
Emma fingió estar muerta para seguir viva . Tiene apenas diez años. Estaba sola en su casa, en una zona rural de Santa Rosa del Conlara, San Luis, cuando el hombre que entró a robar la atacó a puñaladas . Emma entendió que si se movía, no salía con vida. Entonces se quedó quieta. Y así logró sobrevivir. Hoy sigue internada.
Lo que nadie sabía en ese momento (ni Emma, ni su familia, ni el pueblo entero) era que el agresor era Diego Domingo Ponce , un hombre que había sido condenado a prisión perpetua por un femicidio cometido en 2002 y que había recuperado la libertad condicional el 16 de octubre de 2025 , después de casi 21 años detenido en el Complejo Penitenciario Pampa de Las Salinas.
La noticia sacudió a toda la provincia. Y volvió a abrir una herida que nunca cerró.
El 11 de julio de 2002, Laura Natalia Chirino tenía 17 años cuando fue asesinada en la ciudad de Villa Mercedes . Ponce fue condenado a perpetua por ese femicidio. Para la familia de Laura, el tiempo pasó con la idea, o la necesidad, de creer que el asesino nunca más saldría.
Hasta ahora. “Cuando sale a la luz lo de Emma ahí nos enteramos que está libre”, cuenta Alberto Chirino, tío y padrino de Laura, en diálogo con Clarín . La noticia no llegó por un llamado judicial ni por una notificación oficial. Llegó por los medios . “Mi hermana me envió un link, entré y ahí me enteré”, dice.
El impacto fue doble : por la brutalidad del ataque a una nena y por la certeza de que el hombre que había destruido a su familia, que le había arrebatado la vida de su única ahijada, estaba caminando libre.
“Si el tipo no hubiera hecho nada, jamás nos hubiéramos enterado que estaba libre, porque ya te digo: no queremos saber más nada de él”, agrega Alberto.
En la familia Chirino el tema nunca volvió a hablarse. El silencio fue una forma de supervivencia . “Mirá, con mi hermano no he hablado de este tema, y no creo que lo haga si él no me dice nada. Él se quiere olvidar de esa basura”, explica Alberto.
“Yo soy el consternado, intentando hacer todo lo posible para que alguien dé una explicación de por qué lo dejaron en libertad ”. La bronca apunta a decisiones concretas. “Porque alguien hizo un mal informe, alguien firmó para que saliera”, sostiene.
Alberto también siente la necesidad de aclarar algo que, dice, muchas veces se contó mal .
“ No era pareja, menos novia . Él vivía al frente de la casa de mi hermano. Se juntaban con otros chicos, como todo adolescente”, explica. Ambos se conocían porque eran vecinos de la cuadra. Nada más. “Es más, él solía ir a la casa de mi hermano, estaba en los cumpleaños de Laurita. Resultó ser un enfermo ”, manifiesta.
Alberto recuerda a Laura como si el tiempo no hubiera pasado. Era una chica activa, fuerte, con proyectos. “Laurita era una niña estudiosa, tenía fuerza, buen físico. Él la atacó sentada y de atrás”, describe, y cuenta que la atacó con un cuchillo de los que se usan para cazar.
La Policía detuvo a Diego Ponce al día siguiente del crimen. “A partir de ahí quiero creer que nunca salió”, insiste Alberto. “Como le dije, mi hermano no quiso saber más nada de él. Mi hermano es una persona muy buena, por demás buena”, dice.
Alberto no habla solo como tío. Habla como padrino. “Yo era su padrino de bautismo, así que andábamos siempre juntos. Venía a mi casa, salíamos de vacaciones”, cuenta. Cuando recuerda a Laura, la nombra como en familia. “Esa era mi negra. Si no era a traición, el tipo jamás la hubiera podido”.
Cuando Alberto dice “esa era mi negra”, no habla solo desde el dolor sino desde el recuerdo vivo. La foto que guarda de Laura la muestra sonriendo, joven, con unos papeles en la mano y la vida todavía intacta. Es una imagen simple, cotidiana, de esas que no anuncian tragedias.
Para él, esa foto resume quién era Laurita antes de convertirse en una noticia policial : una chica cercana, alegre, presente en la familia, alguien que estaba ahí, caminando, riéndose, viviendo. Por eso la bronca vuelve con tanta fuerza cuando el nombre del femicida reaparece ligado a otra nena que hoy pelea por salir adelante después de lo que le pasó.
Hoy, más de veinte años después, la herida vuelve a abrirse. No solo por Laura, sino por Emma. “Yo por mi parte voy a hacer todo lo posible para que se pudra en la cárcel y que la jueza o quien corresponda dé una explicación coherente de lo que pasó”, remarca.
El ataque ocurrió el martes alrededor de las 12.30, en una vivienda ubicada sobre la ex Ruta 23, camino a Los Peros, a unos dos kilómetros de Santa Rosa del Conlara. Según la investigación, Ponce llegó en bicicleta, ingresó al predio y entabló contacto con la niña, que estaba sola.
Entró a la casa con un elemento punzante (un cúter o una navaja), exigió plata y le provocó una herida en el cuello a la pequeña. Emma sobrevivió porque simuló estar muerta. El agresor huyó tras robar 900 mil pesos y 100 dólares. Fue detenido poco después.
La Fiscalía imputó a Ponce como autor material de robo calificado por el uso de arma y homicidio criminis causa en grado de tentativa, en concurso real.
El juez tuvo por formulados los cargos y ordenó su traslado inmediato al Servicio Penitenciario de San Luis por 120 días, mientras avanza la investigación.
La conmoción social no se detuvo en los tribunales. Vecinos y vecinas de Santa Rosa del Conlara convocaron a una marcha para este domingo a las 19 en la plaza Pringles . El pedido es claro: justicia por Emma, mayor seguridad y la destitución de la jueza Nora Villegas , quien otorgó la libertad condicional a Ponce.
Alberto quiere estar. “Mañana hay una marcha por Emma y pedido de juicio para la jueza. Tengo muchas ganas de ir. Lo que pasa es que no me queda muy cerca, son 180 kilómetros. Ya vamos a ver”, dice al terminar la entrevista.
Mientras tanto, Emma sigue recuperándose. Y la familia de Laura vuelve a cargar con una pregunta que duele tanto como el primer día: cómo fue posible que el femicida volviera a estar libre.
Redactora de la sección Sociedad
Fuente:
Clarín
GENERAL JUAN MADARIAGA El Tiempo

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