
La postal definida por ese laberinto de estacas, sogas y la variedad de siluetas y colores de los iglúes, desplegados bajo un cielo de coníferas y eucaliptos en los campings de la Costa Atlántica, atraviesa esta temporada una etapa de mutación.
Refugio democrático de los sectores populares, hoy los campings muestran una geografía invertida: el público de la carpa tradicional está retrocediendo y está siendo desplazado por un turismo de mayor poder adquisitivo que se mueve en motorhomes y casillas rodantes , en general, arrastradas por camionetas nuevas.
En el Camping Miguel Lillo de Necochea, un gigante de 7 hectáreas que este año cumplió 20 años, es evidente la ausencia del bullicio en las parcelas, ahora libres. Rafael Mujica Lázaro, concesionario del complejo, es tajante a la hora de desmitificar las causas de la baja: "No es que la gente se haya ido a Brasil. No. Es que este año, y tampoco el pasado, ni siquiera pudieron llegar hasta Necochea”, sentencia.
Las cifras respaldan su pesar. Solo en enero, el Miguel Lillo registró casi ocho mil viajeros menos que el año anterior, lo que representa una caída del 30% interanual .
El fenómeno, a su entender, no es un cambio de preferencia turística, sino un síntoma de asfixia económica para determinado sector de la sociedad. Las lonas, que antes ocupaban el 70% de la superficie del camping, hoy han cedido su lugar. El terreno ahora le pertenece en un 80% a modernos motorhomes y a las casillas rodantes, rodeados de camionetas amparadas por la sombra de la arboleda. "El otro 20% son carpas. En ese porcentaje faltan las 8 mil personas que este año no pudieron salir de su casa".
Pablo Domínguez es propietario de Estancia El Carmen -un predio emblemático de la Costa Atlántica, en Santa Teresita, que funciona desde 1974-, tiene una mirada doblemente aguda: además de conocer el rubro por herencia y oficio, es economista. Esa formación le permitió leer temprano que el verano de 2026 no sería uno más y que la supervivencia dependería de la cintura para ajustar la estrategia. También administra el Camping Splash, en la misma localidad.
A contramano de la tendencia, a Estancia El Carmen le fue bien este 2026. Domínguez aplicó una receta de manual económico: reajuste de tarifas en el momento justo y una presencia atenta en redes sociales para captar al público que todavía tenía restos para tomarse un descanso. El resultado fueron números que, incluso, superaron a los del año pasado.
"No habíamos tenido una buena temporada en 2025, porque las tarifas no estaban bien", comentó. Este verano, Domínguez hizo sus números, no fue más allá del 15% en la suba , contra lo que se anticipaba en el sector, y funcionó.
Sin embargo, ni siquiera en este "resort" de la naturaleza la realidad es inmune al cambio de hábito: la cantidad de carpas también cayó en sus terrenos. La caída es menor, pero este verano acampó allí un 10% menos que el pasado . La mayor densidad la ocupan motorhomes y camionetas 4x4. Las cabañas y bungalows, en todos los casos, son lo primero que se alquila.
El contraste Domínguez lo vive en su otro emprendimiento: Splash, un camping de 7 hectáreas ubicado a doscientos metros de la playa, también en Santa Teresita. A diferencia del complejo principal, este camping apunta a un público más masivo, con precios accesibles y una infraestructura volcada casi exclusivamente al acampante..
Como economista, Domínguez identifica con claridad dónde se cortó el hilo: en el Conurbano, pero no solo habla del bonaerense, también los de las grandes localidades del interior, como Bahía Blanca, o de las provincias como Santa Fe.
"El público de camping es del conurbano, donde hay una caída sostenida de la actividad, por ejemplo cuando se trata de pequeños comerciantes. Es un sector muy golpeado económicamente", analiza. Para este público, que históricamente cargaba el auto con la carpa y los bártulos para una quincena, hoy el viaje se tornó inalcanzable .
Lo paradójico es que la brecha no parece estar en el mostrador del camping. El valor por persona para acampar en Necochea, en efectivo, ronda los $12.500 , una cifra que palidece frente a cualquier hotel o alquiler temporario. Incluso quien llega con una casilla rodante paga apenas un poco más: en efectivo, son $32.300 para dos personas.
En Estancia El Carmen, la parcela para el acampe de dos personas cuesta por día $33.000 , e incluye un auto. La cifra trepa a $37.000 en efectivo si la misma pareja llega en motorhome o casa rodante. Con cualquier otro medio de pago la tarifa sube un 15%. En Splash, el más económico, que surfea una temporada regular, dos personas en carpa pagan $20.500 , y en casilla rodante, $23.000 .
"No es que el camping sea caro", explica Mujica Lázaro, "es que el costo de vida y el transporte han dejado al público popular sin margen de maniobra". El concesionario hizo un sondeo entre sus clientes, aquellos que de pronto comenzaron a faltar los últimos veranos. "Por eso afirmo que no es que eligieron otro destino, otra forma de viajar, no, es que no pudieron salir", apuntala.
En los sectores abiertos para vehículos de mayor porte o frente a las cabañas o bungalows, se ven camionetas nuevas y equipamiento de última generación, reflejo de una clase media más acomodada que ha mejorado su confort, el resto del predio luce raleado. El promedio de pernoctes es otro herido de guerra: En Necochea, de los históricos siete días se pasó a apenas dos . La gente "se escapa", no veranea.
El verano de 2026 dejará una certeza amarga. El camping, aquel espacio donde las diferencias sociales se diluían entre el humo de las parrillas compartidas, sufre su propia fragmentación. Aquel público deberá esperar a que la macroeconomía les devuelva alguna vez su lugar bajo el sol de la costa bonaerense.
Fuente:
Clarín
GENERAL JUAN MADARIAGA El Tiempo

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