Hace 23 años quiere saber si es hijo de un millonario, pero se frenó la exhumación que podría confirmarlo



El día que tanto había esperado, finalmente, había llegado. Ángel Eduardo Páez estuvo este martes 13 frente al imponente mausoleo del Cementerio del Oeste a las 8 de la mañana: el cadáver del hombre que podría ser su padre sería exhumado para poder confirmar su identidad, tras 23 años de espera, pero no pudo ser: una vez más, el procedimiento para extraerle ADN a Elías Chahla, un importante empresario tucumano, se pospuso.

El caso siempre estuvo signado por demoras: el expediente de filiación se inició en 1999, “Don Elías” o “El Turco”, como le decían a Chahla, murió en octubre 2010 luego de amasar una importante fortuna. De confirmarse la paternidad, Páez podrá reclamar una herencia de US$40 millones, de la que es parte la exmnistra de Salud y diputada Rossana Chahla, hija del empresario.

Según el escrito, la nueva demora responde al estado de abandono de la sala del cementerio donde se realizaría la toma de muestra, que torna “imposible el cumplimiento de la tarea encomendada al equipo científico de investigaciones fiscales del Ministerio Público Fiscal”, circunstancia que fue comunicada al juez de la causa, Carlos Torino, quien suspendió la medida sin fecha de reprogramación.



“Hay otras condiciones que se deben cumplir que no se cumplían”, dijo a TN Páez luego de conocerse la decisión, aún masticando bronca. “Me llama la atención que no se fijaron que esté todo en orden. Hace un mes el cementerio sabía que se iba a hacer”, agregó.

Su abogado, Mariano Peralta -que llevó personalmente la manda judicial apenas fue emitida- describió el estado de la sala: “Era un basural, salían cucarachas, había chapas tiradas, nidos de ratas... Para evitar más dilaciones vamos a pedir que el féretro sea trasladado al laboratorio forense. En diez días es un plazo razonable para hacerlo”, adelantó.

El procedimiento debía hacerse el jueves pasado, pero fue reprogramado a último momento por cuestiones operativas del Laboratorio de Genética Forense del Cuerpo Médico Forense y Morgue Judicial.

La historia de Ángel Páez y Elías Chahla en Tucumán: caramelos y caña de azúcar

“Esto se remonta a un pueblito, Santa Rosa de Leales, a 50 kilómetros de San Miguel de Tucumán. Y, como en todos los pueblitos, los chismes van de punta a punta con rapidez”. Así comienza a contar su historia Ángel Páez, un hombre de 59 años que busca comprobar en la Justicia que es el hijo de Elías Chahla, un hábil comerciante que escaló hasta convertirse en uno de los empresarios más poderos de la provincia.

En 1970, envuelto en un delantal blanco, Ángel Páez aprovechaba alguna distracción de las maestras de la Escuela Nacional N°120 para cruzar corriendo al almacén de Ramos Generales. Se llenaba las manos de caramelos y le pagaba al hombre fortachón y de baja estatura que estaba detrás de la caja.



En ese momento, estaba convencido de que su abuelo Valentín y su abuela, Carmen, eran sus padres. Creía, además, que la joven que lo llevaba todos los días al colegio, era su hermana. Padecía las burlas de sus compañeros, que buscaban abrirle los ojos sobre el rumor que corría entre los adultos.

María Trinidad había conocido a “El Turco”, como le decían al próspero comerciante tucumano, diez años antes. “Mi mamá, que vivía a 50 kilómetros de San Miguel de Tucumán, iba a la ciudad a hacer las compras. Él le ofrecía llevarla. Entre ida y vuelta, quedó embarazada a los 18 años”, cuenta Ángel a TN.

De acuerdo a esa versión, Elías Chahla -de novio con la que sería su esposa- no quiso hacerse cargo del bebé y la familia Páez, que trabajaba en la zafra (la cosecha de caña de azúcar), eligió callar.

Valentín no tomó ninguna represalia contra su hija. Por el contrario, “donde comen tres, comen cuatro”, le dijo a la joven que optó por ponerle “Eduardo” como segundo nombre al recién nacido, en honor al obstetra que lo recibió en el Hospital.

“Eduardo, que fue mi padrino, fue el único que la ayudó. Le obsequió pañales y otros artículos para darle una mano”, recuerda sobre el médico.

“Cuando nací, mi mamá comenzó a trabajar como empleada doméstica y seguía pelando a mano las cañas de azúcar, todo, para darme un sustento. Ella andaba en sulky y no tenía para comprar calzado. Ese sentimiento de ‘falta’ lo viví desde chico, mientras mi padre crecía económicamente. La dejó tirada, se borró”, asegura Páez.

“Solo recuerdo que mi tía, una mujer de ojos miel, me llamaba desde la esquina en la salida de la escuela y me daba un sándwich de mortadela y un vaso de gaseosa. En esa época empezaban a verse las botellas de vidrio de Coca-Cola. Me miraba con ternura y me decía: ‘Tomá mi amor’”, cuenta.

María Trinidad, su mamá, murió en 2002. Nunca se casó. Tampoco hizo ningún comentario sobre el padre de su hijo. “Yo me fui dando cuenta con el tiempo de que lo que me decían mis compañeros de la escuela, en tono de broma, era real: que mis padres eran mis abuelos y que mi hermana era mi mamá. También, que yo era “el hijo del Turco”, como ellos me remarcaban”.

“Hace 59 años, ser madre soltera era un tormento, un mal ejemplo. Hoy quiero ser su justiciero”, asegura.

“Cuando le conté a mi mamá que yo iba a buscar que mi padre me reconociera, ella me dijo: “Si querés hacerlo, no hay problema. Nunca me habló mal de él ni de su familia. Yo creo que ella sentía que había defraudado a sus padres y se sentía mal por eso”, agrega sobre la charla que tuvo con su mamá 23 años atrás.

“Ahora espero que el cotejo de ADN llegue a buen puerto y que nadie meta la manito”, dice con una desconfianza impulsada por las demoras en la causa. “Tengo una ansiedad controlada, porque ya te acostumbras, pero es algo terrorífico la cantidad de tiempo que pasó sin que yo pueda tener una respuesta que tiene que ver, nada más y nada menos, con mi identidad”, cierra.

La disputa se dirime en el Juzgado Familia y Sucesiones de la 3° nominación, a cargo de Juan Carlos Torino. Pese a que desde 2017, el juez citó a las hijas de Elías, Rossana y María Emilia Chahla para el estudio de ADN. Ninguna accedió a someterse a la pericia. Por esa razón, “Don Elías” debe ser exhumado.

Rossana fue ministra de Salud de Tucumán y ocupa, en la actualidad, en una banca de la Cámara baja en el Congreso Nacional. Ángel, que es representado por el abogado Mariano Peralta, es cuentapropista.

En caso de que el cotejo genético dé positivo -cuando se haga-, el nene de 10 años que, a escondidas y a las apuradas, le compraba caramelos al dueño del almacén de Ramos Generales, tendrá derecho a su millonaria herencia.


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