MADARIAGA: La historia de la Clínica Madariaga que cerrará sus puertas el próximo domingo

La reciente noticia de cierre indeclinable del Instituto Médico Madariaguense por la grave crisis económica que atraviesa el sistema de salud privado en el país sacudió a la ciudadanía. Es tal vez el generador de empleo más importante que cierre sus puertas en este 2020 y casi unas 40 personas quedan sin trabajo a nivel local.

 

Pero no es la primera vez que el edificio que funciona como clínica desde hace poco más de 75 años tiene un cierre de puertas. A finales de la década de los 90 también tuvo un episodio similar y en el año 2000 el proyecto de clínica fue reflotado.

 

El doctor Abelardo Costa fue el impulsor de la idea de tener un sanatorio privado en la ciudad. Habían pasado poco más de 5 años de la inauguración del Hospital Ana Rosa S. de Martínez Guerrero y el facultativo –férreo militante de la Unión Cívica Radical-llegó a la ciudad en el inicio de la década infame que le había puesto final al gobierno de Hipólito Yrigoyen.

 

En el libro editado por Abelardo Costa y titulado “Memorias de un médico de pueblo” el doctor, con casi 90 años en aquellos días en los que se sentó a escribir, recordó en un capítulo lo que llevó a la creación de la Clínica Madariaga. Central de Noticias Madariaga transcribió y digitalizó este capítulo sobre la historia del lugar y el trabajo -marcado por el empeño y el esfuerzo- que llevó a este médico a instalar el primer centro de salud privado de la ciudad.

 

La discriminación de la que había sido objeto para ejercer mi profesión por parte de las autoridades hospitalarias fue el factor determinante para la instalación de un sanatorio.


 

Sin evocar fechas, pero sí períodos cercanos, Costa avoca que tuvo que atender a “Pichón” Audine en el Hotel Centenario del cruce de las calles Avellaneda y Saavedra. Ya al recorrer el edificio se dio cuenta que allí podía funcionar un sanatorio privado. Con sólo caminar el lugar se imaginó divisiones y mobiliario. Entonces negoció con la familia propietaria y comenzó con su ambicioso proyecto.

 

De inmediato contrate un profesional para que efectuar a los estudios necesarios para adaptar la propiedad a sus nuevas funciones. Ya dotado de los planos correspondientes y acompañado de una memoria descriptiva me dirigí al Ministerio de Salud ubicado en la ciudad de La Plata y elevé una solicitud para la instalación. Realizada la misma logré la autorización para proceder a su amoblamiento y luego de una segunda inspección obtuve la definitiva autorización para su funcionamiento.

 

No hubo ceremonia ni fecha de inauguración porque vivíamos en los tiempos de la década infame en la que el fraude era el método para impedir el retorno de la democracia. No tengo en mi poder los libros y las historias clínicas. Gracias a la memoria de “Pichón” Flores pude recordar parte del personal. Inicialmente fue Juanita Rodríguez, la enfermera; Angélica Rodríguez, la serena; Ñata Trullet, la mucama que más tarde contrajo enlace con Chalita Abatí; María Corral, mucama; Ramón Iriarte, chofer; señora de Farías, lavandera. También debo mencionar a Betty Rodríguez, René Trullet (casada con Zabala), Aurora Rodríguez, Delfa Rodríguez, Esmeralda Cigarreta y Pichón Flores, que me acompañaba en distintas diligencias.

 

Ya instalado el sanatorio terminado su amoblamiento mi familia se trasladó Madariaga para radicarse definitivamente. Con ello se cumplió nuestro sueño de estar todos juntos. Con su llegada no sólo vencía mi soledad, sino que mi madre, que tanto había hecho por mí con su sabiduría de ama de casa, se hizo de inmediato cargo del control del personal, de la vigilancia y la atención de los internados y de todos los menesteres para el funcionamiento del sanatorio.

 

Allí trabajé intensamente durante años, ya sea con los enfermos internados o con los pacientes que concurrían a mi consultorio, instalado con su correspondiente sala de espera, dentro del mismo sanatorio. Mi padre pasó a ser el administrador y con el tiempo contó con su propia oficina.

 

Más adelante invertí todo lo que había ganado para adquirir un terreno de 20 metros de frente y 70 metros de fondo, sobre la calle Sarmiento, que terminaba donde existe hoy la propiedad del señor Bordazar. En ese lugar se edificó el “Sanatorio Costa” que, por imposiciones políticas, dio nacimiento a la Clínica Madariaga. Lo que fue el primer sanatorio, hoy se halla subdividido en varias propiedades. Me llevo varios años construir el sanatorio y siguiendo lo que fuera mi norma de vida, siempre interné aquí en lo necesitara sin hacerle Cumplir ningún requisito previo. Siempre entendí que quien enferma merece la atención necesaria.

 

Trabajé con intensidad hasta el año 1943. A pesar de los años transcurridos todavía encuentro pacientes que recuerdan que no sólo estuvieron internados sino la causa de su internación.

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