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Misterio del militar que apareció muerto en la Quinta de Olivos: revelan que era víctima de una red de extorsiones en una app de citas


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La muerte del joven militar Rodrigo Gómez (21), que apareció sin vida en la Quinta de Olivos en diciembre pasado, quedó envuelta en misterio. Ahora, el Gobierno de Javier Milei anunció que el soldado había caído en una red de extorsionadores que, a través de una app de citas, lo presionaban para que les entregara dinero.

Con perfiles de mujeres falsos y amenazas, la plataforma fue operada por presos desde el Penal de Magdalena y el de Olmos , dos de las unidades del Servicio Penitenciario de la Provincia de Buenos Aires, suplantando además la identidad de dos agentes de la Policía de la Ciudad.

El anuncio se realizó este martes en una conferencia de prensa encabezada por Alejandra Monteoliva, la ministra de Seguridad Nacional; Sandra Arroyo Salgado, jueza federal; y Manuel Adorni, el jefe de Gabinete.

“Venimos trabajando de manera extremadamente reservada desde hace 54 días. Hemos llegado esta madrugada a este resultado gracias a la coordinación y articulación de nuestros equipos de trabajo”, señalaron las autoridades acerca de la caída de la "PYME del delito", como la denominaron ya en las gacetillas que hicieron circular el domingo a la tarde.

El caso se remonta al 16 de diciembre, cuando se conoció la muerte de un joven de 21 años , integrante del Ejército, que cumplía guardias en una de las casillas de la Quinta de Olivos. “Lamentablemente tomó la decisión de quitarse la vida”, indicaron.

Sin embargo, la carta fue clave para redirigir la investigación . “Se encontró una pista... me la sé de memoria", remarcó Monteoliva sobre el escrito que leyó en varios pasajes. En ese tramo se aludía a la aplicación de citas Evermatch.

De acuerdo al análisis, las supuestas mujeres con las que chateaba la víctima en esa app no existían. "Eran fotos bajadas de cualquier lado. Se trabajó con los teléfonos", detallaron las autoridades.

Detrás de la maniobra había tres personas de edades similares a la víctima —uno de 21 años, otro de 24 de nacionalidad paraguaya y otro de 29— que se encontraban detenidas en el Servicio Penitenciario de la provincia de Buenos Aires, en el penal de Magdalena y en Olmos. Desde allí, llevaban a cabo un entramado de manipulación extorsiva.

“Quien diría que entrar a una app de citas me traería muchos problemas. Me trajo problemas legales y muchas deudas, y ni siquiera con esos policías puedo solucionar nada porque supuestamente se les pagaba para que se solucionara. Esto parece ser estafa, solo piden más y más plata. Estos policías son corruptos", denunciaba el joven soldado, según leyó Monteoliva.

Al final de varias hojas, el miembro de las fuerzas concluía: "Nunca creí que mi vida fuera a terminar así. Yo no le tengo miedo a la muerte, sino respeto. A lo que sí le tengo miedo es a quedarme solo, eso me aterra. Ya llegó la hora, gracias a todos y al Ejército por darme la oportunidad”.

Según informaron, los allanamientos realizados durante la noche del 8 de febrero permitieron completar un total de siete detenciones. " Sacamos a la luz una red criminal . Ahora van a estar en el federal de alto riesgo y les aseguro que no van a ver un teléfono por mucho tiempo. Hoy el teléfono celular es un arma dentro de la cárcel ", añadió Monteoliva.

Por su parte, la jueza Arroyo Salgado sostuvo: “Hoy el Estado Argentino puede decir con firmeza que este hecho no es inexplicable ni quedará impune“. Además, agregó que dan a conocer esta nueva modalidad extorsiva para evitar y prevenir nuevos hechos y víctimas.

Una de las herramientas más intimidantes era el denominado “audio del terror”: un mensaje que recibían las víctimas en el que se las acusaba de ser “degenerados” por chatear con una supuesta menor de 17 años llamada Julieta Ayelén Cardozo. El mensaje era enviado por la supuesta madre, Gisela Daniela Cardozo. A partir de allí comenzaba la extorsión económica.

Seguía con el llamado de un supuesto policía de la Ciudad, que decía estar al tanto de la denuncia y hacía el pedido de dinero a cambio de silencio. Como dijo Gómez en su carta, "supuestamente se les pagaba para que solucionaran" el inconveniente. Para eso, la banda usurpaba la identidad de dos policías porteños reales : Matías Nahuel Contti y Carlos Arriola, según el detalle de la presentación del Ministerio de Seguridad. "El llamado del presunto policía existe, estaba en las fuerzas”, dijo Monteoliva.

Luego, las víctimas realizaban transferencias a distintas cuentas bancarias, muchas de ellas a nombre de mujeres que fueron detenidas en la madrugada.

"Tenemos infinidad de antecedentes de delitos graves cometidos desde el penal gracias al uso irrestricto de un celular. En este caso fue un arma letal que acorraló a la víctima a una decisión final”, advirtió Arroyo Salgado.


Fuente: Clarín


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