Se separó tras 22 años de casada, su ex no aceptó la ruptura y le pagó $10 mil a un sicario para asesinarla



El femicidio de Andrea Pajón se pudo evitar, pero la dejaron sola. Después de 22 años de matrimonio y dos hijos en común, la mujer decidió separarse de Claudio Sartal cuando descubrió que este le había sido infiel. Pero entonces su exmarido hizo de su vida un infierno y aunque lo denunció 12 veces por violencia de género y amenazas, el 27 de agosto de 2008 dos sicarios la acribillaron cuando salió de su casa en Castelar.

Los últimos meses de su vida Andrea los vivió con miedo y desprotegida. De hecho, la denuncia número 13 que quiso radicar contra Sartal en la Comisaría de la Mujer no se la tomaron y le dijeron que tenía que ir a la jurisdicción correspondiente. Tal vez planeaba hacerlo, pero no tuvo tiempo.

Poco antes de las siete de la mañana de aquel 27 de agosto, dos asesinos a sueldo la interceptaron cuando estaba por subirse a su auto con su hijo de 13 años para llevarlo al colegio. Al chico no le hicieron nada, tampoco les robaron. El objetivo era la docente, que entonces tenía 39 años: la tiraron al piso y la fusilaron de dos balazos en la cabeza. El caso fue esclarecido parcialmente, ya que los dos autores materiales del crimen nunca fueron identificados. Sartal, por su parte, llegó en libertad al juicio y fue condenado a prisión perpetua en los Tribunales de Morón, como instigador del asesinato de su exesposa. “Fue el tipo más frío que conocí en mi vida”, dijo a TN el abogado que lo representó, Marcelo Mazzeo. Y remató: “Es uno de los casos que más decepción me llevó”.

Un matrimonio adolescente, peleas constantes y la llamada que terminó todo

Andrea era maestra de escuela y Sartal trabajaba como bobinador de motores en la misma casa que compartían, en La Matanza. Se habían conocido cuando tenían apenas 14 años y a los 17 se casaron. Estuvieron juntos durante más de dos décadas y tuvieron dos hijos, pero las peleas en el matrimonio habían sido una constante y se fueron agravando con el tiempo.



A tal punto escaló la violencia que una vez, cuando todavía eran pareja, Sartal efectuó un disparo en el colchón de la cama matrimonial, en la que ella estaba recostada. A cada agresión, Andrea presentaba una denuncia, pero nunca sucedía nada.

Y entonces, un día de 2006, sonó el teléfono y Andrea respondió: del otro lado de la línea, la voz de una mujer se presentó como la amante de su marido y le reprochó que no separara de él, para que pudieran tener su relación en paz.

El móvil económico, la hipótesis más fuerte

La víctima y Sartal estuvieron separados un año antes del crimen. “Él no se quedaba tranquilo a pesar de que estaba con su otra mujer, siempre decía que ella (Andrea) era de él. Y va a seguir siempre porque asegura que hasta en el cielo se van a juntar, es un psicópata”, explicó en su momento a los medios Marta, la mamá de Andrea Pajón.

El 22 de septiembre de 2007, poco después de la separación, la maestra fue a buscar algunas cosas suyas a la casa que había compartido con Sartal, y él la amenazó: “Te voy a matar, sos una hija de puta. No te la voy a hacer fácil, sé dónde vivís y tené cuidado porque voy a ir a hacer quilombo. Siempre fuiste una prostituta y ahora seguro tendrás varios tipos”.

Finalmente, Sartal cumplió con su amenaza cuando faltaban 15 días para la audiencia judicial que se había establecido para poner punto final a la unión conyugal con Pajón.



Frente a la inminente división de bienes con su exmujer, el móvil económico del asesinato fue la hipótesis más fuerte para los investigadores. A los sicarios les pagó 10.000 pesos a cada uno.

La “obsesión a rajatabla” que terminó en perpetua

En julio de 2011, el Tribunal Oral en lo Criminal (TOC) 3 de Morón, integrado por los jueces Diego Bonanno, Raquel Lafourcade y Moralejo Rivera, condenó de manera unánime a prisión perpetua a Sartal, al considerarlo instigador penalmente responsable del delito de “homicidio calificado por el vínculo y la participación de dos o más personas”.

El fallo resaltó la persecución de la cual había sido víctima Andrea. “La conducta de Sartal contra su expareja constituyó una afectación a la libertad para llevar adelante una vida normal. Un matrimonio desquiciado, la imposibilidad de mantener un diálogo, la obsesión a rajatabla, los reiterados anuncios de muerte y los términos usados para amedrentarla eran moneda corriente”, apuntaron los jueces.

En diálogo con TN, el abogado que defendió a Sartal, Marcelo Mazzeo sostuvo que fue recién durante el juicio cuando dudó de su inocencia. “Siempre pensé que estaba defendiendo a un inocente”, resaltó el letrado, que tras conocer la verdad asegura que le “quedó un sabor amargo” de ese caso.

“Lo que más me impactó fue que hubiera producido la muerte de su esposa delante del hijo”, señaló Mazzeo. Y subrayó: “No mostró ningún tipo de remordimiento, algún sentimiento, alguna empatía con la familia, con los hijos”.

Por su parte, el fiscal del caso, Marcelo Tavolaro, destacó a TN: “Lo que más me impactó de ese caso fue la lucha y entereza de la madre de Andrea. Aún recuerdo el abrazo que nos dimos después de conocer la sentencia en la puerta de los tribunales”.

La víctima colateral

Fabián Duran tenía 45 años y era la nueva pareja de Andrea. El crimen de su mujer fue un golpe que no pudo superar, y cayó en una profunda depresión. Salía muy poco de su departamento de Berutti al 400, en Morón.

Seis meses después del asesinato, Fabián fue encontrado muerto, en su cama. El informe de la autopsia determinó como causa de la muerte un “edema pulmonar”. En la mesa de luz había cajas de medicamentos que el hombre consumía para paliar la depresión.

“Lo único que tenemos es el alma rota”

Marta, la mamá de Andrea, dijo en una entrevista con TN tiempo después de la condena: “Siempre fui por mi sola y voy a seguir hasta que Dios me dé un aliento de vida. Lo llamé a la cárcel y le dije: rezá mucho, ponete de rodillas para que yo me muera porque voy a ser tu cruz. Mientras viva voy a seguir hasta que haya justicia para mi hija”.

“Es terrible verlo por el Facebook, ver que tiene Facebook en la cárcel”, declaró la mujer. Y agregó: “Está bien, tiene su televisión, su microondas… Y nosotros no tenemos nada, lo único que tenemos es el alma rota y angustia con mis nietos”