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Tiene parálisis cerebral, pinta con un pincel adaptado a la cabeza y ya vendió varias de sus obras

 



Eduardo Ríess tiene 62 años y encontró en el arte una forma de expresarse, superar una profunda depresión y demostrar que las limitaciones físicas no pueden frenar su talento. Pinta utilizando un pincel adaptado a su cabeza y ya logró vender varias de sus obras.

Eduardo nació el 14 de febrero de 1964, en circunstancias muy difíciles. Su madre falleció mientras estaba embarazada y los médicos debieron intervenir durante el parto. Según contó su hermana Liliana Ríess, fue extraído con fórceps y sufrió una lesión que derivó en una parálisis cerebral, diagnosticada recién cuando tenía seis meses.

Durante gran parte de su vida estuvo al cuidado de familiares. Primero fue criado por su abuela paterna, quien lo acompañó hasta los 27 años. Luego pasó un tiempo en Misiones junto a una tía y, tras el fallecimiento de ella, sus hermanas lo llevaron al Hogar Terapéutico Florida II.

El cambio llegó cuando comenzó a atravesar una depresión debido a las dificultades para adaptarse a su nueva vida. Blanca Laniz, jefa de Enfermería del hogar y amiga de Eduardo, comenzó a sacarlo a pasear y posteriormente lo llevó al barrio de Benito Quinquela Martín.

Fue allí donde descubrió la pintura. Eduardo comenzó a trabajar al aire libre y rápidamente llamó la atención de quienes pasaban por el lugar.

Para encontrar la técnica que pudiera utilizar, sus profesores probaron diferentes alternativas hasta que una docente del hogar propuso adaptar un pincel para que pudiera manejarlo con la cabeza. El método funcionó y Eduardo comenzó a desarrollar su propio estilo.

Con el acompañamiento de sus profesoras de Arte, Rosa Amarillo y Camila Banzas Forestier, estudió diferentes movimientos artísticos, vanguardias y grandes artistas a través de libros e internet. Con el tiempo logró manejar el pincel sin necesidad de cintas adhesivas y adquirió mayor confianza en sus propias decisiones artísticas.

Aunque Eduardo no puede comunicarse verbalmente, sus docentes aseguran que eso nunca fue un impedimento. “Eduardo habla con los ojos”, explican, y destacan que a través de sus miradas, gestos y expresiones pudieron construir una forma de comunicación.

En los primeros dos años de trabajo junto a Camila, pintó más de 50 cuadros y vendió algunas de sus obras. Actualmente cuenta con 44 piezas registradas, entre trabajos propios y versiones de obras de reconocidos artistas.


 

Su producción también refleja su mundo interior. En algunas pinturas se imagina en una playa o junto a su madre. Una de esas obras es, según hizo saber, su favorita.

En junio de este año, Eduardo tuvo además la oportunidad de exhibir su trabajo en el Anexo del Congreso de la Nación, en una muestra titulada Entre raíces, sueños y pinceles.

Sus profesoras destacan que logró construir una identidad artística propia. “Uno ve sus cuadros y dice: ‘Es un Ríess’”, señaló Alicia Ferro, terapeuta ocupacional y coordinadora de las actividades del centro.

Para quienes lo acompañan, la pintura no solo permitió que Eduardo desarrollara un talento que permanecía oculto: también le devolvió las ganas de vivir y encontró una manera de comunicarse con el mundo a través de sus obra


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