Ránking de sueldos: El lugar de la Argentina donde se cobran los mejores salarios, pero no es fácil ser feliz


Lago Buenos Aires, Río Chico, Pehuenches y Magallanes son departamentos patagónicos con varias características en común. Están muy poco poblados -en Río Chico hay apenas 809 puestos de trabajo-, y son ventosos y fríos. Lo otro que comparten es que allí se pagan, en promedio, los sueldos más altos de la Argentina. Tres de ellos son de Santa Cruz. Otro -Pehuenches- es de Neuquén. Están lejos de ser una excepción. 

Los primeros lugares del listado de distritos con mejor sueldo promedio están repletos de localidades patagónicas. Recién en los puestos 9 (Vicente López), 10 (San Isidro), 11 (ciudad de Buenos Aires) y 12 (Zárate) aparecen jurisdicciones que no son sureñas. En el otro extremo del ránking salarial están las localidades del norte del país. Sanagasta (La Rioja), Santa Catalina (Jujuy) y Valle Grande (Jujuy) registran los salarios promedios más bajos de la Argentina. 

Las diferencias son enormes. Los apenas 20 trabajadores de Sanagasta cobran $57.000 de sueldo promedio. En Lago Buenos Aires, el sueldo promedio es más de seis veces más alto: $361.000. El mapa que acompaña esta nota con el promedio de todos los sueldos privados y públicos por departamento es elocuente. El sur del país está pintado de verde oscuro (el color con el que se marcan las localidades con mejores salarios) y va virando al amarillo y al rojo (el código para los salarios más bajos) a medida que se avanza hacia el norte. Los datos surgen de un relevamiento del Centro de Estudios para la Producción, un organismo que depende del Ministerio de Economía, y toma todos los salarios brutos registrados en la Argentina hasta mayo de este año. 

Por el contexto de alta inflación del país, resulta muy probable que los sueldos publicados se hayan actualizado en los últimos meses. Los hidrocarburos y la minería explican esta disparidad salarial. Las actividades de mayor sueldo promedio en los ocho primeros distritos son la explotación de petróleo, gas o metales preciosos. En los dos primeros distritos del ránking -Lago Buenos Aires y Río Chico- vive muy poca gente y hay minas de oro o plata. Deseado, el sexto distrito de mejores salarios de la Argentina, es el polo petrolero de Santa Cruz. Caleta Olivia, Pico Truncado y Las Heras son sus principales ciudades. En Sanagasta, el departamento con los peores salarios, los 20 empleos registrados trabajan en la administración pública.

Salario bruto promedio de los trabajadores registrados

Incluye las empresas del sector público y privado



La brecha salarial y su marcado correlato geográfico dispara una serie de preguntas. La primera es si la causa de esta disparidad responde a condiciones naturales (el sur tiene mayores recursos que el norte y por eso se paga mejor), de distribución demográfica (en el sur se paga más porque son menos trabajadores y, por lo tanto, más demandados) o decisiones políticas (en el sur lograron promover la radicación de industrias que generan mayores riquezas y, por lo tanto, pagan mejores salarios). El otro interrogante es qué consecuencias sociales tienen estos altos salarios en las familias de los que los cobran y en los pueblos donde habitan. 

Las localidades con explotación petrolera o minera son en su mayoría lugares postergados y carentes de infraestructura. Luego de décadas de subsistir con economías básicas y dependientes de la explotación ganadera, el descubrimiento de recursos naturales suele aumentar de manera exponencial su población con inmigrantes, que llegan atraídos por los altos sueldos. Son como Qatar, pero con unos 20 grados menos de temperatura y sin shoppings, hoteles de lujo ni Mundial de fútbol. Añelo, el centro operativo del yacimiento de Vaca Muerta, en Neuquén, es un claro ejemplo de este proceso. En 2012 era un paraje olvidado de apenas 2500 habitantes. La explotación de hidrocarburos generó los atractivos para una inmigración masiva -hoy la habitan unas 10.000 personas- pero no así los servicios necesarios para abastecerlos. 

“Te acostumbrás a la soledad”, dice Patricio Mansilla, un operador de plataforma offshore de Enap Sipetrol. Con 43 años y tres hijos, su trabajo está en el medio del océano, a 35 minutos de helicóptero de la base que la empresa tiene cerca de Cabo Vírgenes, al sur de Santa Cruz. Según Mansilla, en las diferentes plataformas, que en los días claros se ven desde la costa donde comienza el Estrecho de Magallanes, trabajan entre cinco y 21 personas, dependiendo de su función y tamaño. Mansilla hace turnos de 14 días en las estructuras de 80 metros cuadrados elevadas sobre el embravecido mar. Trabaja 12 horas en la sala de control de la plataforma. 

Monitorea los sistemas de seguridad para asegurarse de que la extracción de gas y petróleo funcione sin inconvenientes. El resto de la jornada duerme, mira televisión -desde hace un par de años tienen conexión a internet- o quema energía en el gimnasio. Unas chapas a modo de pared intentan morigerar los vendavales de la zona, pero igual no hay mucho espacio para caminar. “La clave es mantenerte ocupado”, afirma Mansilla, que nació en Puerto Natales, Chile, pero emigró de muy chico a Río Gallegos. “Muchas veces parecería que compensamos dinero con afecto”, señala para referirse a los sacrificios que conlleva su trabajo. 

Está muy bien pago -un puesto como el suyo puede llegar a tener un sueldo en mano de $700.000- pero el costo para la vida familiar es enorme. Separado de la madre de sus hijos desde 2015, Mansilla dice que los divorcios son la norma entre sus compañeros de trabajo. “La mayoría va por su segundo o tercer matrimonio”, explica. El problema son las dos semanas lejos, pero también la vuelta al hogar. La rutina familiar se altera por la llegada de un virtual extraño, que encima tiene demasiado tiempo libre y muchas veces pretende imponer sus reglas. “Cuando volvés a tu casa tenés que adaptarte a la convivencia porque desorganizás todo”, dice. 

Las trabas emocionales derivados de estos conflictos generan muchas situaciones de abuso de alcohol y drogas entre los trabajadores del rubro. Como parte del protocolo de seguridad antes de ingresar a la plataforma, Mansilla dice que a él y al resto de los operarios les hacen controles médicos que incluyen análisis para detectar y prevenir el consumo de sustancias adictivas. Las 20 jurisdicciones del país con mayores ingresos

Detalle del salario bruto promedio por tipo de actividad





“Las Heras es un gran campamento”, describe el cura Luis Bicego sobre una de las principales ciudades del polo petrolero de Santa Cruz. La explotación de hidrocarburos genera uno de los mejores salarios de la Argentina -en el departamento de Deseado, al que pertenece Las Heras, el sueldo promedio de los empleados de petróleo y minería es de $530.000- pero a la ciudad le cuesta abastecer de servicios a los miles de inmigrantes que se incorporaron en los últimos años. “Algo se está haciendo pero muy poco”, dice Bicego, que nació hace 73 años en Verona, Italia, y hace 55 vive en la Argentina. Estuvo en La Matanza, en el conurbano bonaerense, luego en Las Heras y ahora en Los Antiguos, en el departamento santacruceño de Lago Buenos Aires, el de mejores salarios promedio de la Argentina gracias a los sueldos de la explotación minera. 

“Hay mucha violencia familiar y problemas de droga”, indica sobre Las Heras. La mayoría de las personas, explica, llega de provincias del norte del país con la ilusión de generar ahorros y volver a su lugar de origen, pero la carencia de oportunidades les trunca el plan. “Viven con un pie acá y dos allá”, señala. “Esto es un páramo frío y sin vegetación, los chicos que vienen de las provincias del norte sufren mucho”, agrega. Héctor Ampuero, secretario general de ATE, el gremio de los trabajadores estatales, en Las Heras coincide en la descripción que Bicego hace de la ciudad como un “gran campamento”. También dice que el problema es la asimetría. Un trabajador petrolero cobra muy buen salario, lo que dispara los precios de los alquileres y los alimentos, pero los empleados municipales y provinciales ganan mucho menos y no pueden acceder a esos servicios. 

“Estamos parados sobre un yacimiento de petróleo, rodeados de riquezas, pero el recurso no renovable se va y queda poco para el pueblo”, se queja. La situación de Las Heras fue noticia por una serie de suicidios entre 1997 y 1999, con 22 víctimas. Leila Guerriero escribió un gran libro sobre el tema, Los suicidas del fin del mundo, en el que narra la desesperanza del pueblo patagónico. Bernardo Díaz de Astarloa es un economista especializado en desarrollo productivo y exfuncionario del Ministerio de Producción en la gestión de Mauricio Macri. De joven trabajó en una fábrica de San Martín y tenía un compañero que todos los años se iba a hacer temporada en una plataforma petrolera offshore de Chubut. Ese tipo de migración económica, dice, es la que está detrás del crecimiento de lugares como Las Heras. Su explicación de por qué eso ocurre en el sur y no en las provincias del norte no se reduce a los recursos naturales. “En muchas provincias del norte -como Catamarca, Jujuy y Salta-, hay potencial minero, pero no logran crecer, como sí ocurre en el sur”, subraya. 

La clave, explica, es que para el desarrollo de una industria necesitás “que muchas cosas pasen a la misma vez (insumos, personal calificado y facilidades para la inversión, entre otras)” y eso requiere una compleja coordinación política que no siempre está presente. Lo otro que influye en el nivel salarial, señalan los especialistas, es la demografía. El salario de provincias como Catamarca, explican, es más bajo que en Santa Cruz por una cuestión de oferta y demanda. Al haber más trabajadores disponibles en el norte, se abaratan los costos de contratación. 

Un norte con moderados recursos naturales y mucha población, un centro (la Pampa húmeda) con muchos recursos naturales y abundante población y un sur que también abunda en recursos naturales, pero tiene escasa población. En esa descripción simplificada y sintética se cifra la clave para entender la distribución salarial de la Argentina