A los 86 años falleció Felipe Olivera Moreno, conocido por todos como “El Puma”, una figura entrañable y profundamente ligada a la cultura, el deporte y la historia de General Madariaga y la región costera.
Autor, poeta, compositor, boxeador y guardavidas durante décadas en Ostende y Pinamar, El Puma dejó una huella imborrable a través de sus vivencias, muchas de ellas volcadas en libros publicados a lo largo de los últimos 20 años, como El asado, Entre crotos y linyeras y Memorias de un guardavidas.
Ese último libro lo llevó a brindar una extensa entrevista a Infobae, donde relató uno de los episodios más crudos de su vida: el hallazgo de cuerpos arrojados al mar durante la última dictadura militar, en el marco de los llamados vuelos de la muerte.
El testimonio que marcó su vida
“Eran como seis o siete cadáveres que venían flotando”, recordó El Puma al reconstruir aquel episodio ocurrido en diciembre de 1978, mientras trabajaba como guardavidas en Ostende junto a su colega Héctor Sciutti.
“Dos minutos antes le dije: ‘Mirá qué cardumen debe haber porque las gaviotas no paran de revolotear’. Pero no, eran cuerpos”, relató con precisión estremecedora.
Según contó, una sudestada empujaba los cuerpos hacia la costa, a unos 800 o 1.000 metros del muelle. Al intentar acercarse, fue interceptado por un policía que le ordenó regresar a su puesto, mientras un grupo de efectivos en una Estanciera azul retiraba los cuerpos envueltos en lonas de carpas.
“Ya se hablaba de los vuelos de la muerte y yo lo estaba viendo”, afirmó.
Miedo, persecución y militancia
El Puma reconoció que aquel tiempo estuvo atravesado por el miedo. “Me salvé de milagro. Me tenían marcado”, sostuvo. Había estado afiliado al Partido Comunista y durante la dictadura vivió situaciones límite, como la presencia de un Ford Falcon con hombres armados frente a su casa.
“Si entraban, yo me quedaba. No me daba cuenta de lo que decía, tenía dos hijas chiquitas”, confesó.
Un comisario local, que lo conocía de la época de la colimba, intervino y evitó su detención. Poco después, Jorge Vásquez, vecino de Madariaga, fue secuestrado y permanece desaparecido.
La certeza del mar
Con conocimiento profundo del mar, El Puma nunca dudó del origen de los cuerpos. “Conozco el mar como la palma de mi mano. La corriente los trajo desde Mar del Plata”, aseguró.
Ese testimonio fue clave en causas judiciales posteriores. Junto a Sciutti, declaró ante la Justicia de Dolores, acompañado por Lía Ruau, esposa de Jorge Vásquez, una de las grandes luchadoras por la memoria en la región.
Una vida ligada al mar y la palabra
Felipe Olivera Moreno llegó a Ostende en 1948, con apenas 9 años. “Solo se veía una llanura verde, un desierto amarillo y la inmensidad del mar”, describió en su libro.
A los 18 años ya se sentía guardavidas. Su primer rescate, recordó, fue una mujer de apellido Barceló. “Una ola solidaria nos sacó del chupón”, contó.
En 1969 obtuvo su título oficial, tras años de trabajar, como él mismo decía, a puro coraje. Luego vendrían décadas de servicio, rescates, experiencias y finalmente aquel verano del 78/79 que lo marcó para siempre.
Además de guardavidas, fue poeta, cantor de tangos, hombre de campo y escritor prolífico, vendiendo sus libros a precios populares desde su propio Facebook.
Memoria, verdad y legado
El Puma acompañó y fue parte del proceso que permitió identificar restos de personas desaparecidas enterradas como NN en cementerios de Madariaga, Lavalle y Villa Gesell, gracias al trabajo del Equipo Argentino de Antropología Forense.
Su vínculo con referentes de derechos humanos y su compromiso con la memoria lo convirtieron en una voz imprescindible del pasado reciente.
“Sentí la necesidad de escribirlo. Fue parte de mi vida”, decía sobre su libro.
Antes de despedirse en aquella entrevista, dejó una definición que resume su honestidad: “Cuando vi que el Partido Comunista apoyaba críticamente a la Junta, rompí el carnet. Nunca más”.
Felipe “El Puma” Olivera Moreno se fue, pero deja una herencia de palabras, coraje y memoria. Su historia ya es parte indeleble de Madariaga y de la costa argentina.
GENERAL JUAN MADARIAGA El Tiempo

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