliza una dosis específica en cada cebo, que se coloca dentro de roedores muertos, una presa natural para la especie.
El objetivo es claro: reducir el daño colateral. El veneno no se dispersa en el ambiente, sino que se concentra en un cebo que solo la serpiente suele consumir .
El uso de ratas como vehículo para el paracetamol busca hacer el método más efectivo. Los cebos se liberan en zonas donde la serpiente se mueve, lo que evita que queden en el suelo y sean consumidos por otros animales.
En el control de invasores, la logística es tan importante como la química. La ubicación de los cebos define quién accede al veneno y quién queda fuera del riesgo.
Estos operativos pueden reducir la cantidad de serpientes en áreas tratadas, pero no eliminan el problema de raíz . La reinvasión desde zonas no controladas es un riesgo constante, por lo que la estrategia se complementa con monitoreo, barreras, trampas y vigilancia permanente.
El debate público se concentra en la imagen impactante del método, pero el trasfondo es más complejo: en islas como Guam, las decisiones de control suelen ser extremas porque el margen de error es mínimo.
Fuente:
TN
GENERAL JUAN MADARIAGA El Tiempo

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