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“De lo peor puede nacer algo distinto”: quién es el curioso coleccionista que compró el juego de té de Yiya Murano


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Nombre de prócer tiene: José Argentino Perruccio. Tiene 73 años y a simple vista es un personaje colorido. Con una boina que parece militar y un buzo verde al tono, se presenta al diálogo con Clarín. Luce serio, con cara de pocos amigos, pero es muy amable y respetuoso. Ex comerciante de muebles y colchones, muy habilidoso en materia de marketing, estuvo en boca de todos por ser el comprador de la vajilla que pertenecía a la recordada Yiya Murano.

María Bernardina de las Mercedes Bolla Aponte de Murano, más conocida como Yiya, fue la primera asesina serial de la Argentina. Entre febrero y marzo de 1979 , utilizando las mencionadas tazas, les sirvió té con cianuro a dos amigas y a una prima, a quienes les debía dinero. Las mató a las tres y fue condenada por estos crímenes a 10 años de prisión (en Flow se puede ver "Yiya", miniserie de cinco capítulos).

"En diciembre me enteré que estaban a la venta y a través de una amiga que trabaja en los medios, accedí a Martín Murano, el hijo de Yiya. Yo vivo en Comodoro Rivadavia, pero coordinamos y viajé a Buenos Aires para encontrarnos en el Hotel Presidente, en la calle Cerrito, y luego en una escribanía donde hicimos toda la operación" , cuenta en detalle Perruccio, que nació en Bahía Blanca, pero vive en la ciudad chubutense desde hace 48 años.

"¿Cómo me enteré que la vajilla estaba en venta? Una tarde, en casa, estaba viendo 'Intrusos' y allí estaba Martín Murano contando que el juego de tazas estaba abierto a una oferta económica , después de que se lo devolviera una familia a la que se le había obsequiado, hace un buen tiempo, el juego de nueve piezas", cuenta Perruccio.

Ya que hace mención de esa "devolución", vale repasar el llamativo maratón que hizo el juego de té en los últimos 45 años. Cuando se casó, Martín Murano contó que quiso desprenderse de varias cosas, entre ellas esta vajilla. "Se lo regalé a la mamá de una amiga, porque le gustaban las antigüedades", contó en su momento. “La señora falleció y la hija me llamó y me dijo que me iba a enviar un paquete: cuando llegó y abrí el envío, era el juego de tazas”.

Así fue cómo empezó el "operativo vajilla" que se puso entre ceja y ceja José Argentino. "Sabía que no me iba a escapar. Yo estaba dispuesto a pagar siempre y cuando fuera una cifra razonable. Apenas hablamos con Martín llegamos a un veloz acuerdo: 4.000 dólares . Coordinamos un punto de encuentro y a la semana viajé a Buenos Aires y me fui derechito al Hotel Presidente. Cuando las vi, me gustaron, son de los años '50 y tienen impresa la marca Excelsior".

Cuenta Perruccio que de la escribanía se dirigió al registro de marcas donde hizo suyas las palabras "Yiya" y "Envenenadora de Monserrat", entre otras, que podrá utilizar en su próximo libro sobre vivencias personales", comparte el bahiense que ya escribió "Así gané y perdí un millón de dólares". Agrega el hombre, muy locuaz por cierto, que "Martín (Murano) me pidió que esos 4.000 dólares de la negociación fueran destinados a refugios de animales en Chubut. Y que el 10% de las posibles ganancias que yo tuviera utilizando la marca Yiya, también vayan a esos refugios".

Se le pregunta dónde guarda el juego de tazas y pide un instante. Se levanta y unos minutos después trae una valija. "Acá está, bien guardadas -dice con cierto misterio-, inmaculadas las tazas. No las usé y no creo que las utilice con mi señora, porque además ella desde el vamos no quería saber nada , no le gustó mucho la idea cuando se lo comenté, tenía cierta aprehensión. Pero finalmente se la bancó, aunque con la condición de que no estén a la vista. Así que respeto el pacto y las tengo a resguardo, como se merece toda reliquia".

Cuando se le pregunta por qué las compró, Perruccio responde que es un coleccionista de rarezas, algo excéntrico tal vez, pero coleccionista al fin. "Son apuestas a futuro, zarpazos de marketing, que me dan resultados, como ocurrió con el Mercedes". Claro, indagando un poco más allá, José Argentino es la misma persona que en 1998 se quedó con el Mercedes Benz "trucho" de Susana Giménez , luego de adquirirlo en una recordada subasta y que fue tapa del diario Clarín .

Después de ofrecer 57.000 pesos, que en ese momento eran 57 mil dólares, el por entonces propietario de una mueblería de Comodoro Rivadavia se convirtió en el nuevo dueño del Mercedes Benz 500 gris metalizado , que se remató el 17 de junio en el Banco de la Ciudad. "Soy un admirador de Susana, ¿quién no quiere tener algo de ella?", fue la explicación de Perruccio, en aquel momento y luego de que se corriera el rumor de que fuera "un testaferro de Susana".

Recuerda que el auto se lo quedó rápido "después de pelear el precio durante cinco minutos con otros dos interesados". En todo concepto, IVA incluido y comisión del banco, Perruccio pagó 75.867 pesos. "Era un precio alto, tené en cuenta de que se trataba de un coche modelo 85 y en ese momento, en el mercado rondaría los 25-30 mil dólares. Pero bueno, valió la pena el esfuerzo... Yo era un hombre reconocido y casi famoso -ríe-, me hicieron muchas notas y fue un tremendo impulso para mis distintos negocios", recuerda sonriente José Argentino, casado y padre de tres hijos.

Se caracterizó siempre por proyectar, mirar hacia adelante. No daba puntada sin hilo, tenía un norte definido. "Como a fines de los años 90 contaba con mi local, José Muebles, decidí que el auto lo sortearía entre mis clientes, previa compra de alguna mercadería. Sentía que podía hacerlo, me iba bien y me consideraba un empresario que podía darme el lujo de comprar este auto para regalárselo a alguno de mis clientes". Revela que probó el Mercedes: "¿Si lo manejé? A vos qué te parece... Me vine manejándola desde Buenos Aires a Comodoro, una máquina tremenda".

En la década 90, Perruccio ya llamaba la atención de la ciudad por encarar curiosas promociones y publicidades que realizaba de sus locales de muebles y colchones: contrataba figuras de la época como Silvia Süller o Beatriz Salomón , cuando se encontraban de gira, cerca de Comodoro Rivadavia, y ellas "probaban" las virtudes de los colchones. "La repercusión era inmediata", saca pecho.

¿Por qué le atraen objetos manchados por corrupción o teñidos de sangre? "No es morbo, para nada. A veces de lo peor puede nacer algo distinto, del mal sale el bien. Me gusta limpiar objetos que tienen la suciedad del pasado”, enfatiza. "Y también son oportunidades. En aquel momento, con el auto, abrí una fábrica, y ahora, con las tazas, quizás me sirva para mi futuro proyecto del laboratorio medicinal".

Se muestra muy locuaz y convencido cuando se le pregunta de qué se trata: "Será un laboratorio medicinal basado en plantas autóctonas. Quisiera dar a conocer y concientizar a la sociedad sobre las propiedades medicinales de nuestras especies. Tenemos frutos desparramados en nuestros inmensos campos patagónicos que, bien procesados, podrían convertirse en medicamentos para ayudar a sanar" .

"En lugares como Comodoro Rivadavia, El Hoyo o Lago Puelo, contamos con cardo mariano, paico, caléndula y con estas especies de plantas se podrían elaborar remedios cardiovasculares y para vías respiratorias que podrían ayudar a mucha gente. Tengo el objetivo de desarrollar ese laboratorio antes de mi partida de este mundo . Confío que será una herramienta concreta para mejorar la salud y, sobre todo, la calidad de vida".

Confiesa que así como el Mercedes de Susana fue el trampolín para posicionar su fábrica de muebles, "las tazas de Yiya están pensadas para el inicio del laboratorio medicinal , que concientizarán a las futuras generaciones". Dice que es muy querido en Comodoro Rivadavia: "Uno cosecha lo que siembra, trato todos los días de ser mejor persona y de devolver el doble de lo que me dan. Y, sobre todo, no tirar el apellido de mis antepasados a los perros".

Se le insiste antes de la despedida. "¿Dónde tengo las tazas? -sonrisa sobradora-. Protegidas en una cámara frigorífica fuera de mi casa. ¿Si se deterioran? No. Es que compré en su momento un negocio y en la parte de atrás tenía una cámara con estanterías. Alquilé el local y la persona no necesitaba la cámara. Entre desarmarla y llevarla a un galpón la dejé armada y hoy la uso de depósito. Y las tazas las voy a estrenar con un rico té cuando inaugure mi laboratorio medicinal".

Redactor de la sección Sociedad


Fuente: Clarín


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