La Defensoría del Pueblo bonaerense volvió a pedir que se
lleve adelante un Juicio por la Verdad en el caso de Patricia Aguirre, quien
había sido abusada sexualmente por su tío durante su niñez, lo que le
permitiría alcanzar algún tipo de reparación a los tormentos sufridos hace más
de veinte años, más allá de que el delito haya prescrito.
A través de un pedido de amicus curiae, el organismo que
conduce Guido Lorenzino le planteó a la Cámara de Casación Penal de la
Provincia que lo incluya en la segunda instancia del proceso, al tener en
cuenta el interés público de la causa y la incidencia que la decisión pueda llegar
a tener en la resolución de casos similares.
“Entendemos que conocer la verdad histórica de los hechos de
abusos sexuales puede tener un efecto reparador en la adultez para la víctima y
denunciante, ya que la condición de niña abusada, en este caso, necesita el
reconocimiento proveniente del Estado y la sociedad para recuperar así la
confianza en sí mismo y en las demás personas”, sostuvo Lorenzino.
Esta mirada se apoya en entender que la proscripción para
los delitos contra la integridad sexual de niños, niñas y adolescentes
cancelaría el derecho de la víctima a que su verdad sea discutida públicamente,
transformando así la violencia particular en violencia institucional.
Ante este escenario aparecen los Juicios por la Verdad como
una herramienta para que la víctima pueda llegar a la verdad jurídica objetiva:
el delito se encuentra prescrito, por lo que no se puede aplicar pena, pero
nada impide que se lleve a cabo este tipo de juicio que serviría como acto
reparatorio para la víctima.
“La prescripción de la causa sin que se tome en cuenta las
circunstancias especiales que hicieron que la víctima no pueda denunciar los
abusos sufridos, termina afectando el proceso penal. Si no fuera por los
Juicios por la Verdad, esta situación cancela el derecho de la víctima a que su
verdad sea discutida, y además obliga al Estado a asegurar las garantías
jurídicas que recaen sobre las víctimas de abuso sexual infantil”, puntualizó
Lorenzino.
El caso
Patricia Aguirre fue víctima de abusos a los cinco años por
parte de su tío, una situación que se repitió hasta que cumplió diez. Sólo
después de ser madre y haber recibido tratamiento psicológico pudo denunciarlo
veinticinco años después.




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