
Un trabajador de limpieza para una empresa de la Ciudad de Buenos Aires fue despedido luego de insultar a una compañera en medio de la jornada laboral. El caso derivó en un conflicto judicial que, muchos años después, terminó beneficiando al empleado.
El hombre comenzó su vínculo laboral con la compañía en octubre de 2015. Aunque los primeros meses realizó sus tareas sin inconvenientes, en abril de 2016 la empresa le comunicó su despido con efecto inmediato y lo acusó de haber insultado a una compañera en el ámbito laboral.
En la carta de desvinculación, la empresa afirmó que, al ser consultado por una compañera sobre el cumplimiento de su trabajo, el empleado respondió de forma ofensiva y despectiva , injuria suficiente para despedirlo por justa causa.
Lejos de aceptar el despido, el trabajador llevó el caso a la Justicia . En la demanda, pidió que se le paguen indemnizaciones por despido sin causa, salarios adeudados y otros conceptos. La compañía, por su parte, sostuvo que se trataba de una falta grave y que el despido era adecuado.
Aunque en una primera instancia la Justicia rechazó la demanda del trabajador, tras la apelación la Cámara cuestionó la imparcialidad de la compañera y valoró otros testimonios que describieron al empleado como una persona educada. En ese contexto, se modificó el fallo y el despido fue considerado injustificado .
Además de declarar el despido injustificado, la Cámara del Trabajo ordenó a la compañía a que le pague al trabajador distintas indemnizaciones y conceptos, por un monto que superó los $76 mil nominales y que va a ser actualizado de acorde a la inflación y con intereses hasta que se pague.
El fallo remarcó la importancia de tener pruebas suficientes acerca de las faltas graves que terminen en un despido. Además, destacó que las sanciones aplicadas por las empresas deben ser proporcionales a la gravedad de la conducta.
Fuente:
TN
GENERAL JUAN MADARIAGA El Tiempo

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