La Justicia de Bolivia dispuso que Fernando Cerimedo permanezca 180 días bajo prisión preventiva mientras avanza la investigación por la presunta tentativa de femicidio contra su expareja, Nadia Beller. El lugar elegido para su alojamiento será Palmasola, el complejo penitenciario ubicado en Santa Cruz de la Sierra que desde hace años concentra fuertes cuestionamientos por sus condiciones de detención.
Más que una cárcel tradicional, Palmasola desarrolló dentro de sus límites una dinámica propia. La enorme cantidad de personas alojadas y la particular organización de algunos de sus sectores hicieron que el establecimiento sea conocido como una “ciudad prisión”, donde además de los espacios destinados al alojamiento de internos funcionan comercios y diferentes actividades.
El tamaño del complejo permite entender parte de la problemática. Fue construido originalmente para unas 600 personas y actualmente alberga alrededor de 9.000, según los datos citados en los últimos informes. La Defensoría del Pueblo había advertido en 2025 que el nivel de hacinamiento llegaba al 205%, convirtiendo a Palmasola en uno de los casos más extremos del sistema penitenciario boliviano.
La vida cotidiana dentro del establecimiento también tiene características poco habituales para una cárcel. En distintos sectores funcionan restaurantes, gimnasios, iglesias y otros emprendimientos, mientras que existen antecedentes de viviendas dentro del complejo e incluso de familiares que permanecen allí junto con los detenidos.
Palmasola tampoco es ajena a los episodios de violencia. Durante los primeros siete meses de 2026, 11 de las 17 muertes violentas registradas en cárceles del departamento de Santa Cruz ocurrieron en establecimientos penitenciarios de esa jurisdicción, principalmente en Palmasola y Montero, de acuerdo con información difundida por la Defensoría del Pueblo.
Uno de los antecedentes más graves se remonta a agosto de 2013, cuando una disputa entre grupos de internos en el sector de Chonchocorito terminó desencadenando un enfrentamiento y posteriormente un incendio. El saldo fue de 35 personas fallecidas y decenas de heridos.
Entre las víctimas de aquella tragedia había un bebé de apenas 18 meses, que se encontraba dentro del establecimiento junto a su madre. La investigación posterior señaló que durante el conflicto se utilizaron armas blancas y garrafas de gas, estas últimas vinculadas al incendio que agravó las consecuencias del enfrentamiento.
El episodio puso nuevamente bajo discusión la capacidad del Estado para controlar lo que ocurre dentro del complejo penitenciario y las condiciones en las que se desarrolla la vida de miles de personas privadas de su libertad.
Pero Palmasola también quedó vinculada a otro tipo de escena en 2015, cuando el papa Francisco visitó el establecimiento durante su viaje a Bolivia. En aquella oportunidad habló frente a personas privadas de libertad y puso el foco en la necesidad de que la condena no significara quedar definitivamente excluido de la sociedad.
“Reclusión no es lo mismo que exclusión”, expresó entonces Francisco, en una frase que quedó asociada a aquella visita y al debate sobre la reinserción de quienes cumplen una pena.
Ahora, más de una década después de aquella visita, Palmasola vuelve a aparecer en las noticias por un caso de alto impacto. Cerimedo deberá permanecer allí durante seis meses, por decisión de la Justicia boliviana, mientras continúa el proceso judicial por la acusación que pesa en su contra.
La prisión preventiva, cabe aclarar, no equivale a una condena: se trata de una medida cautelar dispuesta durante el desarrollo de la investigación. La situación de Cerimedo deberá resolverse posteriormente en las distintas instancias del proceso judicial.
Así, el destino penitenciario dispuesto para el exasesor argentino no es una cárcel convencional. Palmasola es un complejo marcado por el hacinamiento, una particular organización interna y antecedentes de violencia, pero también por una dinámica social y comercial que hizo que durante años sea descrito como una verdadera ciudad detrás de las rejas.
GENERAL JUAN MADARIAGA El Tiempo
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