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(VIDEO) Eligieron tomar un camino rural para llegar a Gesell, perdieron parte del equipaje y horas después lo encontraron


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Para la familia de Juan José Navarro, las vacaciones comenzaron el 30 de diciembre porque todos se subieron a su “Jeppeneta” para emprender viaje a Villa Gesell y recibir allí el 2026. Ellos jamás pensaron lo que iban a sufrir y también festejar en cuestión de horas.


Familia numerosa y varios días en la costa llevaron a que todos colocaran sus bolsos, mochilas y valijas para este traslado.


“Metimos todo a presión, cerramos el baúl y partimos los 400 kilómetros que nos separaban de la playa”, relató en su posteo el hombre.


La Autovía 2 se volvía, por esos días, algo muy tedioso y, con un calor excesivo, el tránsito avanzaba muy lento: demoras en el peaje de Samborombón, también en Lezama, en Castelli y una larga cola para entrar en Dolores rumbo a la Ruta 63.


Por eso surgió la idea —que fue consultada con Google Maps— de tomar un camino de tierra que permitiera esquivar más congestiones y filas interminables de autos a paso lento. Así surgió la posibilidad de pasar por Dolores y tomar un camino rural hacia Villa Roch que, en una oportunidad, un lugareño le había mostrado al jefe de la familia.


“Es un camino rural que me hacía ahorrar muchos kilómetros y, aunque era de tierra, siempre estaba bueno y además me alejaba del caos del tránsito de estos días especiales. Así que así fue nomás el final de mi aventura para llegar a la costa. Con mis acompañantes dormitando y yo aburrido, me adentré en ese camino agreste y poco conocido para el común de la gente. Realmente era un espejo y se podía transitar muy bien; solo en tres o cuatro lados había unos pozos, pero más allá de eso, en un rato salimos a la Ruta 11, de allí a Madariaga, luego Pinamar y por fin Mar de las Pampas”.


Pero nunca pensaron que al llegar se darían cuenta de que empezaba un calvario: al revisar, faltaban bolsos y se habían caído computadoras importantes para el trabajo.


En ese momento las vacaciones parecían arruinadas, pero solo quedaba la esperanza de regresar a la zona del camino de tierra y viajar unos 120 kilómetros para intentar recuperar algo, aunque fueran solo pedazos de plástico.


Eran tres computadoras que se habían caído, con cientos de horas de trabajo, y algunas carpetas que habían sido llevadas para estudiar en el verano. Con su hija Valentina, Juan José tomó la decisión de ir al sitio donde tal vez la camioneta había impactado con el piso y donde todo, quizá, se había caído.



Dios existe


Con la esperanza intacta, hicieron el viaje hasta ese camino rural de tierra y hallaron los bolsos con las computadoras llenas de tierra, pero con grandísimas posibilidades de funcionar a pesar de todo.


“Dios existe. Porque creo que Dios ayuda a los tipos con buenas intenciones. ¿Qué posibilidades había de que después de tres horas las cosas estuvieran aún sobre la ruta? ¿Y que no las hayan pisado? Porque no solo yo anduve por esa ruta”.

Fue un milagro.
El milagro de Año Nuevo.


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GENERAL JUAN MADARIAGA El Tiempo