La historia de la chica de 16 años prostituida a metros del Obelisco

D.C., nacido en la República Dominicana, nunca había tenido un trabajo en blanco en la Argentina. Cobró sólo el modesto sueldo tumbero de los presos que realizan tareas menores en penales federales: estuvo encerrado en uno durante 2016 por una pena de cuatro años de prisión. También es un violento con las mujeres, con la suya, principalmente. En 2018, la madre de sus hijos lo denunció por estrangularla una madrugada tras volver de una discoteca. La atacó frente a su bebé que lloraba: las lesiones habían quedado en su cuello. Lo condenaron también por ese delito, a seis meses. Apeló con su defensor oficial, pero la Sala II de la Cámara de Casación le rechazó el planteo en febrero de 2020. Básicamente, le dijeron que mentía en su descargo, tratando a su pareja de borracha, y que no iban a creerle. Luego, siguió con su vida.

Billy, su cómplice, es el caso contrario. Siempre fue un trabajador, al menos en los papeles. Nacido en Haití, pasó los últimos ocho años entrando y saliendo de empresas de gastronomía y catering, su rubro usual.

El fin de semana, Billy fue arrestado por la Policía de la Ciudad en un edificio de Corrientes al 1.600, esquina Talcahuano, a dos cuadras del Obelisco, entre luces de teatros y librerías, y pizzerías. A D.C. lo habían arrestado un día antes. Se habían convertido en socios, según la investigación de la Fiscalía Federal N°5 a cargo de Franco Picardi. A fines de agosto, un vecino de un edificio en la Callao al 700 llamó perturbado al 911. Una chica de 16 años lo había interceptado en el hall. Le dijo que era prostituida, una esclava adolescente del comercio sexual.

D.C. y Billy eran sus explotadores, los presuntos cafishos de la menor de edad. Así, con la caída de Billy, la menor fue encontrada por la Policía y puesta a resguardo. En los próximos días, según estiman fuentes judiciales, podrá decir su verdad: enfrentará una declaración en Cámara Gesell.

El llamado al 911 dio inicio a una investigación de la división Trata de Personas de la Policía de la Ciudad. No fue sencillo. Los proxenetas huyeron con la menor del departamento en Callao. Fueron, primero, hacia uno de la calle Corrientes, luego a otro en el mismo edificio, y, finalmente, a una propiedad de la calle Tucumán. En dos de esas direcciones funcionaban prostíbulos en capacidad operativa total, con varias trabajadoras sexuales. En otro, vivían D.C. y Billy: allí, ocultaron a la chica de 16 años.

La investigación continuó de forma encubierta, entrevistas con vecinos, también análisis de cámaras. Los videos revelaron que un grupo de mujeres en la calle Tucumán alternaba con otro: unas trabajaban el turno día, otras el turno noche. Quien les abría la puerta, de acuerdo a las imágenes, era D.C.

En el medio, hubo un truco que permitió llegar hasta la víctima. D.C. fue arrestado el 15 de octubre, no por este hecho, sino por su vieja causa, golpear a su mujer: tenía un pedido de captura pendiente. Lo arrestaron en Corrientes; Billy fue testigo. Visiblemente asustado, el haitiano comenzó a preguntar a la Policía por qué se llevaban a su cómplice, si era solo por las lesiones a su ex mujer, o algo más. Esto permitió afilar aún más la ruta del expediente. Se descubrió que la menor vivía junto a él. Cuando fueron por el haitiano al día siguiente, la menor fue rescatada: dormía en ropa interior en una cama matrimonial dentro del monoambiente.

Las pruebas incautadas no ayudan a los detenidos, que se negaron a declarar el domingo y no pidieron sus excarcelaciones. Hallaron preservativos, maquillaje, medios de pago digitales, que podrán ser peritados para revelar un rastro de clientes; anotaciones sobre los prostíbulos, teléfonos, computadoras.

En su entrevista inicial con la Oficina de Rescate, la menor aseguró que no era explotada, que era la novia de Billy, el haitiano, 14 años mayor que ella. No dio precisiones sobre cuándo comenzó su supuesto cautiverio. Luego, recuperó el contacto con su madre. Lo que diga en Cámara Gesell será clave.

D.C. y Billy, por su parte, siguen detenidos. Sus nombres son una fantasía empleada en esta nota para proteger la investigación en curso: la trama de su negocio no termina con sus arrestos.




 


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